Haga click aquí para volver a la
Página de Inicio

  POLÍTICA

 

CRÍTICA A FREUD

POR CRISTIAN GILLEN

 

En el psicoanálisis, existen dos líneas de pensamiento que entran en conflicto. Por un lado, el positivismo que trata de hacer del psicoanálisis una ciencia, y por otro lado, un psicoanálisis intersubjetivo que privilegia la relación del analista con el analizado(1). 

El Freud del primer periodo adoptó una posición positivista que procuraba construir una ciencia de la mente en conformidad con la lógica positivista y, en un periodo ulterior, optó por una estrategia interpretativa que se basaba, en gran medida, en los desarrollos teóricos de Kant con respecto a la relación entre la mente y la naturaleza(2).

 

Freud, en su obra, asume que la psicología individual es al mismo tiempo psicología social, con todos los problemas que ello genera, un pensamiento que promueve toda una línea de pensamiento de no subjetividad del sujeto, y también de las relaciones sociales. Este desarrollo teórico de Freud sigue un curso complejo tendiente a crear un supra-sujeto político que haga el papel de un jefe narciso que lidera la masa, esto último debido al amor al jefe(3).

Para el filósofo francés, Bernard Baas, la noción de realidad psíquica de Freud tiende a recurrir a elementos transcendentales. Lo ilustraría el hecho de que en su libro, El hombre de los lobos, Freud explica las expresiones conscientes a partir de aspectos psíquicos inconscientes así como trata de la formación inconsciente del fantasma. Para Freud, esa formación no sólo se elucidaría en base a elementos empíricos sino que la constitución subjetiva del sujeto sería, como parte independiente de sus vivencias, necesaria. Es por lo tanto dentro de este contexto que Freud, con el fin de lograr fundamentar lo anterior, apelaría a aspectos transcendentales pero de tal manera que hasta pondría en riesgo el cuestionamiento transcendental(4) en la medida en que, como hemos visto, tiende a utilizar elementos positivistas y científicos en sus planteamientos teóricos.

El estudio de los distintos trabajos de Freud muestra que la percepción tan individualista que éste tiene de la realidad hace que no tenga la capacidad de percibir los cambios en la estructura social, lo que puede incidir en la personalidad de una generación y en las características de la sociedad en su conjunto(5).

En vista de la línea freudiana que siguió, varios filósofos como Deleuze y Guattari fustigaron al psicoanálisis, por cuanto sería el rival indigno de la filosofía. Sartre también desafió al psicoanálisis, lo que lo condujo a señalar en su libro El ser y la Nada, que el secreto del hombre no era el complejo de Edipo o de inferioridad sino el límite de la libertad, el cual es el límite al poder de resistencia a los suplicios y a la muerte(6).

Onfray ve la producción teórica de Freud como una cierta filosofía vitalista que, en términos generales, pertenece al linaje de Schopenhauer y Nietzsche. En apoyo de estas alegaciones, Onfray invoca a la posición adoptada por Freud en sus obras Métapsychologie y Au-delà du principe de plaisir (Más allá del principio  del placer), posición que, según Onfray, encarnaría lo que, en la época de las Luminarias, se llama “antifilosofía”, una fórmula filosófica de la negación de la filosofía racionalista(7).

Un análisis serio de los principales trabajos psicoanalíticos nos deja apreciar que el psicoanálisis está inmerso en una contradicción. El psicoanálisis propone planteamientos de cierta radicalidad, lo que motiva que ciertas corrientes políticas traten de utilizarlo para enriquecer sus teorías. Sin embargo, estos planteamientos “revolucionarios” terminan siendo reformistas. Hasta ahora, el psicoanálisis no ha logrado formular ningún planteamiento que pretenda modificar las relaciones sociales y operar un cambio radical en el sujeto social e individual(8).

