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  POLÍTICA

 

 

 

PROPUESTA PARA LA CREACIÓN DE RELACIONES SOCIALES SOLIDARIAS

 

 

CRISTIAN GILLEN

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

El capitalismo, a través de todo su desarrollo histórico, ha generado trabajo alienado(1) que ha ido castrando la creatividad y solidaridad de los trabajadores.

El denominado socialismo real, que supuestamente debería haber superado los problemas de alienación y la explotación de los trabajadores, no logró hacerlo.

Debido a lo anterior, es fundamental, antes de presentar la propuesta para alcanzar una sociedad solidaria, efectuar un breve análisis crítico de los elementos centrales que conformaron la base teórica del socialismo realmente existente.

 

El análisis del denominado socialismo real se hará en base a un examen conceptual de elementos considerados básicos para el análisis teórico y práctico de toda realidad. La determinación de estos aspectos es resultado de todo un examen crítico de los postulados centrales de las teorías emancipatorias (marxismo, estructuralismo, postmodernismo, postmarxismo) y de las distintas experiencias llevadas a cabo hasta el momento. En base a lo anterior, se ha podido determinar que existe una relación compleja entre las formas en que se conceptualizan en las distintas teorías de la producción (no sólo economía), la sociedad, el sujeto y la manera en que visualizan la transformación.

 

La forma de concebir la producción por el socialismo real, como conjunto articulado de fuerzas productivas, condujo a una visión tecnocrática y economicista de la sociedad en que la infraestructura determinaba de manera mecánica la superestructura política e ideológica. Althusser, Poulantzas, entre otros, trataron de flexibilizar el enfoque anterior, señalando que existían relaciones de retroalimentación entre la economía, la política y la ideología, pero que en última instancia era la economía la que determinaba a los otros niveles.

Es decir: una forma menos rígida de economicismo.

 

El economicismo condujo a considerar al obrero industrial en tanto que expresión del trabajador y del trabajo como fuerza productiva, y no como relación social. Como se puede apreciar, el trabajador no era visto entonces como ser humano lleno de potencialidades sino como simple objeto dentro del proceso de trabajo.

El proceso de cambio era visualizado a través de la toma del poder del Estado, y a partir de allí se establecía el proceso de estatizar y organizar a las fuerzas productivas vistas como neutras.

 

Con el fin de llevar a cabo lo anterior, el Estado-Partido creó un sistema de planificación central que excluía a los trabajadores de la toma de decisiones. Además promovió una división del trabajo entre el manual e intelectual, es decir impusieron lo que llamaban un “taylorismo socialista”. Todo lo anterior llevó progresivamente a la creación y al fortalecimiento de una burguesía de Estado que fomentó  un proceso de acumulación en función a sus intereses para lo cual tenía que objetivizar a los trabajadores, con todo lo que ello conlleva en cuanto a la castración de sus potenciales creativos y de solidaridad.

 

En base a un análisis sustentado en una nueva conceptualización de la producción, la sociedad, el sujeto y la emancipación así como en una articulación dialéctica de nuevo tipo entre estos distintos aspectos, se expondrá a continuación un sistema teórico que permita superar las deficiencias conceptuales y prácticas que se presentaron en el socialismo real y que se mencionan en los párrafos anteriores. El sistema que se propone tiene por finalidad coadyuvar en el proceso de lograr plasmar progresivamente en la realidad concreta relaciones sociales solidarias.

 

 

NUEVAS FORMAS DE VISUALIZAR LA PRODUCCIÓN Y LA SOCIEDAD

 

Marx, en Los Manuscritos filosóficos y económicos de 1844, planteaba claramente que toda actividad humana era una producción, lo que significa que ésta no puede circunscribirse a las tareas que tienen que realizar el hombre para satisfacer sus necesidades objetivas de alimentación, vestimenta, entre otros. Existen otras producciones culturales, políticas, ideológicas, que son fundamentales para el desarrollo global del hombre.

 

El proceso de trabajo en el capitalismo no puede ser concebido como una articulación de fuerzas productivas, es decir una visión muy limitada y neutra del proceso de trabajo.

Este, como parte del proceso inmediato de producción, debe visualizarse como una articulación dialéctica entre trabajo pasado y trabajo presente con el fin de poder obtener el máximo excedente de este último. Dentro de la producción como un todo, el proceso de  trabajo debe ser contemplado articulado al proceso de valorización, en tanto en el capitalismo la producción tiene por finalidad producir valores de cambio que produzcan plusvalía y que se metamorfoseen en ganancia.

