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  POLÍTICA

 

LA IDEOLOGÍA Y LA CONCEPCIÓN DE LA SOCIEDAD

 

POR CRISTIAN GILLEN

 

 

En Marx y el marxismo en general, se puede observar que existe una compleja relación entre la forma de concebir la producción y la manera de visualizar la relación de la base material con la ideología. En la producción teórica de Marx, se aprecia que en un primer momento, éste le otorga una concepción amplia a la producción para luego circunscribirla a lo económico, lo que ha tenido repercusiones teóricas en lo que se refiere a cómo se ha pensado la sociedad.

En los Manuscritos, Marx considera que toda actividad humana puede percibirse como un modo de producción, de lo que se desprende que, en sus relaciones con la naturaleza y los otros hombres, el hombre desarrolla un conjunto de modos de producción que se articulan, y que la dinámica y lógica de interrelación no están predeterminadas por alguna de estas producciones. Si uno continúa y profundiza en estas ideas de Marx, puede llegar a posiciones distintas a la visión generalizada del marxismo, que veía a la sociedad como una obra arquitectónica donde la base es lo económico.

En La ideología alemana, si bien es cierto que señala que la producción no debe entenderse solo como producción física sino más bien como formas de expresar las vidas, Marx se concentra sin embargo en la producción económica. En esta obra, la producción económica resultaría, según él, de la articulación entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales, cuya dinámica provendría de las fuerzas productivas. De la actividad económica dependería también todo el resto, como la política, la religión, lo cultural, entre otros.

El primado de las fuerzas productivas en la producción se puede percibir con claridad cuando Marx trata la problemática de la gran industria. De acuerdo a él, las grandes empresas industriales son las que generan por primera vez la contradicción entre los instrumentos de producción y la propiedad privada. Por lo tanto, solo la gran industria haría posible la abolición de la propiedad privada. Esta visión de Marx, que descansa en el precepto que la gran industria sería la base para alcanzar el socialismo, creó problemas teóricos y políticos. Los modelos de industrialización, que promovieron los países que propugnaban el socialismo real, se centraron en la gran empresa y se olvidaron de la pequeña, con las consecuencias que todos conocemos. Pero además, se pensó que el desarrollo de la gran industria era antitético con la propiedad privada y, por ende, tenía en sí un carácter progresista. Ya el desarrollo del capitalismo ha demostrado fehacientemente la falacia de esta aseveración. De igual manera, el centrar preferentemente la atención en la propiedad privada, poniéndola como el elemento medular de las relaciones de producción, llevó a que se ignorara la necesidad de abolir el trabajo alienado en la construcción del socialismo. En los países del socialismo real, se estimaba que bastaba pasar la propiedad de las empresas privadas al Estado para que las clases desaparecieran. Por supuesto que la desaparición de las clases nunca sucedió en la práctica concreta, dado que el trabajo alienado subsistió y, más aún, ello contribuyó decididamente en la creación de una clase dominante. Es menester indicar también que, en La ideología alemana, Marx establece una relación de causalidad bastante mecánica entre las contradicciones de las fuerzas productivas y las relaciones sociales y el nivel de conciencia. Cuando las contradicciones en la base material se agudizan, la ideología se percibiría más nítidamente, lo cual debería ser aprovechado por los trabajadores en su lucha contra el capital1.

Marx, en su concepción de la sociedad en su totalidad, le da el papel central a la sociedad civil, la cual está determinada por las fuerzas productivas existentes y las relaciones de producción. En ese sentido, Marx señalaba que “la sociedad abarca la totalidad de las relaciones materiales de los individuos a un nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Abarca la totalidad de la vida industrial y comercial y, por  lo tanto, transciende el Estado y la nación. Por otro lado, la sociedad debe reafirmarse en sus relaciones externas como nacionalidad e internamente debe organizarse como Estado. La sociedad civil forma la base del Estado y el resto de la superestructura idealista2.

