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  POLÍTICA

La crítica de Habermas a Marx

Por Cristian Gillen

 

Tercera Parte

Analizaremos en primera instancia las principales críticas que formula Habermas a Marx, para luego abordar los planteamientos que hace Habermas para reestructurar el materialismo histórico, con el fin de que este último se adecue a las nuevas condiciones del capitalismo, especialmente de los países considerados desarrollados. 

El aspecto medular que critica Habermas, es la manera en que Marx relaciona las fuerzas productivas y las relaciones sociales. En base a ese cuestionamiento, trata de replantear el materialismo histórico y construir toda su teoría. Para Habermas, Marx realiza una distinción analítica entre dos dimensiones dialécticamente relacionadas en el marco del proceso reproductivo de la sociedad en su conjunto. Por un lado, se encuentra el espacio del progreso científico-técnico, que está sustentado en el desarrollo de las fuerzas productivas; y por otro, está el campo institucional, el de las relaciones sociales de producción. Según Habermas, Marx habría cometido una equivocación al establecer una relación dialéctica entre ambos, por cuanto las fuerzas productivas y las relaciones sociales pertenecerían a estructuras distintas. Las fuerzas productivas materializarían un saber técnico, en tanto que las relaciones sociales un saber práctico[1]

Habermas considera que muchas de las dificultades teóricas, pero también prácticas de Marx, derivan de su énfasis en las fuerzas productivas como motor de la historia. Marx centraría el proceso de aprendizaje en la dimensión de las fuerzas productivas, sin tomar debida cuenta que éstos también se llevan a cabo en la dimensión moral, acción comunicativa, y en la regulación consensual de los conflictos en la acción. Estos procesos del conocimiento se expresarían en formas más maduras de integración social en nuevas relaciones de producción, que a su vez harían posible la introducción de nuevas fuerzas productivas[2]

Los representantes de la Segunda Internacional y Stalin hicieron más mecánica esta visión de Marx con relación al primado de las fuerzas productivas. Marx aborda de manera menos lineal y en forma más compleja el papel de las fuerzas productivas. En la obra global de Marx, se puede apreciar como éste determina el carácter no neutro de las fuerzas productivas al ser permeadas por las relaciones sociales, además de señalar a esta última como su categoría central dentro de su concepción teórica. Sin embargo, los defensores así como los críticos del rol motor de las fuerzas productivas realizan sus análisis circunscribiéndose a la Introducción de la contribución a la crítica de la economía política[3]

Los miembros de la Segunda Internacional y Stalin consideran que un modo de producción puede estar en una situación estable si existe una correspondencia entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales. El desarrollo endógeno de las fuerzas productivas ocasionaría una crisis en las relaciones sociales, lo cual crearía las condiciones para instaurar el socialismo. Como se puede apreciar, la técnica reemplaza a la praxis, y la razón instrumental a la dialéctica. Para Habermas, esta visión catastrofista de Plejanov, Kautsky, Stalin, no es correcta. El desarrollo de las fuerzas productivas puede crear problemas en las relaciones de producción, pero ello de ninguna manera significa que generaría una revolución de éstas y un consecuente cambio del modo de producción.  

La posición de Habermas, con respecto a la relación entre fuerzas productivas y relaciones sociales, es bastante ambigua. En algunos casos, le otorga un papel relevante a las fuerzas productivas en la dinámica social, en otros lo subordina a las relaciones sociales, básicamente cuando se refiere al caso del desarrollo histórico de Europa. En la reproducción social del capitalismo, el eje central son las relaciones sociales, y las fuerzas productivas son expresión del trabajo social pasado, que son relaciones sociales que se llevan a cabo en un determinado momento histórico. El problema de Habermas es que visualiza al trabajo como una fuerza productiva.  

Habermas, que es un estudioso de Freud, por cuanto como ya vimos clasifica al psicoanálisis como una ciencia emancipativa, plantea que éste concibió las relaciones entre fuerzas productivas y relaciones sociales de una manera similar a Marx, pero al no circunscribirse sólo al trabajo y la producción, pudo abordar de una manera más idónea la problemática de la ideología. Para Freud, la represión estaba en función del desarrollo de las fuerzas productivas. A medida que la represión decrecía, el marco institucional podía modificarse para adecuarse a las necesidades de mayor gratificación. Según Habermas, el hecho de que Freud haya concebido a las instituciones sociales como resultado de las necesidades reprimidas, y por lo tanto, fuente de las comunicaciones distorsionadas, le daba a este último más posibilidades de dar cuenta de la ideología que Marx. Al centrarse Freud, no en el trabajo, sino en el desarrollo de las necesidades y los patrones motivacionales, fue capaz de percibir el poder de las normas sociales.  

