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 Temas estratégicos

LA RUTA DE LAS ESPECIAS:
EXOTISMO VERSUS BELICISMO

POR NICOLE SCHUSTER

Borges, en una de sus conferencias dadas en Buenos Aires entre 1977 y 1978, afirmaba con toda la justeza que lo caracterizaba, que entre el Oriente y el Occidente siempre ha existido un largo dialogo, que a menudo era cargado de violencia. Borges había crecido en una época en que el ávido occidente había empezado desde lustros a sacar las garras para acapararse de los hidrocarburos en el oriente, lanzando ofensivas militares y reorganizando todo el mapa geográfico de la región en función de sus intereses estratégicos. Hoy en día, seguimos experimentando el mismo cuadro bélico. Sin embargo, lo que he querido describir en el artículo que sigue no es la pugna actual por los hidrocarburos sino las relaciones de occidente para con el oriente, que los alemanes llaman la “tierra de la mañana”, el Morgenland. Son relaciones marcadas por la concupiscencia y las guerras que desató occidente a partir de los inicios de la implantación del germen del capital en la época medieval a fin de dominar la producción y comercialización de las especias insensatamente codiciadas por las capas ricas occidentales.

 

LA RUTA DE LAS ESPECIAS:
EXOTISMO VERSUS BELICISMO

 

Las especias, condimentos y aromas, como el almizcle, áloes, alcanfor, anís, pimienta, clavo de olor, canela, forman hoy parte de nuestra vida cotidiana así como han sido incorporadas al uso farmacéutico corriente. A lo largo de la historia, la ruta comercial del oriente hacia el occidente por la cual transitaban las especias, alimentó el imaginario de la gente del Poniente. Hasta hoy, evocar las imágenes ligadas a las especias nos hace soñar y nos transporta en el universo árabe y musulmán lleno de maravillas que nos revelan las Aventuras de Sembad el Marino, o en la misteriosa Catay, la China que Marco Polo describió en El libro de las Maravillas. Nos sumimos en el universo religioso clandestino de Venecia, al enterarnos que la reliquia de San Marco, el símbolo de la isla, hubiera sido adquirida de manera ilícita por negociantes venecianos de coptos. Entramos en el mundo lusitano de las supersticiones que lo llevaba a creer en el salvador de la cristiandad, el Preste Juan, ubicado en una utópica África colmada de oro. Esas creencias y leyendas occidentales, que descubrimos con encanto en nuestros días, significaban entonces un obstáculo a todo avance intelectual e investigación científica.
Pero cuando en el Occidente se superó la barrera mental de las tradiciones y supersticiones manipuladas por la Iglesia, se desató un entusiasmo para descubrir nuevas tierras que no obstante degeneró rápidamente en codicia. A medida que avanzaron las expediciones, el mundo de los encantos exóticos de la ruta de las especias fue sustituido por un escenario de guerras marítimas sangrientas y de fortalezas militares implantadas arbitrariamente por los occidentales en los territorios recientemente descubiertos, que llevó a los chinos a ver en los “francos”(1) despreciables “bárbaros”.  
Con el surgimiento paulatino del sistema capitalista, las estrategias de los países occidentales para ampliar su espacio económico al exterior de su territorio iban plasmándose y endureciéndose. Es indiscutible que las especias siempre habían estado presentes en la historia política dado que servían, entre otros, como moneda de cambio en la entrega de rehenes con peso en la vida pública(2). Pero la búsqueda de las especias nunca fue tan vigente y violenta como a partir del siglo XVI. Se puede reducir su evolución a tres etapas. En un primer periodo, lo que estaba en juego era el tipo de alianzas a establecer a fin de asegurarse un mejor aprovisionamiento en especias que permitiese evitar los impuestos elevados en ciertos puertos así como los actos de piratería. Luego se trataba de encontrar el itinerario que llegase directamente a las fuentes de las especias a fin de obviar los obstáculos puestos al comercio por parte de los musulmanes. Y finalmente, el objetivo consistió en qué estrategia emplear para lograr un monopolio completo sobre la producción de esas riquezas que asegurase enormes ganancias en beneficio de las potencias occidentales. Es decir, de ser un producto de lujo que respondía a los caprichos de una elite ávida de exotismo y dispuesta a pagar caro por ello, las especias se transformaron en un bien estratégico que fue enmarcado por los gobernantes occidentales en un proyecto global que determinaba lo político, lo económico, y todo ello sustentado en el poder militar y marítimo. La ruta de las especias, que atravesaba los territorios y océanos de la hoy todavía codiciada zona eurasiática, resultó ser la primera víctima de un capitalismo occidental primigenio, por lo cual los accesos al mar Rojo y al Mediterráneo eran fundamentales.