Michel Henry, en su libro Généalogie de la psychanalyse señala que el concepto de «representaciones inconscientes» genera errores garrafales en el psicoanálisis, ello porque, por un lado, tenemos las representaciones imaginarias y por otro lado, la problemática de la pulsión, la cual no tiene representación. Dentro de este contexto, la pulsión no puede ser objeto de la conciencia. El problema de la pulsión es que ésta procedería del afecto, lo cual implica que se refiere a un substrato más profundo. Como vemos de lo señalado anteriormente, el oscuro conocimiento del inconsciente y de su afectividad se opone a  todo dogmatismo(9).

 

Es interesante notar que la forma cómo Freud enfoca la pulsión demuestra igualmente sus conflictos, puesto que, pese a que él tendía a adoptar una posición cientificista, quería al mismo tiempo preservar la especificidad psíquica contra todo reduccionismo físico-biológico. Pensaba escapar a la biología y crear un método idóneo por cuanto los procesos inconscientes no son planteados como una psiquis disociada de estados físicos. Es dentro de este contexto que se puede entender el principio de constancia. Éste es una categoría que elabora Freud al estudiar las pulsiones, ligadas al fenómeno del placer. Freud divide las pulsiones en pulsiones sexuales y pulsiones del yo, también llamadas “pulsiones de autoconservación”. El principio de constancia se asimila a un proceso de regulación que tiende a conservar la cantidad de excitación presente en el aparato psíquico a un nivel sumamente bajo, por cuanto el traspaso de este nivel sería “anti funcional” y hasta provocaría una sensación desagradable(10). En otras palabras, el principio de constancia es la expresión de una lógica de placer-desplacer, lo cual lleva a que se genere una dialéctica de la afectividad. Por otro lado, lo que caracteriza la angustia, no es una angustia ante un peligro externo, sino un arte de la pulsión. Éste es una  excitación endógena. En términos freudianos, la vida es la pulsión de la libido; la angustia es el sentimiento de la libido.

Otra controversia que surgió, es la suscitada por el antropólogo Broneslaw Malinowski, quien no sólo cuestionó la teoría del impulso sino también el carácter universal del complejo de Edipo planteados por Freud. Malinowski señalaba que, en una sociedad matrilineal como la de las Islas Trobriand, el complejo de Edipo no existe. Lo anterior se debería al papel hegemónico de las mujeres y a la privación de los derechos que sufre el padre en beneficio del tío materno.

Al igual que Malinowski, la psicoanalista germano-estadounidense Karen Horney, en el marco del cuestionamiento de la teoría del impulso, abordó a éste desde una perspectiva crítica. En 1939, Harvey publicó New Ways in Psychoanalysis,donde expresa su posición en contra de la teoría del libido, del complejo de Edipo y de la transferencia. Proponía que se desligue el psicoanálisis de la libido inconsciente, así como propugnaba el pragmatismo, ya que estaba contra la metafísica europea.

Por su lado, Wittgenstein fustiga la teoría del sueño de Freud. Según él, Freud estaría tratando en vano de buscar la esencia de los sueños, la cual no existiría. La relación que establece Freud entre el sueño manifiesto y el pensamiento procede de una interpretación suya que no está basada en una necesidad que responda al ser en concreto. En su libro Lectures and Conversations on Aesthetics, Psychology and Religion Beliefs (1966), Wittgenstein señala que Freud parece tener prejuicios cuando una interpretación ofrece una visión completa de algo, por cuanto prefiere trabajar con verdades parciales, lo cual corresponde mejor a su sistema teórico que se sustenta en planteamientos a priori(11).

A Freud se le critica el hecho de que siempre se presente como un científico. Sin embargo, lo que promueve es la especulación. Para Wittgenstein, la  teoría de Freud busca razones y no causas. Wittgenstein opina que Freud estaría haciendo de la filosofía una forma de psicoterapia debido al papel que desempeña el lenguaje en la terapia. Para Freud, el lenguaje proviene de un mecanismo científico que permite expresarse y, de esa manera, resolver sus problemas(12).

Freud tendía a atacar a la filosofía y a privilegiar la ciencia. Consideraba al psicoanálisis como una ciencia entre las ciencias. Sin embargo, es conveniente señalar que en su discurso se hallan narraciones  mitológicas. En su trabajo La question de l’analyse profane, Freud sitúa al psicoanálisis dentro de una lógica no científica tratando de darle claridad a su teoría mediante los mitos. En vista de lo anterior, plantea que “la mitología les dará [a la gente] el coraje de creer en el psicoanálisis”(13).