Esta articulación proceso de trabajo – proceso de valorización genera lo que se conoce como el “proceso de producción inmediato” que no es neutro, sino capitalista(2) .

 

La sociedad, dentro de esta concepción amplia y no neutra de la producción, debe ser percibida como la articulación de las producciones económicas, políticas, culturales y familiares, donde la ideología atraviesa a todas ellas. Ninguna de estas producciones determina a priori a las otras. La dominación de una de ellas sobre las otras dependerá de las condiciones sociales y políticas concretas que enfrenta una formación social.

 

Mediante un examen no neutro de estas distintas producciones(3) , se pueden desentrañar las complejas relaciones sociales capitalistas desde la perspectiva de la emancipación, cosa que la propuesta postmarxista no contempla, dado que en general no procura penetrar en las especificidades capitalistas de sus relaciones sociales de producción, al centrarse en el lenguaje y el psicoanálisis.

Es así que un estudio más profundo de la producción económica revela que la relación no es entre hombres en abstracto, o entre amo y esclavo, ni en la forma de analista y analizado. Es entre el capitalista y el trabajador en el proceso de trabajo capitalista, donde la máquina asume el papel de representante del capital. En esas relaciones, el hombre no es considerado como un ser humano sino como un simple factor de producción. Ello se puede notar de manera clara en el modo que los economistas clásicos y neoclásicos conciben la función de producción. Se la imaginan como la combinación del factor capital y factor trabajo para generar un producto(4) .

 

Como se puede notar, es la naturaleza propia de las relaciones sociales capitalistas la que hace que el hombre se cosifique, para así crear las condiciones subjetivas en vista de su explotación. Si se le viera como ser humano, con sensibilidades y potenciales, el proceso de explotación no podría darse, por cuanto las relaciones sociales dejarían de ser capitalistas.

En el proceso de circulación, la cosa hombre se metamorfosea en mercancía para poder ser comprada y venderse, lo que se llama de manera neutral “mercado de trabajo”.

Lo que se ha expresado en esta última parte sobre la producción económica capitalista, se puede extender también a los otros tipos de producciones. Por ejemplo, en la educación existen relaciones capitalistas entre el profesor y el alumno, donde el primero impone los temas a tratar y los valores que deben primar, con el fin de producir conocimientos que sirvan para reproducir de manera ampliada las relaciones capitalistas. Además, hay que señalar que el tipo de cursos a impartir, su contenido y el modo parcelado de enseñarlos, también se realizan en función a los imperativos de ganancia de la empresa-centro de enseñanza. En el caso de entidades públicas de enseñanza, el proceso de valorización está regulado por el presupuesto casi siempre muy limitado que le asigna el Estado. Para superar las restricciones presupuestarias, los directivos de los centros de enseñanza se las ingenian para recaudar fondos bajo formas diversas que, en muchos casos, van contra lo que legalmente permite el mismo capitalismo.

En las denominadas “democracias representativas”, la producción política se hace mediante relaciones de subordinación y de disociación entre los profesionales de la política por un lado, y la población, que dicen representar, por el otro. Los primeros elaboran sus leyes consultando principalmente a los grupos de poder y tomando muy en consideración su necesidad de perpetuarse como élite política. Pero la producción política, como buena producción capitalista, también tiene su proceso de valorización. El privilegiar en la selección y elaboración de sus productos políticos los intereses de los grupos de poder no es neutro. Se sustenta en el apoyo económico que éstos brindan a las campañas electorales, así como en otro tipo de beneficios que les facilita su ascensión en la jerarquía social y política.

El profesional de la política, como se puede apreciar, aliena a la población del proceso de formulación del producto político que elabora, y del mismo producto, con el fin de obtener una mejor valorización capitalista de las actividades que desarrolla en la elaboración de leyes, entre otros.

Contrariamente a lo que muchos piensan y a lo que la teoría psicoanalista asume, las relaciones familiares tampoco pueden ser vistas como neutras. La organización familiar responde a las necesidades de acumulación y alienación capitalistas. La educación familiar consiste, en gran medida, en imponer bajo modalidades distintas a sus proles los conocimientos y valores que el sistema requiere. Como consecuencia de esas relaciones familiares capitalistas represivas y de las cuales el psicoanálisis se nutre para poder reproducirse como disciplina, muchos traumas afectan a la población. Los esfuerzos familiares se verán recompensados por el “éxito” que se alcanza en los otros campos de la sociedad, es decir por las repercusiones que una enseñanza de esta índole tiene a nivel de la valoración en otras esferas de producción, tal como un mayor ingreso económico, un cierto poder político o prestigio intelectual, entre otros.