I. Parte
El comercio de las especias hasta la llegada de Venecia

Después de la caída del Imperio romano, el occidente se encerró frente al mundo exterior, debido a los estragos causados por los bárbaros a partir del siglo V. Sin embargo, el comercio con el mundo oriental nunca se detuvo por completo, los principales clientes siendo los monasterios y la elite gobernante. En el siglo VI, el Imperio bizantino regía sobre todos los territorios excepto los situados entre Valencia y Niza, lo que permitió una reactivación del comercio entre el oriente y occidente, que, sin embargo, no retomó las dimensiones que había alcanzado durante el Imperio romano. Para consolidar el control de los puntos estratégicos por donde pasaba el comercio que transitaba desde Extremo Oriente, los emperadores bizantinos, convertidos al cristianismo, no dudaban en recurrir a la religión. Fomentaban la conversión al cristianismo, como en Etiopia y en el territorio de Arabia del Sur (actual Yemen). Cuando lo religioso fallaba, hacían intervenir su flota de guerra.
En ese tiempo, el imperio cristiano de Axum (Etiopia), aliado de los bizantinos, luchaba por mantener su acceso al mar y asegurar las rutas comerciales controlando a los países limítrofes del mar Rojo. Nadj(3) e Yemen siendo cristianos hasta 575, el comercio a través del mar Rojo pudo realizarse sin dificultad. Tampoco fue afectado por la conquista persa. Fue a partir de 675, cuando los musulmanes convirtieron Arabia del sur al Islam, que se impidió toda incursión marítima extranjera en la región. Constantinopla perdió su acceso al mar Rojo – el estrecho de Bab el Mandeb –. La conquista islámica se extendió en el siglo VIII desde las tierras asiáticas hacia España y los musulmanes lograron dominar el comercio del océano índico(4), la principal salida del Mar Rojo, así como el Golfo pérsico. Sin embargo, a finales del siglo IX, el Imperio de Axum retomó el control sobre los que fueron sus territorios hacia el mar y reconstruyó su flota de guerra y mercante. Pero en el siglo XI, una amplia campaña de reconquista de los musulmanes venidos de los puertos de Yemen lo expulsó de la región. Axum perdió Eritrea y tuvo que esperar hasta la llegada de los portugueses para poder de nuevo navegar en las aguas del mar Rojo.
En la década del ochenta del siglo XII, Renaud de Chatillon, cuyas características oscilaban más hacia las de un pirata que de un verdadero militar, hizo tambalear el imperio musulmán. El rey cristiano de Jerusalén, Beaudoin IV, subordinado a la autoridad papal, estaba preocupado por conseguir ayuda militar frente al enemigo Saladin, un árabe de Mesopotamia (actual Irak), quien en ese tiempo ocupaba Egipto y Siria. Beaudoin concedió a Chatillon la administración de la región transjordánica, conocida como el señorío de Montreal, cuya capital era Karak. Esta zona era estratégica por formar parte del cordón de ciudadelas que controlaban la ruta formada desde el golfo de Aqaba, al norte del mar Rojo hacia los límites del Imperio otomano. Por allí pasaban las caravanas marroquíes y egipcias, y los barcos comerciales que salían de los puertos del noroeste del mar Rojo lo atravesaban para alcanzar las ciudades del Hejaz (región este del mar Rojo). Al ser nombrado Príncipe de Karak, título que lo alzaba al rango de comandante de las fuerzas cristianas en el Oriente, Chatillon obtuvo una fortaleza, el puerto de Ailet, en el Mar Rojo. Inmediatamente Chatillon emprendió en el puerto la construcción de una flota de guerra traída por piezas a lomo de camello desde el interior del país, para cumplir con su objetivo principal: reforzar la posición del occidente en el oriente combatiendo a los musulmanes cuyo fanatismo le parecía peligroso. Ello constituía la versión oficial. Oficiosamente, la victoria sobre los musulmanes le hubiera permitido dominar la ruta comercial controlada por los musulmanes y cobrar arbitrariamente impuestos. Además, encubría su ambición de saquear a la ciudad musulmana de la Meca, cuyas riquezas codiciaba. Por lo tanto, lanzó una ofensiva en 1182, asolando durante un año las costas del Mar Rojo hasta Adén, y hasta intentó tomar la ciudad santa de Medina. Saladino, combatiente feroz dotado de un excelente servicio de espías, logró destruir la flota construida por Chatillon. Al final, la expedición militar cristiana fue enteramente aplastada por Saladino en 1187 y le costó a Chatillon la cabeza. Poco después, Saladino tomó Jerusalén. El sueño de los francos de colonizar las rutas comerciales terrestres y marítimas de una de las zonas más importantes en el mundo se había derrumbado.

Sin embargo, las guerras por el acceso privilegiado al comercio de las especias y al Mar Rojo no representaban el único tipo de relaciones que mantenían los occidentales, persas, judíos y árabes. Se profundizó el intercambio cultural entre los sabios del Occidente y del mundo oriental en el que los árabes destacaban por sus conocimientos en matemática, medicina, química, física y en literatura. Ello permitió que los árabes influyeran decisivamente en ilustrar a los europeos hundidos en la oscuridad de los preceptos medievales desde siglos. Instruidos en matemáticas a través de la India, los árabes transmitieron a los occidentales su saber enriquecido por sus aportes en álgebra. Asimismo introdujeron al Occidente la enseñanza tolomeana, con todos sus errores. En efecto, Tolomeo unía Asia con África, por lo cual el océano índico se encontraba como un lago encerrado. Ceilán presentaba un tamaño netamente superior a lo real. El astrónomo y matemático había apreciado mal las dimensiones de la tierra, pensando que Europa e Asia cubrían más de la mitad de la tierra. El árabe Al Biruni, matemático, había puesto ya en el siglo IX en entredicho las aportaciones tolomeanas, particularmente la concepción geocéntrica que Tolomeo tenía del mundo, oponiéndole la heliocéntrica, así como contestaba las dimensiones que el astrónomo daba del radio de la tierra. Pero fue desestimado por parte de los occidentales cegados por sus creencias, que preferían las enseñanzas de Tolomeo. Esas concordaban mejor con la convicción religiosa medieval según la cual la tierra era inmóvil en el centro del universo, mientras que el sol giraba a su alrededor. La incomprensión e intolerancia del occidente llevaron a que Cristóbal Colón, imbuido del dogma tolomeano, pudo convencer los españoles de que se llegaría más rápido a Asia por el lado oeste, y a que confundiría el continente americano con las Indias.