El carácter científico que Freud otorga al psicoanálisis procede de la disposición compleja que lo caracteriza y que combina empirismo e interpretación subjetiva. Lo anterior, más que reforzar la base científica del psicoanálisis tiende a ser una misión ética(14). Bajo la lógica positivista que profesaba, consideraba que el psicoanálisis seguía la lógica de las ciencias naturales, con lo que se opone de manera categórica a Wittgenstein quien pensaba que la teoría psicoanalítica no podía ser pensada como ciencia natural sino debía más bien ser comprendida en términos humanos, dándole a la vida un cierto ordenamiento(15).

 

Para Lionel Naccache(16), Freud incluye, dentro del inconsciente, procesos conscientes y hasta conceptúa al inconsciente como algo “demasiado” consciente, haciendo que el inconsciente esté muy contaminado por su propia concepción que se realiza desde lo consciente. En otras palabras, Naccache piensa que el inconsciente en Freud no es otra cosa que la conciencia del sujeto que analiza el inconsciente bajo la perspectiva de las creencias conscientes. Además, Freud le otorga a las ficciones conscientes un papel clave en lo que se suele denominar “libre albedrio”(17).

 

POLITZER Y SU VISIÓN CRÍTICA DE FREUD

 

El psicólogo y filósofo Georges Politzer cuestiona la concepción del inconsciente de Freud por cuanto éste elude de forma poco sutil los dilemas presentados por la categorías psicoanalíticas insuficientemente conceptualizadas, al pretender que el inconsciente es el lugar donde lo que falta a la descripción puede encontrarse. Politzer evidencia un cierto escepticismo en cuanto a esta interpretación. Es dándole la prioridad al ser, la primacía a la actitud reflexiva y la afirmación del conocimiento sobre la vida que se pueden hallar los elementos esenciales que sirven para darles contenido a esas categorías. Vale mencionar que, si bien los lacanianos Laplanche y Leclaire le otorgan crédito a Politzer en lo que respecta a su estudio sobre el psicoanálisis, critican sus análisis relativos al inconsciente(18).

Como se desprende de lo anterior, Politzer y Freud tienen posiciones teóricas antagónicas. Politzer desea desarrollar la psicología sustentándose en los hechos mientras que Freud establece hechos psicoanalíticos, que aún si no existen, tienen que ser inventados. Según Politzer, Freud fracasó por no mantener los actos del sueño a nivel de la subjetividad. Más bien, Freud se basó en una psicología abstracta que operaría mecánicamente. Esta psicología sería impulsada por fuerzas psíquicas que no pueden hacer del sueño algo concreto(19). Según Politzer, Freud tendería hacia la introspección mientras que no se debería recurrir a la introspección porque el acto psicológico es una parte de la vida de un ser individual. O sea, de acuerdo a Politzer, la concepción del sueño de Freud se sustenta en el pensamiento sobre el sueño. Pero en realidad, este pensamiento no pertenece a los pensamientos disponibles del sujeto porque su forma de existencia es inconsciente y el contenido latente representa una realidad psicológica previa al contenido manifiesto(20).

El sueño, para Freud, es un deseo. Freud expresa este fenómeno mediante el lenguaje de la denominada psicología clásica. Según Freud, el contenido representativo no es pensado para transformarlo en imágenes. No obstante, dentro del esquema de la psicología clásica que Freud profesa, hay un lado realista que nos muestra el trabajo del sueño que va de la concepción de éste a las imágenes del contenido manifiesto.

