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  POLÍTICA

 

 

LA DISYUNTIVA ENTRE AUTONOMÍA Y SUBORDINACIÓN EN EL MOVIMIENTO POPULAR

Y LA PROBLEMÁTICA DEL AGUA

POR CRISTIAN GILLEN

 

 

 

La historia ha mostrado que, en sus luchas contra el capital, los trabajadores del campo y la ciudad han optado ya sea por propiciar estrategias destinadas a reforzar su independencia o a promover aquellas en que su iniciativa está medida por el accionar del Estado.

En la actualidad, lo señalado se evidencia claramente en las batallas que viene librando el pueblo de los países pobres contra el uso imperial del agua, el gas, la tierra, para citar algunos ejemplos.

Iniciaremos el tratamiento de esta problemática con una breve reseña histórica de lo que sucedió antes y después de la revolución de 1917 en la ex Unión soviética.

Como producto del movimiento revolucionario que se da en 1905, se crea el primer Soviet (Consejo) el 10 de octubre en San Petersburgo. Estuvo constituido por intelectuales y delegados de los trabajadores provenientes, en su gran mayoría, de empresas de San Petersburgo. El Soviet trató en una fase inicial temas políticos, pero luego se abocó a mantener la producción en las fábricas que era puesta en juego por el boicot a la revolución que realizaban los capitalistas. Este papel que asumen los Soviets en las empresas a través de los denominados “comités de empresas”, condujo a que los sindicatos traten de ponerlos bajo su control. En un primer momento, el partido y el Estado bolchevique crearon una estructura nacional autónoma para los comités de empresa, pero luego, a finales de 1917, cambian de parecer subordinando los comités de empresa a los sindicatos, que en ese momento se habían convertido prácticamente en un apéndice del Estado. Lo anterior motivó que el control directo de los trabajadores sobre la producción vaya debilitándose hasta desaparecer. Los sindicatos se convierten en facilitadores de la materialización de la política de fuerzas productivas que impulsaban el Estado y el partido, lo que se expresaba en una jerarquización y fragmentación de la organización del trabajo en las fábricas. Se imitó la división del trabajo capitalista vista como algo técnico y neutro debido a lo cual se implementó el taylorismo en su versión burocrática y se tituló “taylorismo socialista”. Todo lo señalado contribuyó de manera decisiva en el proceso de transformación de la burocracia en burguesía del Estado y  en la “transición pacífica” del denominado socialismo real al capitalismo(1) .

Pero lo que pasó en la ex Unión Soviética no fue una excepción, sino que forma parte de las modalidades que adopta la contradicción capital-trabajo en el seno del movimiento popular.

En Alemania, en el periodo 1919-1920, pasó algo similar a la ex Unión Soviética, pero en el marco de un contexto histórico y político distinto. En un primer momento, el partido socialdemócrata utilizó a los consejos de fábrica como un medio para alcanzar el poder. Debido a las fuerzas que adquirieron los consejos de fábrica, poniendo en juego el control del movimiento laboral por parte del partido socialdemócrata y de los sindicatos que dependían de su línea política, el partido social demócrata presionó a la asamblea parlamentaria para que limitase el poder de los consejos de fábrica a fin de que éstos resultasen controlados por los sindicatos.

No seguiré detallando proceso similares que sucedieron en los años 1920 y 1930 en Italia y Francia, con el fin de centrarme en lo que viene sucediendo en las formaciones sociales periféricas de Sudamérica. Especial atención daré a lo que sucedió en Bolivia y lo que está aconteciendo en el Perú.

Un caso de lucha popular que es importante profundizar para adoptar posiciones justas destinadas a implementar una sociedad que no aliene ni explote es la guerra por el agua que se dio en Cochabamba. La lucha se desencadenó con el fin de impedir que una empresa transnacional convierta al agua en una simple mercancía. Esta política imposibilitaba que este recurso natural básico llegue de forma fluida a los trabajadores rurales y urbanos que lo necesitaban para sus fines productivos y personales. En el proceso de lucha de los pobladores existía una tendencia destinada a construir sus propias instituciones tomando en cuenta la organización ancestral, por cuanto en materia de utilización del agua se había mostrado que los sistemas autóctonos eran superiores a los impuestos en el marco de la modernidad capitalista. Por otro lado, había otra tendencia que pretendía poder solucionar el problema del agua privilegiando el diálogo con el Estado. En el marco de estas distintas posiciones en el seno del pueblo se funda a finales de 1999 la Federación de Regantes de Cochabamba (FEDCOR) en base principalmente de los regantes de la zona así como de intelectuales y técnicos de la región con el fin  de reemplazar a la Superintendencia de Agua dirigida por burócratas estatales que habían entregado el servicio de distribución de agua a una filial de la transnacional Bechtel(2) .