II. Parte
La preeminencia de Venecia en el comercio de las especias

El surgimiento de la república veneciana, la “Serenísima”, representa la consolidación del mercantilismo cuyo sustento era el comercio basado en la especulación. Desde el siglo X, los venecianos, a través de los gobernantes de la ciudad, los duxes, gozaban de privilegios comerciales que establecieron con el Imperio oriental de Bizancio en cambio de una ayuda militar contra los enemigos eslavos y sarracenos. En esa época, la isla estaba bajo la tutela de Bizancio. Confiada en la asistencia militar que brindaba a su tutor en los mares del Levante, elaboró con el Imperio oriental una política de colaboración. La cooperación entre Venecia y Bizancio fue tal que, en la primera década del siglo XI, el dux Orselo la selló mediante la unión matrimonial de dos de sus hijos con parientes del Emperador de Constantinopla. La cercanía hacia el Imperio oriental que Venecia celosamente construía en base a su fuerza militar creciente, le permitía tener el derecho de navegar sin límite en los territorios del Imperio del este, usar puertos y ciudades estratégicas para el comercio en el Levante, gozar de tarifas preferenciales sobre los productos comercializados y establecer asentamientos comerciales fijos en la ciudad de Constantinopla.
A partir del siglo XII, Venecia pisó el territorio de los países limítrofes de la Mediterránea oriental: Siria y Palestina. Su victoria sobre los egipcios puso fin a la supremacía sarracena en el Levante. Sin embargo, tenía que enfrentar la competencia de otras repúblicas de Italia: Génova y Pisa que, con las cruzadas, hicieron su aparición en el comercio del Oriente.
En la segunda mitad del siglo XII, el distanciamiento del emperador Federico Barbarrosa II  de la autoridad papal y las ventajas que el emperador alemán le concedió a Venecia por su apoyo reforzaron la autonomía de Venecia en el Adriático. Pero en el oriente, la posición de Venecia sufría cambios serios. Constantinopla había otorgado a Génova, la rival de la isla del Rialto, privilegios comerciales. Consecuencia de ello fueron la expulsión  de Venecia en 1171 del territorio bizantino y la confiscación de sus bienes y barcos. Una expedición marítima y de represalias por el dux Vitale Michiel fracasó. Las relaciones entre Venecia y el Imperio bizantino no tardaron en restablecerse cuando Venecia fue solicitada para asegurar la protección de la aristocracia bizantina Comnena contra los normanos. Con ello se ratificó la preeminencia de la flota de guerra veneciana. En 1187, un acuerdo que preveía la puesta a disposición, por parte de Venecia, de sus galeras armadas, sancionó las relaciones militares de Venecia con Bizancio. Fue seguido en 1198 por una chrisóbula del emperador bizantino que extendió las regiones accesibles y garantías judiciales a los comerciantes venecianos en el imperio del Oriente. Ello significaba para los venecianos el restablecimiento de sus derechos de instalar asentamientos comerciales en los puertos, ciudades y zonas comerciales estratégicas.
La consecuencia de la facultad concedida a Venecia de moverse libremente en los territorios bizantinos y de garantizar la seguridad marítima del Imperio bizantino fue la emancipación progresiva de la isla de la autoridad de Constantinopla. De una posición de subordinación al imperio bizantino, pasó a ser una potencia impresionante en el este del Mediterráneo. Ello motivó a que varios emperadores intentaran poner fin a los privilegios abusivos que gozaba Venecia en la zona, como el que tenía ésta de poder moverse en el Imperio como dueña sin tener que pagar tributo, mientras que los mercaderes locales eran agobiados por los impuestos. Es así que en 1126, cuando el emperador Juan II quiso reformar en detrimento de Venecia la chrisóbula de 1082 que le otorgaba ventajas comerciales, la Serenísima lo asustó respondiendo con violentos ataques perpetrados por su flota. Juan II tuvo que no solamente restablecer sino también firmar acuerdos deshonrosos en favor de los negociantes venecianos. Después de la vergonzosa toma de Constantinopla en 1204, a la cual los comerciantes venecianos y los duxes contribuyeron decisivamente a salvaguardar sus derechos comerciales en la región, la independencia de Venecia era tal que ésta pudo exigir del Imperio bizantino que se erradicase toda presencia extranjera de su ruta.