En Freud, las pruebas del inconsciente se sustentan en el realismo y formalismo. El primer acto del realismo es la transformación de la historia mediante la descripción inmovilizando de esa manera a la historia en el tiempo y el espacio. Esto es el punto de partida de una segunda historia hecha en el marco del formalismo funcional(21). Politzer cuestiona a Freud por cuanto lo descriptivo debe estar separado del inconsciente, el cual se caracteriza por su dinamismo. Con el fin de llegar a la consciencia, el inconsciente debe experimentar una transformación, lo que significa que el analizado debe ser liberado de la responsabilidad de tener conocimientos así como poder confrontar el deseo original o la realidad original vivida. Politzer critica a Freud porque los hechos aparecen fabricados, y al ser incompatibles con la lógica de la psicología concreta , sufren una distorsión continua(22).

Para Politzer, el elemento psicológico primordial es el drama del hombre y la psicología concreta que busca desentrañar la vida dramática del sujeto. Por otro lado, la psicología clásica contraria a la psicología concreta quiere hacer de estas experiencias el planteamiento fundamental de la psicología(23). Según Politzer, la psicología concreta tiende al materialismo y trata de la vida humana. Pone énfasis en los eventos humanos y en su relación con la economía, mostrando que la psicología no es posible sin la economía, con lo que Politzer presenta la realidad desde una cierta perspectiva economicista. Para Politzer, la psicología clásica es una disciplina que se sustenta en los criterios de la clase dominante, pues su problemática e investigación están orientadas a los intereses de la clase dominante. Las tesis de la psicología no son más que el dar cuenta de la moral burguesa.

En el marco de su economicismo, Politzer propugna una psicología que se apoye en la economía marxista. Para Politzer, existe una relación estrecha entre la psicología y el marxismo, la cual además es, según él, fuertemente vinculada con lo económico. Debido a que los procesos de producción son generados desde muy temprano en el marco del desarrollo del niño proletario, éste puede ser sujeto a un complejo de inferioridad a causa de la situación económica de la familia proletaria(24).

 

(1)Psychanalyse, philosophie et Science Sociale, Revue du Maus, nº37. Premier semestre 2011, p.30.

(2)Alfred I. Taubes, Freud The Reluctant Philosopher (2010).

(3)Mikkel Borsh-Jacobson, The French Subject. From Politics to Ethics, p.118.

(4)Bernard Baas, Y-a-t-il des psychanalystes sans-culottes?, p.55.

(5)Psychanalyse, Philosophie et Sciences Sociales, Revue du Mauss, nº37 Premier Semestre, 2011, p.176.

(6)Ibid., p.190.

(7)Ibid., p.39.

(8)Bruno Bosteels, Marx and Freud in Latin America, 2012, p.205, 206.

(9)Michel Henry, Généalogie de la psychanalyse, 1985, pp.30, 31.

(10)Ver Sigmund Freud, Au-delà du principe de plaisir, dans Essais de psychanalyse. Éditions Payot, 1968, (pp. 7 à 82), p.20, publicado en "Les classiques des sciences sociales" fondée dirigée par Jean-Marie Tremblay, professeur de sociologie au Cégep de Chicoutimi Site web: http://www.uqac.uquebec.ca/zone30/Classiques_des_sciences_sociales/index.html

(11)Donald Levy, Freud among the Philosophers (1996).

(12)Steve Hoenisch, Myth of Psychoanalysis: Wittenstein against Freud, http://www.criticism.com/md/tech.html#section--"A-Way-of-Speaking".

(13)Michel Onfray, Le crépuscule d’une idole, 2010, p.388.

(14)Alfred Taubes, Freud, the Reluctant Philosopher, 2008, p.xiv.

(15)Ibid., p.72.

(16)Lionel Naccache, Le nouvel inconscient : Freud, le Christophe Colomb des neurosciences, Editions Odile Jacob, 2009.

(17)Lionel Naccache, Le nouvel inconscient, op.cit., p.409-410.

(18)Georges Pulitzer, Critique of the Foundation of Psychology, Duqesne University Press, 1994.

(19)Ibid., p.xiv.

(20)Ibid., p.74.

(21)Ibid., p.110.

(22)Ibid., p.130.

(23)Ibid., p.131.

(24)George Politzer, La crise de la psychologie contemporaine, Editions sociales, 1947, p.126.

 


 

Haga click aquí para volver a la
Página de Inicio

Escribanos a: hacialaemancipacion@yahoo.com