 

De esta breve reseña sobre las ventajas de centrar los análisis y las estrategias emancipatorias en la producción, vistas no desde un punto de vista neutro sino dentro de la misma lógica capitalista, se desprende, para todos aquellos intelectuales que desean realmente superar al capitalismo, la necesidad de emprender un vasto programa de investigación, todo ello sin tener que entramparse en los discursos de moda que promueven los postmarxistas, que conducen a un social-reformismo. Es la nueva socialdemocracia a la cual el capitalismo recurre para supuestamente salir de la crisis en que ha sido postrado por el neoliberalismo, una crisis que no solamente es económica, sino política, cultural, así como ética y filosófica y que, por esa razón, afecta los propios valores capitalistas que son básicos para su reproducción.

La forma en que se conceptúa la sociedad es fundamental para determinar el proceso de constitución del sujeto y su papel en la transformación de las relaciones sociales. Es por ello que, recién después de haber dilucidado la problemática de la sociedad, se tocará el proceso de constitución del sujeto. La prelación que se señala no se hace desde una perspectiva cronológica, sino lógica.

 

 

EL SUJETO Y LA EMANCIPACIÓN

 

La problemática del sujeto constituye un aspecto central a dilucidar en una época como la actual en que existe una fuerte tendencia a refutar la existencia de las clases sociales, lo que se puede observar en las posiciones postmodernistas y postmarxistas.

 

En su visión de la sociedad y la historia, Marx se esfuerza por rebatir la posición que considera al sujeto individuo la base de la significación y el valor. Igualmente, es crítico de los sujetos transcendentales, por ejemplo el cogito de Descartes, la unidad de percepción de Kant, el ego de Fichte, los cuales no eran individuos empíricos auto-conscientes. Marx estuvo contra la supremacía del ego tanto transcendente como empírico(5) . En contraste con Hegel, ve al sujeto ejerciendo su papel activo que va llevando a cabo en la producción. La verdad está constituida en la praxis.

 

En Los Grundrisse, Marx se deslinda de la relación amo-esclavo que Hegel desarrolla en La Fenomenología, aspecto que es fundamental esclarecer, ya que existe una corriente de pensamiento que procura abordar la problemática del sujeto partiendo de la relación amo-esclavo de Hegel(6) . Marx estipula en Los Grundrisse que “lo que precisamente diferencia al capitalista del trabajador (de la relación amo-esclavo), es que el trabajador confronta al capitalista como consumidor y poseedor de valores de intercambio, y que, en la forma de dinero, el mismo trabajador se transforma en un simple centro de circulación, uno de sus infinitos centros en que su especificidad como trabajador se extingue”(7) . Se desprende de lo anterior que Marx establece la diferencia entre la relación amo-esclavo, donde prima el valor de uso, y las relaciones capitalistas entre el capitalista y el trabajador, en que predomina el valor de cambio sobre el valor de uso.

 

A diferencia de lo que creen muchos, para Marx la clase proletaria no es algo que existe a priori, sino que es el resultado de un proceso complejo. Del análisis que en El capital se hace de la acumulación primitiva, se puede apreciar que las circunstancias darían lugar a la producción capitalista y, con ella, a los elementos para el surgimiento del proletariado. Igualmente, en el proceso de acumulación actual donde los trabajadores son fuentes de valor, las condiciones están reunidas para que éstos luchen contra la explotación(8) . Pero, a fin de asumir posiciones contra el sistema capitalista y no sólo limitarse a formular reivindicaciones, el trabajador debe, en su lucha, tomar conciencia que la castración de sus capacidades y la explotación que sufre, derivan directamente del trabajo alienado que se da en el capitalismo y que prima en las distintas actividades que regulan su vida como las económicas, políticas, culturales y familiares.

 

Althusser considera que la ideología constituye una fuerza social muy importante, y que la interpelación ideológica representaría un aspecto central en la constitución del sujeto(9) . Althusser en Por Marx, señala que “la ideología (como un sistema de representación de masa) es indispensable en cualquier sociedad si los hombres quieren ser transformados y equipados para responder a las demandas de las condiciones de su existencia”(10) .

 

J. Parson se vale también de la ideología como una forma de interpelación para la constitución del sujeto. Tanto Parson como Althusser son criticados por el carácter funcional de sus planteamientos en lo que respecta al papel de subjetivización que le asignan a la ideología.