Las cruzadas no habían afectado el comercio de Venecia. Al contrario. Cuando el Papa Urbano II lanzó la primera cruzada que desembocó en la toma de Jerusalén, Venecia y Génova, que habían ofrecido a los cruzados el uso de su flota, obtuvieron derechos absolutos sobre el comercio de las especias. La isla ofrecía a los cruzados que se dirigían hacia Jerusalén la seguridad que Venecia había acordado con los “enemigos” musulmanes. Por otra parte, los puertos de acceso de Venecia en el oriente representaban puntos logísticos para los cruzados. En realidad, las cruzadas marcaron un relanzamiento del comercio con el oriente: los peregrinos y cruzados trasladados por Venecia traían especias, seda y otras mercancías valoradas de la Tierra Santa. En el campo oriental, los cruzados canjeaban sus prisioneros en cambio de especias. Del occidente, llevaban hierro, madera, lana que negociaban en el oriente contra especias.
La cuarta cruzada promovida por el Papa Inocente III en 1204, originalmente planeada para aumentar la riqueza del Imperio romano del occidente, tenía como objetivo el desembarque en Egipto para dirigirse luego hacia Palestina y retomar Jerusalén de los musulmanes. Se pensaba que el Sultán egipcio tenía las llaves de la ciudad santa. En 1204, Venecia, que transportaba a los cruzados, desvió el destino de la cruzada. Exigió de esos últimos, sin demasiadas dificultades, que pagasen los servicios que ella les prestaba con el saqueo de Zara, ciudad en Croacia, y de Constantinopla, reputada por sus riquezas. A la Serenísima no le perturbaba el hecho que ambas ciudades fuesen cristianas, y que esa ofensiva estuviese en contra de los principios de las cruzadas. La inescrupulosa toma de la ciudad bizantina imperial que resultó de este pacto se tradujo para la isla en un aumento de sus haberes, un acceso a los principales puertos, entre otros a la isla de Creta, y una franquicia comercial extendida a todo su comercio en el Imperio. Políticamente, ello significó la sumisión de Constantinopla a Venecia que imponía sus emperadores latinos en el Imperio oriental. Aparte de ello, la decisión que Venecia había tomado de comerciar con Egipto, a pesar de las advertencias papales, trajo sus frutos cuando la quinta y la sexta cruzadas desembocaron en un acuerdo diplomático con el sultán del Cairo y en la firma de un tratado comercial entre Egipto y Venecia. Los comerciantes egiptos, los “Karimis”, controlaban y centralizaban el tráfico del Mar Rojo, lo cual permitió a Venecia seguir con el comercio de las especias a pesar, o más bien gracias a las guerras religiosas. A partir de finales del siglo XIII hasta el final del siglo siguiente, Venecia era el eje del comercio en oriente para toda Europa del norte.

Como vemos, la influencia de Venecia en el Oriente se estructuró sobre el principio de la preeminencia que la república le daba al mar sobre la tierra. El circuito comercial marítimo que Venecia había establecido era completo, integrando el tráfico a partir de Siria hacia las ciudades del norte de Europa, Brujas, Amberes, y los países de Alemania y Rumania. De esos últimos, Venecia recibía el cobre y la plata indispensables para asegurar la compra de los productos del Levante. Venecia obligaba a las ciudades con las cuales trataba a comprar solamente a través de ella y a vender bajo su control. Asimismo, únicamente los negociantes admitidos por ella podían comerciar directamente con las ciudades europeas. Desde el siglo XII, Venecia poseía los instrumentos económicos para convertirse en un centro financiero. Reforzó los mecanismos de crédito, de letras bancarias y, a través de ello, de todo el sistema bancario, así como la bolsa que determinaba el precio de las mercancías. Un nuevo tipo de asociaciones entre mercaderes venecianos apareció. Eran cuerpos constituidos por dos o varios asociados, “accionistas”, que se distribuían los beneficios en proporción al capital adelantado. La rotación del capital no sobrepasaba los seis meses. Venecia no tenía interés en transferir sus actividades hacia fuera, por lo que la duración de vida de sus empresas marítimas era corta. De lo anterior se desprende que la política comercial perseguida por Venecia no residía exclusivamente en adquirir especias del Oriente para poder venderlas con un beneficio, sino constituir una red comercial para rentabilizar cada etapa del itinerario. Su fuerza se sustentaba en un sistema de redes comerciales herméticas que asentaba su autoridad frente a sus rivales de las repúblicas de Génova, Pisa, Florencia y la autoridad papal. Para ello, los venecianos centralizaban todo: controlaban las reglas de juego, fechas de navegación, puertos autorizados, itinerarios. La precisión de su organización comercial garantizaba a los que participaban en sus expediciones una seguridad cuyo precio era elevado. Los caminos marítimos recorridos por los barcos bajo la bandera veneciana eran más seguros, así como los capitales puestos en juego. Las deudas contraídas en Europa eran honoradas en el Levante. Las familias venecianas de buen nombre articuladas en una red solidaria establecida desde el Rialto hacia Eurasia habían logrado ganarse la confianza de las personas con las que negociaban en el Mediterráneo oriental, y de esa manera hacer que se respectaran los acuerdos, a pesar de la distancia.

La política mercantil y belicista de Venecia iba acompañada de una apertura hacia todas las culturas. Comunidades armenias, judías, árabes, entre otras, constituían un elemento imprescindible para garantizar el comercio internacional. Venecia había entendido que el intercambio de conocimientos era fundamental en la difusión de la idea de un comercio promotor de la paz. Estas muestras de “pacifismo” contribuían a la extensión de su poder a nivel internacional. La universidad de Padua atraía un número importante de extranjeros. Matemáticas, filosofía, astronomía, la imprenta, todo servía para cristalizar el saber de la navegación en cartas y guías que usaban los mercaderes venecianos y promover la fama de la ciudad-Estado.

Es a partir de la segunda parte del siglo XV que Venecia empezó a sufrir una penuria de especias. Los turcos otomanes habían tomado Constantinopla, China se había confinado en un aislamiento que duraría hasta la guerra del opio desencadenada por los ingleses. Las guerras y los avances de los otomanes en el Levante obligaron a Venecia a abandonar ciertos puntos estratégicos en la ruta de las especias, como Negroponto y varias otras bases en el mar Egeo. Después de la toma de Constantinopla por el Imperio turco en 1453, el comercio de Venecia en la zona empezó a declinar, pese a las alianzas selladas entre ambas potencias. En la segunda década del siglo XVI, Venecia había perdido la exclusividad de sus ventajas comerciales en Europa del Norte. Hasta tuvo que resignarse a ser el intermediario de Portugal para no tener que volverse en su rival. Su posición en el oriente frente a los portugueses se restableció por un periodo corto, cuando el Imperio Otomano llegó a controlar el Mar Rojo: las especias pudieron ser encaminadas por Alepo y el Cairo, lo cual beneficiaba a la isla. Sin embargo, su declive era un hecho consumado. Contribuyeron a éste el deterioro de su producción manufacturera interior, así como el desplazamiento del eje económico del Mediterráneo hacia el norte de Europa, o sea cuando los holandeses se apoderaron del comercio de las especias en el oriente. Su debilidad era tal, que en 1797, cayó sin combatir en las manos de Napoleón Bonaparte.

