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 Temas estratégicos

 

TÁCTICAS FUTURAS EN LA GUERRA:

HACIA UNA ROBOTIZACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA

 

POR NICOLE SCHUSTER

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Cuando, en el siglo VIII antes de nuestra era, Hesíodo incluye en su composición Teogonía(1)  el mito de Prometeo, no hacía otra cosa que formalizar la fascinación que la técnica y el fuego siempre han ejercido sobre el inconsciente colectivo del humano. En su poema narra que Prometeo, hijo astuto del Titano Japet, despoja a Atenea, Diosa de la guerra justa, y a Hefaistos, Dios de la metalurgía, del secreto del fuego “porque sin el fuego, el conocimiento de las artes es imposible e inútil(2). Al entregar a los hombres la llama divina, el usurpador buscaba brindarles la posibilidad de desarrollar para sí mismos la técnica, a fin que paliasen sus fatales debilidades biológicas frente a la naturaleza y los animales, que Epimeteo, hermano de Prometeo, proveyó de sólidas defensas.

 

Milenios después, la tecnología sigue ejerciendo un poder de atracción fuerte, y particularmente la tecnología militar, que es objeto de un desarrollo compulsivo promovido por los círculos militares occidentales y las industrias de armamento. Éstos fomentan la fabricación de sistemas de armas que cuesta billones de dólares a los contribuyentes, y han provocado el desencadenamiento de una serie de guerras que sirven de espacio de experimentación para las nuevas armas.

La “Revolución en los asuntos militares” es uno de esos exorbitantes proyectos que los estrategas del Pentágono han iniciado en la última década del siglo XX y que el ex secretario a la Defensa Donald Rumsfeld apoyaba con gran entusiasmo. En conformidad con la mentalidad del “siempre más rápido” que caracteriza al pueblo norteamericano, esta Revolución, que fue reciclada en lo que se denomina hoy la “Transformación”, impulsa la integración de la electrónica e informática en los métodos de guerra a fin de optimizar y rentabilizar la táctica. Para lograr este objetivo, se está poniendo el énfasis en las capacidades de observación, reconocimiento y designación de los objetivos en el marco del ciclo OODA (Observación, optimización, decisión y acción) y se está siempre tratando, a través de innovaciones tecnológicas, de recortar el tiempo de las fases comprendidas en este ciclo, es decir de reducir el tiempo entre observación y acción.

 

Ello significa que estamos dirigiéndonos hacia una “cientificación de la guerra”, que se está sustituyendo al “Arte de la guerra”(3). Esta evolución está reforzada por el fenómeno de la robotización, que presuntamente tendría por objetivos prioritarios la reducción de la exposición del hombre en la guerra y la disminución del riesgo de error humano. La tendencia a la robotización se traduce por la fabricación de medios miniaturas que tendrán por misión la recopilación de información, su tratamiento y hasta la toma de decisión. En este campo, los aviones sin piloto (drones) tienen un espacio privilegiado. Todo ello se desarrollará en un teatro de guerra donde la numerización, aplicada en el tratamiento de la información y en la coordinación de los datos comunicados, engendrará la aceleración de cada movimiento táctico en el campo de batalla. Se pretende que el intercambio acelerado de informaciones y la capacidad de conducción optimizada, que la numerización implica, aumentará la superioridad operacional y las probabilidades de ganar la guerra. Asimismo, la incorporación de nanosistemas en el sector comunicación y información y en armas de guerra se está volviendo una preocupación mayor para el Pentágono(4). Lo evidencia la reciente asociación del Consorcio de Nanotechnología basado en New Jersey con los laboratorios Bell, que coopera con el sector Defensa de Estados Unidos.

 

LA TÁCTICA PRESENTE Y FUTURA

 

Como era de prever, el concepto de “Transformación” se ha extendido hacia ciertos círculos militares europeos ansiosos de ponerse a tono con los anglosajones, por lo que el discurso gira principalmente a los alrededores de la velocidad de transmisión de la información en los campos de batalla, que, como lo mencionamos, incidiría notablemente en la reducción del tiempo comprendido entre la detección de la amenaza y su control. En este sentido, varios libros sobre la táctica futura han sido publicados últimamente, iniciativas que saludamos dado que la literatura que trata de la táctica en su esencia no abunda. Entre ellos encontramos a la obra de Guy Hubin, titulada Perspectivas tácticas(5), que analizaremos en este artículo(6).

 

Aunque Hubin se adhiera de manera absoluta a un determinismo tecnológico extremo, enfoca muy bien las nuevas tendencias tecnológicas en el sector militar que influirán a nivel táctico y, consecuentemente, a nivel estratégico. Por lo tanto, aprovecharé las posiciones expuestas por el autor para, en función a ellas, poder analizar tanto la táctica actual como la futura y sacar algunas conclusiones del estudio realizado.