 

Según Abercrombie, Hill y Turner, las teorías de la interpelación ideológica están regidas por el supuesto de que el sujeto es un agente individual, la persona, cuando, en el capitalismo tardío, la constitución de “personas” requiere de la formación de agentes colectivos como corporaciones, asociaciones profesionales, sindicatos y asociaciones comerciales.

Como se podrá apreciar, difícilmente las corporaciones y otros agentes colectivos pueden ser interpelados. Esta concepción personalizada de la interpelación ideológica llevó a que Althusser haga uso del psicoanálisis para la formulación de la teoría de la ideología y del sujeto.

 

Los postmarxistas que se nutren de Althusser y del psicoanalista Lacan tienden a evadir la problemática de las clases y sus contradicciones. Así tenemos que para Laclau y Mouffe, prominentes representantes de esa tendencia, no existiría ninguna conexión lógica entre la posición de clase y lo político-ideológico. Para Laclau y Mouffe, no habría agentes sociales hasta que el proceso de hegemonía política los cree.

Este proceso edificaría la verdadera identidad de los distintos agentes sociales.

 

Para Laclau y Mouffe, estaríamos atravesando una nueva época histórica que sería la del “capitalismo desorganizado”, donde el modo de producción como totalidad aparecería como “causa ausente”. Esta nueva fase del desarrollo histórico presentaría una multiplicación de los antagonismos sociales, producto de la aparición de nuevos movimientos sociales. Esta pluralidad de conflictos y agentes sociales conduciría a la necesidad de no renunciar a la ideología liberal-democrática, sino por el contrario, profundizarla y expandirla a través de una democracia radical que posibilite extender las cadenas de equivalencia entre las diversas luchas emprendidas por los diferentes agentes contre la opresión(11) .

 

En lo que atañe a la transformación del hombre en Marx, éste formuló a lo largo de su obra un conjunto de planteamientos tendientes a superar el capitalismo y establecer el socialismo, dentro de los cuales el hombre, a diferencia de los adeptos de la interpelación ideológica que ven al individuo como sujeto, éste es percibido en el marco de las clases sociales. En La cuestión judía, asevera que la emancipación política no es una simple posibilidad práctica, sino que representa una emancipación humana. Según Marx, la emancipación humana escapa a la categoría “utopía”.  Podría alcanzarse si una clase logra representar a la sociedad como un todo. En La ideología alemana, Marx se muestra más explícito, al indicar que el proletariado, para abolir la vieja forma de sociedad, debe conquistar para sí el poder político con el fin de que sus intereses representen los intereses generales. En el Manifiesto Comunista, Marx privilegia igualmente el papel del sujeto colectivo, a diferencia de los estructuralistas, postmodernos y postmarxistas, que tienden a centrarse en el sujeto individuo(12) .

 

Engels, por su lado, tiende a conceptualizar el cambio en el marco del primado de las fuerzas productivas al considerar que el desarrollo de estas fuerzas llevaría inexorablemente al socialismo. El socialismo sería el simple reflejo del conflicto entre el desarrollo de la gran industria y el modo de producción capitalista. Lo ilustraría la transferencia de propiedad de las grandes empresas de producción y de comunicaciones al Estado, lo que significaría que la burguesía habría devenido superflua(13) . Estos planteamientos de Engels tuvieron gran influencia en la Segunda Internacional y en los países que adoptaron el denominado “socialismo real”, los cuales, en lugar de fundar una sociedad sin clases, edificaron un capitalismo de Estado con una burguesía de Estado como clase dirigente.

 

El desarrollo desigual del capitalismo ha creado, en las formaciones sociales periféricas, sectores de la sociedad que se caracterizan por presentar relaciones sociales capitalistas muy débiles que se articulan a otras formas no capitalistas de producción, en el marco de las cuales la cooperación y la solidaridad no solamente subsisten todavía sino que presentan grandes potenciales para su desarrollo. Es en esos espacios que se abre la posibilidad de construir los gérmenes de la nueva sociedad.