III. Parte
Los portugueses

La llegada de los portugueses en el comercio de las especias no fue algo espontáneo sino que se construyó a lo largo de las décadas. Desde mucho tiempo, los lusitanos anhelaban encontrar la ruta de las especias directa hacia China, o Catay, y obviar el encuentro con los musulmanes que controlaban los puertos estratégicos de la región oriental. El camino alternativo hacia las Indias atravesó diferentes fases que variaron en función al control ejercido por los portugueses sobre el comercio en el oriente, y al impacto que éste tenía en la economía interior del país. De las cruzadas, los portugueses pasaron a la búsqueda del oro, luego a la de una ruta alternativa a la de las especias. Finalmente terminaron en una tentativa de monopolizar las rutas comerciales de las especias, lo cual desembocó en una política colonialista que funcionaba a cañonazos.  

Portugal había finalizado la Reconquista sobre el Islam en 1253 y estaba pensando luego en mirar más allá de sus nuevas fronteras orientándose hacia el mar del sur. El que impulsó el espíritu de conquista territorial y las exploraciones ultramarinas fue el Infante Enrique, llamado Enrique el “Navegante”, hijo de Juan I. Como hemos mencionado, en esa época, lanzarse en el descubrimiento de océanos significaba luchar contra las supersticiones, las leyendas, que representaban un obstáculo al paso de la línea del ecuador y a la navegación en pleno océano. Se pensaba que los países por cada lado del ecuador ardían, que el fondo del mar ejercía sobre los barcos una atracción magnética. Por lo tanto, el uso de la brújula con su aguja metálica tardó en imponerse. Se decía que el diablo la orientaba. Lo que alentó el descubrimiento de territorios a lo largo de la costa africana fue la toma por los portugueses del puerto de Ceuta en 1415. Ceuta representaba una base estratégica en la lucha contra los piratas y un centro económico vinculado con Alejandría y los países del norte de Europa. La toma de la ciudad era simbólica si se considera que Ceuta había sido siglos antes el punto de partida de la invasión musulmana en la península ibérica. A partir de allí, los avances en el océano Atlántico hacia el sur no tuvieron límites. Después de haber pasado el cabo Bojador, o cabo del Temor, en el Sahara occidental, los portugueses alcanzaron el cabo Blanco (a la altura de la frontera entre el Sahara occidental y Mauritania). Aquí otra dimensión se abrió. La etapa de descubrimiento que satisfacía las aspiraciones intelectuales había culminado. El momento de sacar un provecho material de las investigaciones marítimas que el Infante había erigido en sistema científico había llegado.
El paso del cabo Blanco marcó la oficialización del comercio de esclavos que se hacía a cambio de oro. Este nuevo negocio sumamente lucrativo, así como las ventajas que se consiguieron del descubrimiento de otras tierras, fomentaron un cambio en la visión de la opinión pública, que hasta entonces rechazaba el alto precio de las exploraciones. Asimismo, los escrúpulos que tenía la Iglesia fueron rápidamente borrados y ésta no tardó en contribuir en las exploraciones y participar en el reparto de los beneficios. El surgimiento de una mano de obra barata y exótica despertaba en los portugueses un sentimiento de poder. Solucionaba al mismo tiempo el problema demográfico contra el cual luchaba Lusitania. Es justamente esta carencia en hombres que siempre impidió a los portugueses implantar comunidades de colonos en los territorios conquistados. Solamente se instalaron fortificaciones esparcidas que servían para marcar la presencia del colonizador en los puertos estratégicos de Eurasia.
Paralelamente al comercio de los esclavos se intensificaron la búsqueda del oro y la de la ruta alternativa de las especias. Perseverante, el Infante obligaba a que los primeros navegadores consignasen sus descubrimientos en cuadernos, dibujasen sus propios mapas a lo largo del viaje. Forzaba a los navegadores a usar brújulas y mapas, así como a recopilar por escrito toda información relacionada con la navegación. El establecimiento de portulanos ayudó mucho en la configuración de la nueva ruta. Poco a poco se articulaban los aportes productos de la experiencia marítima (sobre los vientos, las corrientes…) a la teoría sustentada en conjeturas astronómicas, geográficas y matemáticas. Muchos de esos conocimientos habían sido heredados de los árabes, como la navegación a la altura de la estrella polar.
En general, los conocimientos eran rudimentarios, dado que no se sabía calcular la latitud ni la longitud. Además, durante varias décadas se anexaron los descubrimientos recientes a los antiguos, los cuales respondían todavía al sistema de creencia religiosa. Ello inducía, por ejemplo, a poner Jerusalén en el centro de la tierra y el paraíso en diferentes sitios del mundo(5). Por lo tanto, los progresos de la ciencia marítima no se reflejaban inmediatamente, dado que chocaban con una mentalidad llena de supersticiones.
Sin embargo, las contribuciones financieras de países extranjeros en la exploración de los océanos, la promoción de la investigación en astronomía, cartografía, matemáticas hicieron que esta empresa se volviera en un sector con sus propias reglas y de importancia siempre creciente. Se percibía el poder que la navegación podía tener en la política. Se institucionalizó el esfuerzo de investigación a través de una escuela náutica y de cartografía fundada por el Infante. Una elite de descubridores se estaba constituyendo, financiada por mecenas y países. Los navegadores al comando de los barcos, que el Infante Enrique convocaba, eran de alta alcurnia. Por otro lado, los marinos de extracto social modesto servían para las tareas ingratas, como la de adelantarse en los terrenos recientemente descubiertos y tratar con los indígenas de los cuales no se sabía todavía si eran peligrosos o no.