La coordinadora, en su combate por el agua, trató de lograr el acercamiento entre los dirigentes Evo Morales y Felipe Quispe, que tenían líneas políticas disímiles. El primero, más proclive a trabajar con las instituciones públicas establecidas debido a sus intenciones de lanzarse como candidato a Presidente en el marco de la democracia parlamentaria, y Felipe Quispe, que en un primer momento favoreció una oposición que apuntaba hacia la conformación de instituciones autónomas, pero que luego fue llevado a posturas electoreras que mermaron mucho su credibilidad ante las bases. Estos intentos de acercamiento que propició la coordinadora nunca tuvieron éxito. La coordinadora también tuvo problemas de coordinar las estrategias de lucha con la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). Ello se debió a las constantes peleas al interior del CSUTCB entre los que defendían la posición de Evo Morales de cambiar las cosas desde el Estado, para lo cual había que tomar el Estado con el fin de poder hacer los cambios, y aquellos que asumían posiciones de mayor “autonomía”. Asimismo, porque este tipo de organización sindical tenía una organización jerarquizada, que chocaba con la que existía en la coordinadora que era básicamente horizontal(3) .

A pesar de todo lo señalado, la lucha propiciada por la coordinadora desembocó en la expulsión de la transnacional encargada del agua de Cochabamba y en su reemplazo por una empresa cuyo Directorio esta integrado por representantes que defienden mejor los intereses de los directamente involucrados en el uso y manejo del agua. No se pudo alcanzar una mayor autonomía, debido a las posiciones estatizantes del MAS liderado por Morales y a las estructuras sindicales imperantes que no favorecen el fortalecimiento de la autonomía sino más bien dependen de las iniciativas que parten del Estado.

 

En el Perú, existe actualmente un conflicto de amplia envergadura entre las mineras, los utilizadores del agua (tanto del campo y la ciudad) y los ambientalistas, siendo el proyecto Conga la máxima expresión de esta problemática política y social. La forma en que se ha venido desarrollando la lucha por evitar un uso no racional del agua muestra a grandes rasgos las tendencias dentro del movimiento popular que se dieron en los distintos casos que tratamos. Es decir, una línea más proclive a utilizar las instituciones del estado para “solucionar” el problema del agua, y otra que propende a ser más autónoma dependiendo de sus propias organizaciones y conocimientos.

Existe una línea política que opera en el marco del Estado y, por lo tanto, no le queda más remedio que tener que negociar en situaciones de desventaja con éste, así como tratar de aprovecharse de este protagonismo para que sus dirigentes sean más conocidos políticamente a nivel nacional, con el fin en un futuro de competir por un curul o presentarse como candidato a la presidencia. Por otro lado, existe otra línea más autónoma que, aunque presenta ambigüedades, deberá, si quiere reforzar su posición, apoyarse cada vez más en las organizaciones de base y hacer uso de los conocimientos ancestrales en cuanto a la manera de cómo optimizar el uso del agua, el cual es superior a los de los expertos internacionales que vienen inmersos de una ideología que privilegia la tecnología sobre las formas de organización y técnicas originarias que tan buenos resultados dieron antes de ser deformados o destruidos por la supuesta modernidad capitalista.

De lo anterior se desprende que la batalla por evitar que el recurso del agua caiga en manos ajenas al pueblo, no es sólo entre el capital y el trabajo, o entre el Estado y los pobladores, sino que también se da en el seno mismo del pueblo. Por ello es fundamental la unidad, pero una unidad sustentada en la real participación de todos los sectores de la población urbana y rural en la definición de la direccionalidad y el manejo de los recursos que afectan su vida.

(1) Para mayor detalle, ver Cristian Gillen, Cómo superar el neoliberalismo. Editorial Horizonte. Lima. 2006.

(2) Raquel Gutierrez. Los ritmos del Pachachuti. Tierra Ediciones. México. 2009.

(3) Ibid.

 


 

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