Marx, en el prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política, que fue una de las obras que más se leyó dentro del marxismo, persiste en establecer una relación muy mecánica entre el primado de las fuerzas productivas, la ideología determinada por la base material donde las fuerzas productivas ejercen un papel central, y la sociedad compuesta por una infraestructura que determinaba la superestructura. Sin embargo, en El capítulo inédito de El capital, que trata de la problemática del proceso de producción inmediato, conceptualiza la producción de manera no neutra, al verla como una totalidad dialéctica compuesta por un proceso de trabajo y un proceso de valorización. En otras palabras, el proceso de trabajo está internalizado por la valorización capitalista y viceversa. Por lo tanto, el trabajo pasado (fuerzas productivas), que forma parte del proceso de trabajo, no es neutro, sino que en su concepción y operación debe responder a la lógica del proceso de creación de plusvalía del capital. Más aún, se constituye en el representante del capital en el proceso de trabajo. Lo mismo sucede con el trabajo vivo y el modo en que es organizado. Esta penetración del proceso de valorización hace que se vea a los hombres como simples factores de producción, al igual que las máquinas, y que se les someta a una división del trabajo que responda a los dictados del capital. Esta visión de Marx de la producción se aleja de la concepción de neutralidad donde la producción solo se centra en el proceso de trabajo y, dentro de éste, principalmente en las fuerzas productivas percibidas fundamentalmente desde el ángulo técnico. En esta percepción no neutra de la producción, que se expone en El capítulo inédito de El capital, la alienación se da en el seno del proceso de trabajo mientras que la reificación y la ideología se manifiestan en el proceso de la valorización y circulación, además de que se retroalimentan por las relaciones dialécticas que se generan entre estos procesos. Esta concepción totalizadora y no neutra lleva pues a una relación distinta entre la base material y la ideología. Ya no existe una relación causal mecánica de determinación de la producción económica de la ideología. En lo que respecta a la sociedad, ésta tampoco puede ser percibida como una relación entre infraestructura y superestructura, donde la primera es la que determina a la segunda.

 

Gramsci plantea que la producción está constituida por la relación entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales, pero aborda esta relación de forma más compleja que la ortodoxia. En sus Cuadernos de prisión, postula que el incremento de las fuerzas productivas sería lo que hace emerger a las nuevas clases sociales3. Sin embargo, a pesar de esta visión de primado de las fuerzas productivas de la producción, considera igualmente a ésta como un terreno de luchas políticas relacionadas a la organización del trabajo y a asuntos ideológicos4. Gramsci, como se desprende de lo anterior, no disocia lo económico de lo político e ideológico. Dentro de este contexto, critica la separación entre infraestructura y superestructura basada en una causalidad eficiente. La fluctuación de la política y la ideología no pueden ser una manifestación inmediata de la estructura económica. Para Gramsci, esto debe ser combatido, por cuanto es expresión de un infantilismo primitivo5.

En su concepción de la sociedad, Gramsci propicia una vinculación complicada entre infraestructura y superestructura. Ello ha dado lugar a diversas interpretaciones y teorizaciones. Ciertas partes de la obra de Gramsci le otorgan un carácter determinante a lo económico, lo cual influyó en Nicos Poulantzas al elaborar su concepción de la sociedad.

Norberto Bobbio, por otro lado, considera que en la obra de Gramsci, lo que imprimiría la dinámica en la sociedad es lo ético-político y no lo económico. Las ideologías y las actividades políticas se convertirían en los campos de batalla donde los oprimidos adquirirían su conciencia6.

 

En su teoría del capitalismo monopolista de Estado, la ortodoxia marxista concibe las fuerzas productivas y las relaciones de producción como relaciones técnicas de producción y relaciones sociales de distribución. Dentro de esta conceptualización de la producción, el Estado podría disociarse de la producción material, por cuanto la esfera de la distribución lograría ser tratada independientemente de las fuerzas productivas. Esta posición se revela análoga a la postulada por los socialdemócratas y neo-ricardianos. El Estado estaría sujeto al poder de la fracción monopólica, por lo que habría que aglutinar a la gente para expulsar a los usurpadores de un Estado que suponen neutro7. La finalidad política de esta concepción del Estado sería la de justificar la toma del Estado por la vía parlamentaria, por cuanto se contaría con el apoyo de la gran mayoría de la población que viene siendo afectada por la reducida fracción monopólica.