Cuando Enrique el Navegante murió en 1460, su sobrino Alfonso V denominado el africano lo reemplazó. Prosiguió con el empeño de su tío en descubrir nuevas tierras hacia el Oriente y la ruta alternativa a las especias. En 1471 se logró el paso del ecuador, venciendo el poder de las leyendas y de los sortilegios. Es en 1487 que Juan II, sucesor de Juan I, lanzó dos expediciones, una por tierra, una por mar, para finalizar el descubrimiento de la costa de África y de la ruta que abriera a Lusitania el monopolio de las especias. Bartoloméo Díaz pasó el cabo al suroeste de África que tomó un año después el nombre de “cabo de Buena Esperanza” mientras que su colega Covilha estaba buscando por tierra el reino del Preste Juan. Covilha encontró a Negus, rey de Etiopia, que confundió con el tan buscado religioso. Es interesante notar que aún después de la expedición de Bartoloméo Díaz más allá del cabo de Buena Esperanza, la visión de Tolomeo, que unía África con Asia, persistía.

Las reglas en cuanto al equipamiento de los barcos portugueses, su ruta, la manera como se repartían los beneficios entre la Corona y los exploradores, estaban bien establecidas. La corona se centraba en el comercio de los esclavos, el oro, las especias y daba algunas concesiones a los navegantes. No se permitía ningún intruso: los navegadores que trabajaban por su propia cuenta o al servicio de otro Estado eran inmediatamente interceptados y encarcelados. Sin embargo, Portugal nunca tuvo la capacidad financiera de poder asegurar la organización del comercio desde el Levante hacia Europa del norte, a diferencia de Venecia que tenía una red completa desde Siria. Siempre tuvo que recurrir a intermediarios. Fue ayudado en ello por Génova y Florencia las cuales, desde el siglo XIII, buscaban un contrapeso al monopolio veneciano, y consecuentemente se aliaron con los portugueses. Los portugueses, al igual que los venecianos, obtenían el metal blanco y el oro por intermedio de la ciudad de Amberes, donde se intercambiaban los productos de los países del norte y del Oriente. Es menester mencionar que los portugueses tuvieron ulteriormente el oro de Sevilla traído de América para ampliar sus reservas y cambiarlas contra las especias tan requeridas por los nuevos clientes del norte de Europa.

Mientras tanto, España, a través de Isabela la católica, promovía igualmente la exploración de los mares hacia las Indias y chocaba con los portugueses. Después de dos batallas en el Golfo de Guinea entre España y Portugal, y respondiendo a los intereses de los Portugueses que querían romper el monopolio egipcio-veneciano de las especias, el Papa compartió el mundo de manera arbitraria entre Fernando de Castilla y Juan II de Portugal. Ello desembocó en el famoso tratado de Tordesillas en Junio 1494 que dividió el mundo según una línea imaginaria que atravesaba del norte hacia el sur el cabo Verde y que atribuía a los portugueses la soberanía sobre los territorios y océanos situados en la zona oriental de la línea, mientras que los españoles recibían los de la zona occidental. La partición del mundo entre las dos potencias era tan arbitraria que el tratado daba ya a Portugal un derecho absoluto sobre el Brasil, cuya existencia era totalmente desconocida por los firmantes del tratado, mientras que dejaba en suspenso el destino de las Molucas, islas de las especias, que serán descubiertas en 1521.  

En la última década del siglo XV, Vasco de Gama tuvo la tarea de finalizar la misión de sus predecesores y de concluir el itinerario de las especias hacia las Indias. Calicut era entonces un principado comercial en la costa suroeste de la India donde afluían pimienta, jengibre, clavo de olor, así como muchas otras especias y plantas aromáticas de bajo precio. Cuando llegaron a su destinación final, los portugueses tuvieron la desagradable sorpresa de descubrir que no eran los únicos en la competición por las especias y que su presencia no era bienvenida. Al extremo del Océano Índico, el comercio también se compartía entre negociantes árabes, musulmanes, persas, e intermediarios de la India. Pero ello no impidió que Portugal se atribuyese automáticamente la soberanía del “Estado de las Indias”. El acaparamiento arbitrario de los nuevos puntos comerciales se encontraba bendecido y sancionado por las bulas papales, como la autorización del Papa Calixto Borja otorgada al rey de Portugal de disponer de las aguas oceánicas después del cabo de Bojador hacia las Indias. Más aún, las autoridades religiosas recomendaban a los “exploradores” que, en camino hacia Cipango, se aprovechara para matar musulmanes…