 

Hubin afirma que el modelo de las formaciones de infantería que rigió durante más de dos milenios no se dará más. Si se estudia la organización de las legiones antiguas, resalta que esas se caracterizaban por el principio de “fijación”, producto de la carencia de un sistema de defensa móvil. Toda formación del ejército en base a divisiones resultaba una táctica suicidaria. Es solamente con la introducción de armas arrojadizas de mayor alcance que se pudo pensar en la formación de un dispositivo de defensa móvil.

En el siglo XVIII, tres grandes capitanes de la guerra revolucionaron la táctica:

Marlborough, que observa, detecta y utiliza las debilidades del enemigo;

Frederico II, que da un paso más adelante y agrega a la observación de Marlborough la maniobra de disponer sus tropas de tal manera que se creen las condiciones para la victoria;

Y Napoleón, quien combinó los métodos de sus precursores con el principio de desbordamiento. Este modo de operar le permite generar el desequilibrio en el ejército enemigo y precipitar el desenlace del conflicto al provocar la batalla decisiva. Esta maniobra, que debe ser planificada con antelación, no deja mucho al libre albedrío de los jefes. Napoleón sin embargo demostró que, articulando intuición y saber militar, uno podía ampliar su abanico de opciones.

En ese tiempo, ganar la batalla decisiva simbolizaba ganar la guerra. Luego, la creciente complejidad de los medios empleados en la guerra y de las condiciones e intereses que llevan a ella hace que la batalla decisiva ya no constituya el elemento determinante para ganar la guerra. A partir de 1940, los rusos, sacando provecho de la lección brindada por la primera guerra mundial, deciden fragmentar el proceso de guerra en varias etapas, método que llamaron “arte operacional”.

No obstante, ello no significó la desaparición de la táctica de desbordamiento. En los actuales conflictos contra las fuerzas occidentales, los combatientes suelen todavía practicar este modo de combate, que consiste en dividir las fuerzas en grupos pequeños, luego en concentrarse de nuevo de manera repentina para atacar al enemigo desde varias direcciones, y en dispersarse inmediatamente después del asalto(7). Por su parte, los occidentales siguen aplicando un modelo de concentración axial que resulta inadaptado frente a un modo de concentración isótropo como aquello al cual se enfrentan en Irak(8). Para superar esta inadecuación, que les resulta desfavorable, los occidentales han decidido responder con la imbricación. Según el autor, a la imbricación introducida en el modo operativo de los occidentales, los combatientes del campo adversario contestarán necesariamente con la concentración. La inevitable derrota se deberá a que, por una parte, el enemigo no entenderá la táctica del soldado occidental dado el entorno altamente tecnologizado que sustenta a este último, y a que la concentración será inmediatamente sancionada por los disparos aéreos, gracias a la coordinación táctica en 3D o a programas de asistencia como el CAS (Apoyo aéreo cercano)(9). Como consecuencia, la disimulación de parte de los efectivos, la concentración y el desbordamiento se transformarán en prácticas obsoletas en el campo occidental. Los adversarios son los únicos que seguirán recurriendo mecánicamente a la antigua maniobra de la concentración.

 

Los nuevos métodos de combate tendrán por corolario una despolarización del campo de batalla, lo cual era inconcebible hasta hace poco dada la escasa visibilidad en los campos de batalla y la inexistencia de una coordinación aire/suelo. Gracias a los medios de detección satelitales (GPS) y fijos que permiten la localización del amigo, del enemigo(10), de sus armas, el uso de municiones teleguiadas y un mayor conocimiento topográfico, se podrán superar muchos obstáculos generados por las “fricciones en la guerra”, como denominaba Clausewitz a todo factor exterior (condiciones climáticas, geográficas, etc.) que impedía la realización del plan de guerra.

 

La mutación tecnológica a venir impondrá cambios drásticos para cada nivel jerárquico. Los niveles de concepción, conducción y de ejecución serán redefinidos, y sus efectivos sujetos a una especialización permanente. El cuadro de asimetría que rige hoy en la guerra y que obliga a integrar la imbricación en la estrategia operacional, implicará la fragmentación de los niveles más bajos de la jerarquía militar en núcleos compuestos por pequeños grupos de soldados. La ejecución incumbirá entonces exclusivamente a este escalón de la jerarquía, que será asistido por los efectivos que cumplen la función de conducción y por los cuales será guiado en permanencia gracias a la comunicación constante que se establecerá entre ellos durante el conflicto. En su lucha para controlar una zona dada, el escalón ejecución se beneficiará del apoyo aéreo, hoy llamado CAS y mañana coordinación táctica en 3D, que le limpiará de antemano el terreno de todo obstáculo, o lo ayudará a salir de una situación compleja.

En este contexto, el soldado ya no estará ligado a la autoridad de un solo jefe sino sujeto a cambios frecuentes de subordinación, debido a las necesidades y urgencias que su superior redefinirá a lo largo del combate. Con ello terminará la relación personal que el soldado tenía hacia su jefe y se reforzarán los lazos con sus herramientas de guerra, puesto que será alentado por los resultados óptimos generados por el buen uso que hará de la tecnología(11) (sic).

