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  POLÍTICA

 

LA EDUCACIÓN Y SU NO-NEUTRALIDAD

 

CRISTIAN GILLEN

 

 

La educación ha adquirido en el Perú una importancia singular en esta última contienda electoral. Casi todos los candidatos que participan en la campaña electoral le otorgan a la educación el papel central en sus discursos y programas políticos.

Cuando uno escucha a los candidatos y políticos de los distintos partidos abordar el tema de la educación, se da cuenta que todos lo hacen a un nivel de abstracción y/o neutralidad, como si se tratara de una educación en general, que no estaría mediada por los valores y características sociales y políticas de una sociedad determinada. Me hace recordar a Adam Smith cuando exponía sobre la producción industrial capitalista como si fuera una producción en general, que podría regir en todo tipo de sociedad y que tendría un carácter permanente.

Y también me trae a la memoria el planteamiento hecho por Hegel sobre el trabajo, que el filósofo alemán veía como una relación amo-esclavo que tendría también vigencia en el capitalismo. Este aspecto fue desde luego duramente criticado por Marx en los Grundrisse, pues este último señaló que, en el modo de producción capitalista, las relaciones laborales se dan entre la burguesía y el proletariado y no entre amo y esclavo, una relación que tuvo vigencia en sociedades anteriores pero ya no en el capitalismo.

Curiosamente, esta visión metafísica del trabajo de Hegel ha sido retomada por los postmarxistas que, con un discurso aparentemente radical, pretenden eliminar al amo, sin poner en juego las relaciones sociales capitalistas que priman en las sociedades actuales .

 

La educación que predomina en el Perú está sustentada, en términos generales, en una lógica instrumental positivista, que trata de disociar los valores y los hechos con el fin de que la educación aparezca como un aparato neutro al servicio de la sociedad en su conjunto. En otras palabras, deja creer que no se están privilegiando los valores de ninguna clase o grupo social.

Sin embargo, un examen crítico de su contenido nos muestra claramente que favorece el individualismo, la competencia, la supuesta libertad del mercado, la jerarquización social, el racismo, el sexismo, el clasismo, que son valores del capitalismo y que se expresan de manera exacerbada en su versión neoliberal.

La lógica positivista, que rige nuestro sistema educativo, presenta diferencias con la que permea la educación en el centro del sistema capitalista y aun con la que tiene vigencia en algunas formaciones periféricas. La lógica positivista es más pura en el centro, porque las relaciones capitalistas son más nítidas, es decir presentan menos rasgos no capitalistas. Además, las actividades que imprimen su dinámica de acumulación tienen como elemento central a la productividad y no, como es el caso en el Perú, una reproducción “ampliada” que se basa fundamentalmente en la renta.

En el Perú impera un modelo primario exportador en el que la Minería tiene un rol hegemónico. Por lo tanto, el elemento central de reproducción se encuentra en la renta diferencial, lo cual significa que la rentabilidad se debe a la calidad del mineral y no a la productividad. En otros términos, no existe una relación de causalidad estrecha entre productividad y rentabilidad, como sucede en el capitalismo avanzado y en determinados países del Tercer Mundo, donde la industria con un valor agregado nacional relativamente alto desempeña un papel importante.

Como se podrá apreciar de lo señalado, la lógica positivista que modula la estructuración y dinámica de nuestra educación tiende a presentarse bajo una forma poco transparente, turbia, para así poder defender mejor el modelo neoliberal exportador periférico. Esta estrategia de defensa toma un aspecto bastante primitivo, pues se realiza sin establecer una relación entre causalidad eficiente y causalidad finalista.

Un modelo de reproducción de sociedad basado en la renta y no en la productividad, en el capitalismo, no requiere de un sistema de educación que se sustente en la innovación y la calidad. Por lo tanto, no es casualidad que tengamos una de las peores educaciones a nivel mundial. Por supuesto que acá en el Perú, se le trata de achacar principalmente a los maestros y no al modelo de sociedad desintegrador y dependiente que se propicia. Lo ilustran los candidatos actuales, entre los cuales no se encuentra ninguno que cuestione, a nivel esencial, el modelo económico neoliberal en vigor. Es cierto que bajo esas circunstancias, ninguno de ellos estará en posición de remediar las deficiencias educacionales estructurales que coadyuvan decididamente en el desarrollo de nuestro subdesarrollo y nunca se podrán superar las deficiencias educacionales estructurales que coadyuvan decididamente en el desarrollo de nuestro subdesarrollo.

En el contexto de la situación imperante, donde el sistema educativo está modulado por una lumpen lógica positivista (concordante con el carácter de lumpen burguesía de la clase dirigente peruana que sustenta su reproducción en la renta y en la dependencia al capital foráneo), el nuevo a crearse debe basar su estructura y dinámica en dos pilares:

El primer pilar debería contribuir a propiciar la resistencia creativa al modelo educativo y de sociedad que está en vigencia y a fomentar la crítica en base a un análisis de los problemas centrales que impulsan la desigualdad y alienación de la mayoría de la población peruana.