A partir del momento que Vasco de Gama llegó a Calicut, Portugal decidió dedicarse al control de los puntos estratégicos: Sófala y Malinda en la costa este de África, Goa en India, Malaca, al cruce de las rutas viniendo de Asia del este, así como los puertos del Golfo pérsico y del mar Rojo. De regreso a Calicut en 1502, Vasco de Gama bombardeó la ciudad, procedió al linchamiento de los comerciantes de la zona como muestra de poder y desalojó a los musulmanes. La exploración había llegado a otra fase de su historia. Ahora se transformaba en una política de despojo sustentada en la fuerza militar. Además de los cañonazos, Portugal imponía su presencia en el oriente a través de la implantación de puntos militares en las zonas estratégicas. El objetivo de expulsar a los competidores árabes y de la India de la zona y lograr el monopolio absoluto de la especias justificaba todo acto de violencia. La primera factoría de las Indias fue erigida. El comercio veneciano tambaleó, los portugueses vendieron la pimienta a un precio cinco veces menos elevado que los venecianos. Los intereses económicos de Egipto se encontraban seriamente amenazados, la ruta de las especias ya no pasaba por Alejandría. Los portugueses, bajo las órdenes de Albuquerque el Virrey, ordenaron el cierre del océano índico a sus competidores, y ostentaron su poder militar en Goa, donde los musulmanes fueron masacrados. A partir de este momento, Goa representó el pilar de la potencia marítima portuguesa en el Océano Indiano, frente a los otomanes cuyo poder residía en sus ejércitos continentales. En cuanto a Ormuz, se sometió al poder militar de los portugueses, y cedió a estos últimos el acceso a sus riquezas en seda, caballos de Arabia, perlas, y a su moneda de oro aceptada en todo el océano. Un comercio triangular con Sófala – Kilwa, en la costa Este africana y el Estado de Indias se estableció, convirtiéndose la costa africana para los portugueses en una etapa fundamental en el comercio de especias para adquirir oro. A partir de 1515, los portugueses fortalecieron vínculos comerciales con China, a quien compraban pimienta que vendían a un precio veinte veces superior al inicial. Infortunadamente para los lusitanos, ello fue de corta duración dado que el Imperio chino se cerró poco después a los extranjeros hasta la guerra del opio. Un intento por parte de los portugueses de medirse con la marina de guerra china resultó en una derrota total para los portugueses.
Estos últimos experimentaron reveses serios cuando tuvieron que enfrentar al otomano Soliman el Magnífico, quien, a través de su representante Soliman pacha, conquistó Adén, puerto clave en el suroeste de Yemen a la entrada del mar Rojo. El otomano se apoderó igualmente de la mayor parte del Yemen y de la costa de Etiopia, lo cual llevó a la exclusión de los portugueses del mar Rojo. La estrategia portuguesa de controlar el comercio en el mar Rojo había fallado.
En 1571, los portugueses y los españoles vencieron a los turcos en la famosa batalla de Lepanto, y Portugal parecía tener el monopolio completo sobre las especias. Pero los ingleses, que habían entrado en la carrera por las especias a partir del siglo XV, representaban a finales del siglo XVI una seria amenaza. Cansados de tantas guerras contra los turcos y los piratas, los portugueses se resignaron a integrarse en las redes de negociantes que existían en el océano índico. En 1580 Portugal fue anexado por España. En general se puede afirmar que si los portugueses tenían el monopolio del comercio con África negra, nunca pudieron reemplazar las redes comerciales que los venecianos habían establecido en el oriente por otras más elaboradas. Asimismo, su flota de guerra ya no era suficientemente fuerte para establecer su dominio absoluto.

En cuanto a España, el equipo de navegadores de Magallanes, al servicio de la corona de España, había descubierto en 1521 las Molucas, el paraíso de las especias. El archipiélago fue alcanzado después que Magallanes se diese una vuelta al mundo saliendo por el lado oeste de Atlántico y llegando a las Islas por el lado del océano Pacífico. Magallanes murió en las Filipinas, poco antes de llegar a las islas tan buscadas. El descubrimiento de las Molucas, o “Islas de las especias”, de rentabilidad máxima para quien la poseería, creó tensiones entre España y Portugal, dado que el acceso al corazón de las especias se había efectuado por el lado Pacífico, es decir del oeste hacia el este. Cada país pretendía que las islas se encontraban en su demarcación, tal como había sido estipulado en el tratado de Tordesillas. El litigio parecía sin salida, hasta que, en virtud de un nuevo acuerdo firmado en 1529, el tratado de Zaragoza, España renunció por la suma de 350 000 ducados de oro entregados por Portugal a la posesión de las islas. Además de arreglar el destino de las Molucas, el tratado permitió que las Filipinas fuesen en posesión de los españoles.

La unión de Portugal y España no asustaba a los ingleses quienes no estaban dispuestos a respetar los tratados de Tordesillas y Zaragoza. Inglaterra buscaba otro itinerario para alcanzar las Molucas. Es así que Francis Drake, el navegador, o pirata según algunos, al servicio de la corona británica, encontró la ruta directa hacia las Molucas restándole importancia al camino descubierto por Magallanes. Drake trajo de allí el clavo de olor a Inglaterra. Desde entonces, Inglaterra se concentró en tratar de erradicar a España y Portugal de la zona comercial oriental. Se dedicó a una feroz guerra de corso contra su competidora, empleando corsarios a su servicio. Poco después, Francia se uniría a los esfuerzos de Inglaterra en sus ambiciones de quebrantar a España en el oriente.
Sin embargo, otra potencia en devenir entraba en la competencia que iba a suplantar a todos en el comercio de las especias con el lejano oriente y haría que los hispánicos se orientasen hacia sus nuevas posesiones en las Filipinas.

