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  POLÍTICA

 

EL PENSAMIENTO POSMARXISTA
Y LA COYUNTURA POLÍTICA PERUANA

POR CRISTIAN GILLEN

 

A través de la historia moderna, ha habido en el campo denominado progresista una lucha permanente entre los que privilegiaban las reformas dentro del sistema capitalista y aquellos que peleaban por establecer relaciones sociales de nuevo tipo (socialistas y/o comunistas), donde no exista el trabajo alienado, la explotación y, por ende, la visión cosificada de los hombres. Es decir, que se acabe con una sociedad en que se privilegia el fetichismo de la mercancía, la concentración de la riqueza y el trato subordinado a los trabajadores, indígenas, mujeres y se expolie la naturaleza.
Entre los defensores más notorios del reformismo, podemos mencionar a Bernstein, representante eminente de la Segunda Internacional. Bernstein pensaba que en un capitalismo reformado se podía lograr un desarrollo que beneficie a todos y, por lo tanto, era posible alcanzar justicia y libertad sin tomar en cuenta que en el capitalismo existe una jerarquización del trabajo dentro de las empresas e instituciones, una lógica de la división del trabajo entre trabajo manual e intelectual que beneficia a este último, y una forma de valor que se sustenta en el no remunerar a los trabajadores en base a la totalidad del trabajo realizado por ellos. Kautsky, otro miembro ilustre de la Segunda Internacional, que resaltaba el papel de la tecnología capitalista y, por lo tanto, veía al desarrollo en función al crecimiento de fuerzas productivas neutras, promovió igualmente el reformismo. Sin embargo, motivado por intereses políticos, trató, a nivel del discurso teórico, de mantener cierta ambigüedad para con el papel de la reforma y la revolución y de la relación entre éstas.
En su tiempo, Mariátegui tuvo que enfrentar de manera decidida a socialistas apócrifos como Max Eastman y Henri LeMann, que en nombre del lenguaje y el psicoanálisis, querían superar los señalamientos de Marx con respecto a sus categorías centrales como las clases, el valor, entre otros, a fin de lograr un capitalismo homogéneo, libre de contradicciones.  
Después del movimiento de mayo de 1968 en Francia, filósofos que presuntamente luchaban por el socialismo, al desilusionarse por la forma en que se conceptuó, abordó y evolucionaron los sucesos de mayo, adoptaron posiciones reaccionarias y/o reformistas. Unos, como Levy, Furet, Goldsman por ejemplo, se convirtieron de la noche a la mañana en promotores del capitalismo en su versión neoliberal, y defendieron bajo maneras diversas las invasiones a Irak, Afganistán, y ahora a Libia. Por otro lado, Althusser, después de los acontecimientos de mayo, respaldó al Partido Comunista francés en el triste papel que éste desempeñó en el movimiento de Mayo 68 al apoyar, en el marco de la guerra fría, la práctica concreta del parlamentarismo capitalista en lugar de privilegiar el cambio de sistema. Por supuesto, Althusser realizó lo anterior emitiendo ciertas críticas a las prácticas en que incurrió el Partido, pero sin tocar la visión filosófica y estratégica de éste.
En sus últimos trabajos sobre su concepción del materialismo que denominó de “re-encuentro”, Althusser se aleja totalmente del marxismo negando la dialéctica y las especificidades que adquieren las relaciones sociales dentro de un modo de producción concreto. Postuló un materialismo que, según él, ha ido evolucionando de manera continua y sin rupturas desde que Epicuro, el presocrático griego, definiera su lógica, la cual se caracteriza por su carácter contingente.
En la actualidad surgen filósofos que fueron discípulos o colaboradores de Althusser y que, haciendo uso nuevamente, como en los tiempos de Mariátegui, del psicoanálisis y el lenguaje, tratan de alejarse de los planteamientos revolucionarios. Tenemos por ejemplo a Ernesto Laclau, que postula reformas de nuevo tipo en el sistema capitalista al plantear una concepción del sujeto de cambio basado en un proceso de hegemonía contingente donde éste puede ser expresión del feminismo, de los ecologistas, indigenistas y donde las clases representan una posibilidad más, desconociendo así el hecho de que las clases cruzan a todos los otros agentes.
Otros, como Zĭzek y Badiou – el cual privilegia en su planteamiento las matemáticas –, si bien abogan por un comunismo basado en los invariantes en la historia, como la justicia, la libertad, no muestran de manera clara cómo se lograra esa nueva situación. Hablan del acto y/o evento revolucionario como si fuera un suceso mágico, sin explicitar claramente qué tipo de sujeto propiciará el cambio, y cómo éste y las condiciones revolucionarias surgirían del proceso de contradicciones dentro del capitalismo.
Todo lo anterior, que resulta de los repliegues a nivel mundial del pensamiento revolucionario (especialmente ahora después de la crisis del estalinismo y neo-estalinismo), potencia la crisis del pensamiento revolucionario en el Perú, el cual sufrió considerablemente los estragos de la lucha interna de los años ochenta y noventa y la hegemonía del pensamiento neoliberal impuesto por el imperialismo en conjunción con la lumpen burguesía interna, que nunca pudo desarrollar un proyecto nacional.

Señalo todo esto para que las fuerzas progresistas del país no se dejen desviar de su lucha por una sociedad de nuevo tipo donde primen relaciones sociales radicalmente distintas a las capitalistas, y en las que no exista trabajo alienado ni explotación. La libertad y la justicia nunca se lograrán dentro del capitalismo, menos en un capitalismo periférico, donde su clase dominante vende patria vive de las migajas que el capital foráneo le concede a través de sus relaciones comerciales con ella, así como de la renta minera y agrícola.
La esperanza que ha generado el triunfo electoral del nacionalismo entre más de la mitad de la población, no debe hacernos perder de vista la necesidad de luchar contra el capitalismo, que es la verdadera causa del proceso de degradación moral, ética, política y económica que nos afecta. No debemos dejarnos llevar por lo fenoménico, y siempre debemos guardar en mente que el enemigo principal en la actualidad no es el fujimorismo, sino el capitalismo cuya versión vigente hoy es el neoliberalismo.
Sin capitalismo periférico no existirían movimientos políticos espurios como el fujimorismo. Es fundamental seguir profundizando en la teoría y práctica revolucionaria a fin de superar el capitalismo y, de esa manera, lograr a nivel real y no aparente la igualdad y la libertad en tanto que hombres y no mercancías.


 

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