El otro pilar tendría que suscitar la edificación, desde la base, de una teoría emancipadora de la educación, con la participación activa de profesores, alumnos, miembros de la comunidad y padres de familia.

Uno de los objetivos centrales del nuevo sistema educativo debería ser el contribuir a crear sujetos con una capacidad de crítica que posibilite determinar y modificar los distintos mecanismos de poder que existen actualmente en el proceso lumpen-capitalista de producción de conocimientos y en la formación de los estudiantes.

 

En lo que se refiere a la pedagogía, ésta debe analizarse desde la perspectiva de determinar como los conocimientos inculcados promueven ciertos valores, criterios y prácticas compatibles con las clases y/o grupos que sustentan el poder político y económico y sus vinculaciones. Lo señalado impulsará instituciones que enseñen a los estudiantes a enfrentar a la ideología dominante y a asumir riesgos en la lucha por establecer un sistema educativo que posibilite emancipar a los hijos de los trabajadores económicos, culturales y políticos de la alienación a la cual están sujetos con el fin de que acepten la situación imperante. 

Para dar coherencia y capacidad de materialización a la teoría educativa propuesta, se requiere de una racionalidad de nuevo tipo que propugne la emancipación, y no una que mantenga el status quo, como ocurre con la racionalidad positivista que predomina en la periferia.

En el contexto emancipativo en el cual se enmarca la construcción de la teoría educativa, la racionalidad de nuevo tipo debe sustentarse en los principios de la crítica y la acción para el cambio. Es decir, tiene que posibilitar el manejo creativo del conflicto y la contradicción en beneficio de las causas populares, a diferencia de lo que sucede con la racionalidad instrumental, que pretende homogeneizar los intereses entre clases, razas y sexos, cuando en la realidad estas categorías sustentan posiciones antitéticas. La teoría educativa liberadora debe facilitar a los oprimidos la apropiación de sus propias historias culturales, que hoy en día, en el marco de la educación tecnocrática positivista, resultan ser eliminadas. Para ello se debe dotar a los estudiantes de los elementos teóricos para combatir las formas de alienación y reificación a que están expuestos a causa de los valores y prácticas de la cultura dominante. Para alcanzar lo anterior, es fundamental que los estudiantes, así como los profesores, participen activamente en el proceso de la producción de conocimiento, que en la actualidad se definen de forma centralizada y burocrática. Dentro de esta perspectiva, se tiene que mantener un diálogo estrecho y permanente con el sector popular de la economía, para conocer su problemática, organización y funcionamiento y poder coadyuvar decisivamente en la solución de los problemas que confrontan los sectores más pobres de la población, y que han sido marginados por el neoliberalismo.  

 

Como se podrá apreciar, los entes educativos tienen que privilegiar los vínculos con el sector popular de la sociedad, y, en el proceso, coadyuvar en la constitución de grupos de reflexión y acción en la producción económica, política y cultural de este segmento de la sociedad. Este proceso dialéctico de análisis crítico y transformación de la realidad social, política y cultural de los oprimidos debe tender progresivamente a eliminar las fronteras entre la teoría y la práctica, y entre los entes educativos  y el resto de la sociedad.

Dentro del proceso de ir borrando cada vez más las líneas divisorias entre las entidades educativas y la sociedad, es primordial que los centros de enseñanza propicien la ampliación y/o creación de espacios públicos para que los ciudadanos puedan discutir la problemática social y política con el fin de que las personas tengan una voz sobre sus vidas y en el diseño de las formas sociales y políticas a través de la cual la sociedad debe ser gobernada. Es mediante este proceso de diálogo democrático de base que la pedagogía crítica estará en posición de nutrirse de los problemas que enfrentan día a día los trabajadores, así como de la cultura popular que impera, con el fin de dar cabida en el proceso de creación de conocimiento a las voces de los que siempre han sido marginados.

 

De todo lo antes señalado queda claro que la educación no es neutra ni autónoma, sino que depende de la sociedad en la cual está inmersa. En el Perú, se debería promover una educación orientada hacia la superación de la desigualdad y alienación, las cuales son inherentes al modelo neoliberal y a las relaciones capitalistas en general.

Del actual escenario político, no se nota ningún candidato dispuesto a seguir esta línea de acción de defensa de la educación en contra del modelo económico imperante. La ideología dominante tiene prisioneros a todos esos aspirantes a la presidencia y al congreso. Y dentro de ella, unos quieren aparecer sea como alma buena o alma mal. ¡Viva la metafísica!

 

Ver Cristian Gillen. La lucha ideológica para una transformación real. El giro lingüístico y psicoanalítico. Editorial Horizonte. Lima. Perú. 2010.


 

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