 

En esos resquicios, que genera el propio proceso de desarrollo contradictorio del capitalismo, es fundamental desarrollar nuevas formas de producción económica, política, cultural y familiar(14) . Esta estrategia rompe con los partidos de estructura piramidal de la izquierda y con la práctica parlamentaria que evita un trabajo en el seno del pueblo. Solamente obviando los canales de la democracia representativa, se podrá ir construyendo cotidianamente una nueva sociedad con todos los conflictos y contradicciones que ello genera. Los burócratas de la política deben ser reemplazados por auténticos partidarios de la transformación productiva. El proceso de interrelación social entre la población y los que luchan por la emancipación deberá realizarse a través de dos vías. Por un lado, los intelectuales revolucionarios, que no necesariamente tendrán que haber recibido una educación formal, deberán coadyuvar en el proceso de organización y desarrollo de formas asociativas de producción económica, política y cultural, así como ayudar en la solución de los problemas que se dan en el seno de la familia y que inciden en las actividades productivas de los distintos miembros de ésta. Por otro lado, los productores organizados tendrán asimismo que ser concientes de la necesidad de velar para que los intelectuales revolucionarios puedan vivir dignamente, tanto económica como espiritualmente.

 

Ésta es una alternativa transformadora no alienada tanto para los intelectuales que salen de las universidades y otras instituciones educacionales como para aquellos que se han formado en la práctica, los cuales, en la actualidad, o están desocupados, o tienen que aceptar trabajos que van contra su esencia, aniquilando su potencial creativo.

 

Como se puede apreciar, la revolución debe comenzar hoy y no puede esperar la toma formal del Estado – que no es neutro sino capitalista –, y que difícilmente garantiza el cambo de sociedad puesto que su lógica de reproducción está más bien orientada hacia la preservación del capitalismo.

 

 

LA PROPUESTA. ALGUNOS LINEAMIENTOS.

 

 

Para concluir, señalaremos los aspectos centrales de la propuesta, detallándolos de manera más integrada. La estrategia que se postula en este trabajo, parte de la necesidad imperiosa de iniciar el complejo proceso de transformar las relaciones sociales capitalistas, aprovechando las debilidades que presentan éstas, para lo cual habrá que iniciar el cambio desde la base de los distintos tipos de producción. Es en ese proceso que se constituirá el sujeto, la articulación de los intelectuales que participen en el proceso con los trabajadores, y las diferentes alianzas tácticas y estratégicas que se van dando en el proceso de construcción de la alternativa. En el contexto de emprender un proceso de transformación desde abajo, comenzando por los eslabones más débiles, es decir donde las relaciones sociales son frágiles por el papel del no capitalismo, hay que otorgarle en términos generales prioridad en la estrategia emancipatoria al denominado “sector informal” (urbano, rural). Es en este sector que se aprecia un gran potencial para el desarrollo del trabajo cooperante, lo que conduce a la necesidad de organizar a los trabajadores en las distintas formas de producción. En el campo económico, hay que articular a las pequeñas unidades productivas por tipo de actividad y espacio, en base a un proceso de discusión con los directamente involucrados. El objetivo es que cooperen entre sí, pero no de manera incorporada, en el diseño de los productos y los procesos productivos, en estos últimos mediante una especialización flexible y la complementariedad. El trabajo como grupo mejora la capacidad de reflexión y acción, pero fundamentalmente propicia el cambio de valores, en tanto tiende a privilegiar lo colectivo sobre lo individual, puesto que este último es el fundamento de la producción de mercancías.

Lo antes planteado debe hacerse extensivo a los centros educativos, de salud, así como a la práctica política. En los centros de enseñanza, la producción de conocimientos debe realizarse mediante un proceso participatorio entre profesores, alumnos, incluyendo también a los representantes familiares. Ello facilitaría la propagación de conocimientos que responderían mejor a las necesidades más sentidas de la población, y a fomentar una ideología que tienda a convertirlos en sujetos de cambio. Asimismo, la cooperación entre unidades educativas en un determinado espacio es fundamental.

En la salud, debe diseñarse un esquema similar, donde pacientes, responsables de la salud y familiares se organizan de manera cooperante para que las ideas y acciones no emerjan solo de los que sustentan el poder formal.

En la producción política, la dinámica debe provenir de la base, la cual definirá qué tipos de producciones políticas, de modalidades de realización, de formas de organizaciones políticas y de evaluación de los resultados se propiciarán. Es fundamental que lo anterior constituya una actividad permanente de la base organizada.

Pero la organización realmente cooperante y no incorporada de los productores y trabajadores debe hacerse extensiva a los usuarios de los diferentes productos de estas producciones. Ello, con el fin de, por un lado, privilegiar la utilización de los productos provenientes de la producción cooperante, pero también para participar activamente en el proceso de mejorar la calidad y regular la valorización. Estos grupos de usuarios organizados deben liderar la lucha contra el contrabando y la invasión de productos foráneos sujetos a prácticas de dumping, muchas veces igualmente de segunda mano, que atentan contra la producción cooperante. Además, deben velar por el tipo de enseñanza y salud que debe otorgarse.