Habermas, además de cuestionar la vinculación dialéctica que el marxismo hace entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales, también critica la relación mecánica que este último establece entre la infraestructura, que es lo económico, y la superestructura política, al plantear que esta última es prácticamente el reflejo de lo que pasa en la base económica. Según Habermas, esto se debería al error marxista de articular de manera dialéctica el sistema y el mundo de la vida. Ello no posibilitaría establecer una debida separación, entre el sistema que se ha constituido en el mundo moderno, y las formas de su institucionalización. Para Habermas, Marx estaba persuadido a priori, que en el capitalismo no existía ninguna otra cosa que una relación mistificada de clase. Lo señalado, no permitiría visualizar los aspectos positivos de la administración moderna del Estado en el contexto sistémico de la economía capitalista[4]

Habermas piensa que Marx tiene una concepción demasiado productivista de la reproducción social. Marx tendería a visualizar el proceso de formación de las especies de manera unidimensional, por cuanto se centraría sólo en la actividad productiva. Basándose en la física, Marx concebiría las “leyes económicas” de manera similar a las “leyes naturales”. Para Habermas esta concepción instrumental de la producción habría conducido a reducir la praxis social a un mero cálculo de medios y fines.  

En la concepción teórica de Marx, según Habermas, habría una tensión básica no resuelta entre su reduccionismo productivista de su esquema teórico, y el carácter dialéctico de su investigación social. Los representantes de la Segunda Internacional y Stalin pensaron haber “resuelto” esta ambigüedad, centrándose exclusivamente en lo “científico” del trabajo de Marx sustentado en el desarrollo de las fuerzas productivas. La economía política se concibió como una ciencia determinista basada en “leyes de hierro”, que regían el desarrollo del capitalismo y su caída[5].  

Habermas es un crítico de la forma en que Marx conceptúa la categoría trabajo, ello por cuanto lo visualiza sólo del lado de la relación del hombre con la naturaleza[6]. Según Habermas, el trabajo social en Marx es como un proceso natural que crea las condiciones para una posible reproducción de la vida humana, y una categoría epistemológica que produce las condiciones transcendentales para la objetividad de la experiencia humana. Esta forma de visualizar el trabajo social en Marx no le habría permitido tener una base filosófica adecuada para su teoría de la crítica social. Esta concepción del trabajo habría llevado a Marx a sobredimensionar el carácter epistemológico de la ciencia natural, lo que conduce a un positivismo latente[7]

Habermas, así como es un crítico de la concepción del trabajo en Marx, también lo es de la teoría del valor, posición que se está generalizando en la actualidad con los trabajos de Negri, Gorz entre otros, que siguen prácticamente la misma línea de análisis desarrollada por Habermas. Para éste, al igual que los otros autores mencionados, en el capitalismo avanzado, la tecnología y la ciencia se habrían convertido en la fuerza productiva principal, haciendo obsoleta a la teoría del valor basada en el trabajo, debido a que la plusvalía creada por el trabajo inmediato sería reducida, si se compara con la generada por la ciencia y la tecnología[8]. Por otro lado, Habermas señala que la ley del valor en el capitalismo moderno no podría ser utilizada para analizar las contradicciones sociales, debido a que el sistema productivo actual no produciría contradicciones que puedan llevar a un proceso revolucionario[9]

Habermas se opone al enfoque de Marx con respecto a la praxis, debido a que se concebiría en el marco de la filosofía de la conciencia, y no de la intersubjetividad. Es por ello que la filosofía de la praxis de Marx le habría otorgado un papel privilegiado a la relación entre el sujeto actuante y los objetos manipulables del mundo. Esta visión de Habermas es errónea, por cuanto Marx establece una relación intersubjetiva entre las clases, yendo mucho más allá que Habermas, el cual privilegia la intersubjetividad entre individuos. De ahí la diferencia política entre ambos. Marx plantea una posición de contradicción entre las clases no reconciliable en el capitalismo, en tanto Habermas concibe la posibilidad de una comunicación racional que conduzca al consenso entre los individuos independientemente de su posición de clase.  