IV. Parte
Holanda

Los holandeses, a través de sus ciudades, principalmente Ámsterdam, habían ya entrado en el mercado de las especias y controlaban desde el siglo XV el comercio con Europa del norte. A finales del siglo XV, después de la derrota española en los países bajos, los negociadores de Ámsterdam, ayudados por una marina de guerra y comercial poderosa, se lanzaron en la carrera de las especias. A través de una política de acercamiento que aparentaba ser pacifista, los holandeses adquirieron la confianza de los nativos orientales que pensaban encontrar en el nuevo ocupante un aliado para erradicar a los portugueses y españoles predadores. Los holandeses instauraron en el archipiélago de Insulindia, donde Java y Ceilán eran las islas principales, la famosa Compañía Unida de las Indias Orientales (V.O.C.). La V.O.C. era la primera en unir accionistas que no se disolvieran después de una expedición exitosa. Por primera vez, las empresas comerciales que se formaban en el Oriente reagrupaban intereses privados, y ya no eran ligadas a un territorio “nacional”. La Compañía Unida de las Indias Orientales tenía la potencia de un Estado: llegó a formar una clase de capitalistas influyentes; tenía su propia moneda; su justicia; su armada. A partir del momento que los holandeses eliminaron al Estado de India establecido por los portugueses y lo sustituyeron por sus compañías, los autóctonos lamentaron fuertemente su nueva alianza. La V.O.C. no tardó en gozar de sus derechos militares y ocupó por la violencia los puertos de la región, organizando el bloqueo comercial de las islas y puntos estratégicos controlados por los portugueses para lograr su expulsión de la región. Mientras que los portugueses y españoles habían establecido con los nativos un comercio basado en el trueque, los holandeses impusieron el dinero como modo de pago para fragmentar a la población. Los holandeses hacían todo para mantener el precio de las especias muy alto. Sus prácticas colonialistas los llevaron a aplicar programas de cultivo que dejaban a las islas y países ocupados exangües. Concentraron la cultura de las especias en algunas islas, eliminándola en otras. Ello significaba la ruina de esas últimas. Forzaban a los nativos a cultivar en masa las especias que agradaban a la clientela europea en desmedro de otras culturas, y obligaban a los autóctonos a comprar los productos manufacturados holandeses. Los  nativos que rechazaban su política eran sistemáticamente eliminados, siendo reemplazados por los colonos.
El modelo que los holandeses impusieron a través de la V.O.C. fue prontamente imitado por los franceses,  ingleses, suecos y dinamarqueses que se disputaban un espacio en el Oriente. Cada uno de esos países fundó “su” compañía de las Indias. Los franceses, en el marco de la política mercantil desarrollada por Colbert, implantaron la Compañía de las Indias orientales, los ingleses la Compañía inglesa de las Indias, que presidirá a la creación de La India británica, entre otros.
Sin embargo, quedó incierto si el comercio de las especias tal como fue monopolizado por los holandeses resultó tan provechoso como se pretendía. Hasta hoy muchos analistas están de acuerdo sobre el hecho que los beneficios de la V.O.C. distribuidos a los accionistas superaban las cifras reales, lo cual ocasionó fuertes pérdidas para los países bajos.

Después de haber expulsado a los ingleses de la zona de Insulindia que controlaban, los holandeses sufrieron el regreso en fuerza de Inglaterra y de su compañía East Indian Company a partir de la segunda parte del siglo XVIII. Tuvieron que aceptar la abolición del monopolio de la V.O.C. y la toma de control de Ceilán y de India por los ingleses. En el siglo XVIII, un francés, Pierre Poivre (en español, “pimienta”), rompió el monopolio holandés de la moscada y clavo de olor, sustituyendo clandestinamente algunas raíces del archipiélago de las especias controlado por los holandeses y logrando su desarrollo en las islas francesas. Los franceses fueron igualmente forzados por el tratado de París a retirarse de la India, dejando el paso a los ingleses y conservando únicamente Pondicherí, Chandernagor así como algunas plazas más.

A partir del siglo XVIII, otro competidor se lanzó en la búsqueda de las especias: Estados Unidos. Pero el mercado estaba en vía de saturación. Un siglo después, las especias perdían definitivamente su atracción y función estratégica debido a la generalización de su cultura. Otra modalidad de acumulación, que fue impulsada por la Revolución industrial, se impuso y con ella otras formas de colonización fueron establecidas. Sin embargo, cuando el petróleo resultó ser el nuevo bien estratégico valorado, Eurasia siguió siendo la zona donde se enfrentaban las mismas potencias que estaban presentes en la carrera hacia las especias.

Bibliografía
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Seemacht und Seegeltung entwickelt an Athen und England  von Dr. Jr. Ernst Wolgast
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La pensée navale hellénistique dans L’évolution de la pensée navale. André Pages. Sous la direction de Hervé Coutau-Bégarie.
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Les routes commerciales. Le Courrier de l’Unesco. Juin 1984.
Les Mémoires de la Méditerranée de Fernand Braudel. Editions de Fallois. 1998.

 

 

(1) Para los chinos, los francos eran los occidentales.

(2) En el año 408 de nuestra era, cuando Alaric, jefe de los godos, se acercó a Roma para tomar la ciudad, se le entregó un tributo para que retrocediera de 3000 libras de pimienta, 5000 libras de oro, 20.000 libras de plata, prendas de seda, entre otros, lo que demuestra el gran valor que tenían ya las especias.

(3) Una provincia al norte de Arabia del sur

(4) Es menester mencionar, para una mejor comprensión de este artículo, que el Océano Índico se extiende entre Asia, África, Indonesia, Australia y el Antártico. Entre los mares que forma se encuentran entre otros, el mar Rojo, el Golfo Pérsico, el mar de Arabia. A través de los estrechos de Malaca, así como de la Sonda y de Bass, comunica con el Pacífico, a través del actual Canal de Suez, con el Mediterráneo y con el Atlántico por el sur de África.

(5) Les coureurs d’épices Édith et François-Bernard Huyghe

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