 

Los postmodernos han venido desarrollando diversas posiciones con respecto a la producción, ideología y sociedad, las cuales, a pesar de su retórica, no ponen en juego al capitalismo. Negri percibe el proceso de trabajo no en base al trabajo alienado que se efectúa en su seno, sino como producto de un trabajo inmaterial que podría realizarse independientemente de la regulación de las relaciones sociales capitalistas. La hegemonía que ejercería el trabajo inmaterial haría que la plusvalía medida por el tiempo de trabajo no pagado sea desplazada por la captura del valor producido por el trabajo cooperativo promovido por las tecnologías de la comunicación. Además, éstas harían que este tipo de trabajo tienda a circular en el seno de las redes sociales convirtiéndose en algo común8.

Para Negri y Hardt, en razón del rol de las nuevas formas de producción donde las tecnologías de la comunicación desempeñan un papel central, se han modificado radicalmente las relaciones entre lo económico y lo político, por lo que sería necesario replantear la forma bajo la cual se ha teorizado el Estado. Este estaría convirtiéndose en el “ideal del capitalismo colectivo”, y la estrategia para su transformación debería sustentarse en la unificación entre la teoría de la estructura del Estado, la teoría de las crisis y la teoría de clase.

 

Como se puede apreciar, la obra de Marx presenta por un lado posiciones esquemáticas, que tienden a una visión economicista y determinista de la sociedad, pero por otro, presenta aportes relevantes, sobre todo en la concepción ampliada de la producción y su no-neutralidad. Esos aspectos que resaltan del trabajo de Marx, posibilitan profundizar en temas centrales tales como son la concepción de la sociedad y la del sujeto, tarea emprendida en el libro Cómo superar el neoliberalismo9. En ese trabajo, el esquema arquitectónico de la concepción de la sociedad basada en lo económico y el aspecto de la ideología considerada como una instancia separada fueron dejados de lado. La ideología fue entonces abordada como parte integrante de las distintas producciones, dándoles a éstas un carácter no neutro. En cuanto a las clases, éstas no se visualizan sólo desde la producción económica, sino también desde el amplio marco de las relaciones sociales que los trabajadores desarrollan también en lo cultural, político y familiar.

 

Los postmodernos, así como los filósofos que asumieron posiciones radicales en el movimiento de Mayo de 1968, han ido apartándose progresivamente de los principales legados de Marx en cuanto al trabajo alienado y a la teoría del valor. Filósofos como Zižek, que no ha renunciado al ideal del comunismo, tienden a concebir la producción en el marco de la sublimación del deseo, y a la ideología y el sujeto en el contexto del lenguaje y el psicoanálisis. Alain Badiou, militante maoísta durante el movimiento de Mayo del 68, deja de lado el análisis de clases y se concentra en el evento y su fidelidad como base de la constitución del sujeto.

 

1.Este planteamiento expresa la forma en que Marx, en La ideología alemana, ve las relaciones entre la producción y la generación de ideas. Para Marx, los hombres son condicionados por el desarrollo de sus fuerzas productivas y las relaciones correspondientes de forma determinante.

2. Engels, en una carta a Joseph Bloch, responde a las críticas contra la concepción economicista de la sociedad como un todo. En esa carta, Engels señala: “de acuerdo a la concepción materialista de la historia, el último factor que determina la historia es la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos advertido más que eso. Por lo tanto, si alguien tuerce esto diciendo que el factor económico es el único determinante, transforma la proposición en una frase absurda, abstracta, sin sentido”. Para Louis Dupré, el punto central es si el proceso de producción tiene una prioridad sobre los demás con el fin de cambiar el modelo arquitectónico vertical de la sociedad por el orgánico.

 

3. Christine Buci-Glückmann. Gramsci and the State. Lawrence and Wishard Ltd. London. 1980.

4. Jean-Marc Piotte. La pensée politique de Gramsci. Editions Parti Pris. Montreal. 1970.

5. Ibid.

6. Para mayor detalle, ver Cristian Gillen. Cómo superar el neoliberalismo. Editorial Horizonte. Lima. 2006.

7. Esta concepción “moderna” del Estado del marxismo ortodoxo es muy similar a la que Stalin promovió para la tercera internacional. Este señalaba que “el capitalismo monopolista de Estado consiste en la subordinación del aparato del Estado a los monopolios capitalistas”.

8. Hardt y Negri. Multitude.  La Découverte. Paris. 2004.

9. Cristian Gillen. Cómo superar el neoliberalismo. Op. cit.                           

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