Para Habermas, refiriéndose siempre al prefacio a la Contribución a la crítica de la economía política,  Marx tendería a reducir lo práctico a la actividad técnica; es decir al trabajo productivo o acción instrumental. Este supuesto reduccionismo en Marx ocasionaría que su teoría social pierda su capacidad explicativa como consecuencia del carácter previsible que tendría el fin histórico en una sociedad sustentada en el trabajo. En una sociedad compleja como es el capitalismo moderno, sobre todo en los países avanzados, la práctica entendida como una interacción gobernada por la norma no podría ser analizada según Habermas por un modelo basado en la venta de la fuerza de trabajo y consumo de valores de uso[10]

Como ya señalamos anteriormente, toda esta crítica de Habermas a Marx se basa fundamentalmente en la concepción del trabajo que tiene éste y que quiere también asignársela a Marx. No toma en cuenta que Marx no concibe el trabajo de manera monológica, es decir limitándose a la relación hombre-naturaleza. Marx tiene como uno de los elementos centrales de su sistema teórico al trabajo alienado, que expresa la distorsión de las relaciones sociales que es su categoría central. Lo señalado se puede ver claramente en los Manuscritos filosóficos de 1844 y en la Ideología alemana. 

Para Habermas, el papel central y casi totalizador que le otorga Marx al trabajo lo conduce a incorporar el mundo del lenguaje al mundo del trabajo, lo cual no le permitiría crear una metateoría que relacione el trabajo y la interacción, y las respectivas formas de lenguaje que se generan en cada uno de estos campos. Asimismo, critica la concepción dialéctica de la razón que utiliza Marx para explicar la transformación del trabajo en valor de cambio, el cual involucraría un proceso de “abstracción real”, donde el trabajo se disocia de su forma concreta como modo de auto-expresión y auto-satisfacción. Habermas plantea que el análisis de la “abstracción real” estaría en el marco de la lógica de Hegel, que iguala verdad con totalidad. En ese modelo, cualquier abstracción o pérdida de unidad generaría alienación. Esta metodología de Marx, según Habermas, lo llevaría de una manera similar al joven Hegel, a ver no sólo el capitalismo, sino la sociedad moderna en general, como algo patológico producto de una sociedad de clases[11]

Habermas piensa que Marx, al sustentar su materialismo en el trabajo, motivó que su epistemología esté permeada de positivismo[12]. El trabajo, visto de acuerdo a Habermas como relación hombre-naturaleza, habría llevado a que Marx tome a las ciencias naturales como su paradigma básico del conocimiento. El interés técnico sería el interés clave del conocimiento. Marx, de acuerdo a Habermas, no logra distinguir las diferencias de lógica entre las ciencias empírico-analíticas, y las ciencias humanas.  

La concepción positivista de Marx, según Habermas, lo haría ver de manera muy restrictiva la emancipación de los seres humanos. Para Habermas, la liberación del hombre no significa sólo superar sus limitaciones materiales, sino que también sería necesario hacerlo con las comunicaciones distorsionadas. Para ello, habría que elevar el nivel de reflexión de los individuos con el fin de que puedan progresar hacia su emancipación. Igualmente, Habermas critica a Marx, pero sobre todo a Engels por su concepción cientificista de la revolución. Este cuestionamiento se sustentaría en la visión que ambos tendrían de la revolución al concebirla de acuerdo al  modelo de la revolución industrial. La revolución surgiría como un efecto mecánico, como consecuencia de la expansión de las fuerzas productivas. Esta conceptualización de la revolución legitimaría el oportunismo y el estalinismo (el Partido es el portador de la verdad)[13].


 

[1] Jürgen Habermas. Après Marx. Hachette littérature. Paris. 1997

[2] David Held. Introduction to critical Theory. University of California Press. California. 1997

[3] Cristian Gillen. El Primado de las fuerzas productivas y el socialismo. Editorial Horizonte. Lima. 1986

[4] Jürgen Habermas. The Theory of Communicative Action. Beacon Press. Massachusetts. 1987

[5] Thomas Mc Carthy. The critical theory of Jürgen Habermas. The MIT Press. Massachusetts. 1996

[6] Una crítica más extensa sobre la forma en que Habermas aborda la concepción del trabajo se realizará en el punto específico dedicado a la crítica de la posición teórica de Habermas.

[7] John B. Thompson. Critical Hermeneutics. A Study in the thought of Paul Ricoeur and Jürgen Habermas. Cambridge University Press. New York. 1995

[8] Jürgen Habermas. Towards a rational society. London. 1971

[9] Paul Walton and Andrew Gamble. From alienation to surplus value. Sheed and Ward Ltd. London. 1976

[10] Jürgen Habermas. The philosophical Discourse of Modernity. MIT Press Cambridge. Massachusetts. 1996

[11] David Ingram. Habermas and the Dialectics of reason. Yale University Press. New Haven. 1987

[12] Jürgen Habermas. Connaissance et intérêt. Editions Gallimard. Paris. 1976

[13] Frédéric Vandenberghe. Une histoire critique de la sociologie allemande. Editions La Découverte. Paris. 1997

 

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