En las diferentes producciones del denominado sector formal, los trabajadores tienen también que lidiar por establecer formas cooperantes de trabajo y de participación en la definición de aspectos económicos, financieros, ecológicos y de soberanía que los afecten a ellos así como a la población en su conjunto. Dentro de este proceso, los trabajadores deberán tener un rol activo en el fomento a la transformación de las relaciones sociales, y no sólo limitarse a expresar reivindicaciones economicistas. En este proceso de establecer nuevas formas de organización cooperante, la prioridad se otorgará a aquellas actividades que más inciden en la acumulación y la ecología, así como en el mejoramiento de las condiciones de vida de los más necesitados. Entre las primeras, cabe destacar las actividades mineras, las de extracción de hidrocarburos, las agrícolas, tanto del sector interno como del de la exportación y, entre las segundas, la educación, la salud, la justicia, y las producciones de electricidad y de tratamiento y de distribución del agua(15) .

 

Dentro de este marco, las distintas nuevas formas de producción económica, política y cultural, así como de organización de los usuarios, tienen que articularse a nivel local, regional y nacional. Estos procesos participativos emergiendo de la base, deberán conformar una asamblea a nivel nacional compuesta por miembros de las diferentes producciones y usuarios. Esta asamblea no tendría que ser solamente deliberativa sino también ejecutiva.

Como se puede apreciar, el proceso de transformación que se está precisando trata de abolir el papel hegemónico de los tecnócratas y burócratas. Ello es imperativo en un nuevo proyecto de sociedad, puesto que, en los países dizque socialistas, los tecnócratas y burócratas fueron los propiciadores de una estrategia aparentemente revolucionaria fundamentada en el primado de las fuerzas productivas, que predominó en el denominado socialismo real, y que propició la creación de una nueva clase social, la burguesía de Estado.  Por otro lado, hay que demistificar igualmente a los intelectuales de moda quienes, bajo el velo de disciplinas específicas (lenguaje, psicoanálisis, matemáticas), pretenden darle a la política un toque “más científico” y por ende, supuestamente neutro, para así encubrir una nueva forma de reformismo.

 

 

(1) Este tipo de trabajo disocia al trabajador de lo que produce y del proceso de su producción.

(2) Ver Cristian Gillen. La organización social de la producción como dinámica de desarrollo. Editorial Horizonte. Lima. Perú. 2001.

(3) Para mayor detalle, ver Cristian Gillen. Cómo superar el neoliberalismo. Editorial Horizonte. Lima. Perú. 2006.

(4) En muchos casos, le agregan un factor residual que expresaría la productividad.

(5) Louis Dupré. Marx social critique of culture. Yale University Press. London. 1983.

(6) Kojève influyó fuertemente en la difusión de esta visión, la cual incidió en muchos intelectuales estructuralistas, post-estructuralistas y también marxistas.

(7) Citado en Slavoj Zižek en In defense of lost causes. Verso. London. 2008.

(8) Según Callinicos, el proletariado no puede jugar el rol de la identidad sujeto-objeto como pretende Lukács.

(9) Althusser considera que no puede darse la subjetivización sin sometimiento, por cuanto es el efecto producido por la interpelación que lo somete a la ley.

(10) Citado en N. Abercrombie, S. Hill and Brejan S. Turner. Determinacy and indeterminacy in the theory of Ideology en Mapping Ideology. Edited by S. Zižek. Op. cit.

(11) Para Ziǯek, Laclau tiende a proponer un marco neutral que describe la forma de operar del campo político sin tomar ningún partido. Sin embargo, por otro lado, Laclau instaría a elegir una opción política precisa: la de la “democracia radical”. Ver Slavoj Ziǯek. The ticklish subject: the absent centre of political ontology. Verso. London. 2000.

(12) Para mayor detalle, ver Cristian Gillen. La lucha ideológica para una transformación real. El giro lingüístico y psicoanalítico. Editorial Horizonte. Lima. Perú. 2010.

(13) Friedrich Engels. Socialisme utopique et socialisme scientifique. Editions sociales. Paris. 1948.

(14) Ver Cristian Gillen. Cómo superar el neoliberalismo. Op. cit.

(15) Para mayor detalle, ver Cristian Gillen. Cómo superar el neoliberalismo. Op. cit.

 


 

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