La legibilidad del campo de batalla y las posibilidades brindadas por la rápida coordinación con la cual se podrán realizar las operaciones articuladas entre los diferentes cuerpos de una fuerza armada y de las fuerzas armadas aliadas, llevarán a que la conducción tomará el paso sobre la planificación. En este caso, el capitán no podrá intervenir personalmente en la ejecución de las maniobras como suele hacerlo, sino que se dedicará, dentro del perímetro que se le ha asignado, al seguimiento de las operaciones, a la gestión de la información y a la coordinación de los medios puestos a su disposición.

La coordinación táctica aire-suelo se concretizará por intermedio de un Controlador, cuya presencia será indispensable en un teatro de guerra donde movilidad e imbricación regirán. Tendrá por función el mantenimiento de la coherencia entre los niveles ejecución y conducción, conforme a las órdenes del nivel concepción. Anteriormente, la articulación interarmas consistía en afectar de manera arbitraria antes de las operaciones un número de medios que pertenecían a un cuerpo a otro cuerpo de la fuerza armada. La transferencia anticipada llevaba a que esos medios, si no eran utilizados, estorbaban la acción del otro cuerpo que justamente les necesitaba en este mismo lapso de tiempo. Ahora la flexibilidad de adaptación de los futuros medios de combate permitirá al Controlador dosificar de manera apropiada los medios interarmas y asignarlos en el momento propicio. “El arma correcta en el momento correcto” será el lema.

El nivel concepción asumirá la responsabilidad de planificar el conflicto en base a la explotación de la información recibida antes del combate. En función a estos datos, establecerá los objetivos, organizará los tiros aire/suelo y suelo/suelo y gestionará la cadena logística. Por lo tanto, durante el conflicto, quedará siempre en coordinación con el Controlador para que sus órdenes y el plan de acción inicial sean respectados, siempre y cuando correspondan al desarrollo de la situación en el campo de batalla y a las consecuentes iniciativas que se deben tomar.

 

Análisis comparativo

 

Cuando uno lee el libro de Hubin, se da cuenta que el autor cree firmemente en la invulnerabilidad y la omnipotencia de las nuevas tecnologías en el sector de la guerra. Además, el autor se sitúa en la línea de pensamiento que ve al adversario asimétrico como un ser inferior, al que, según los términos clausewitzianos, se le podría “imponer su voluntad” fácilmente y cortarle toda otra opción que no sea la concentración, la cual representará su derrota. En realidad, el comportamiento de los que combaten a las fuerzas occidentales no resulta tan autista como el autor lo pretende: a la tendencia hacia la hiper-tecnologización de las fuerzas armadas occidentales corresponde una respuesta apropiada por parte de los partidarios de la guerra asimétrica. Hezbollah tiene en su poder los misiles anti-naves más modernos(12). Los israelitas descubrieron también equipamientos individuales ultra modernos en los escondites chiítas(13).

Asimismo, la dispersión y la imbricación, que Hubin presenta como tácticas innovadoras cuya elaboración emanaría de una decisión propia de los estrategas occidentales, están ya explotadas, pero no por el lado occidental. La verdad es que los occidentales se están adaptando al método de fragmentación practicado por la guerrilla. Efectivamente, las campañas de bombardeo organizadas por la OTAN durante la guerra en Bosnia en la última década del siglo XX no obtuvieron el efecto decisivo buscado, dado que justamente los efectivos militares serbios se dispersaban y escondían. Lo mismo ocurrió en Irak, Afganistán e Líbano, donde los combatientes abandonaron el modo de concentración por el riesgo de aniquilamiento que representaba(14).

 

Por otro lado, ciertas tácticas que Hubin presenta como futuras, están ya en fase de experimentación.  Por ejemplo, el autor plantea que, en el marco de una arquitectura integrada de C4ISR (Conducción, Control, Comunicaciones, Computación, Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento), que constituye el ADN de las Fuerzas Armadas futuras(15), el soldado de infantería formará en sí mismo un sistema global. El “super-combatiente” estará equipado con un dispositivo electrónico constituido por un sensor y visor nocturno incorporados en el casco, un vestido de protección ultra ligero, una computadora, una radio y software, y con un arma cuya precisión se emancipará del usuario porque los objetivos serán teleguiados. Quedará constantemente interconectado con la red de información y comunicación del sistema de control que lo tutorea, es decir con el nivel conducción. En este entorno, que le proporciona seguridad y flexibilidad, el soldado se volverá dizque un operador activo que podrá, gracias a la asistencia que los captores autónomos y las municiones teleguiadas le proveen, tomar él mismo la iniciativa de neutralizar una amenaza cuando la detecta o transmitir la información a la autoridad superior a fin que se realice una coordinación de los medios aire-suelo y de las acciones a tomar en un tiempo casi real con solo un clic en el ratón(16).

Aquí Hubin se ubica de nuevo en el mundo de la realidad concreta, dado que se está experimentando el programa francés FELIN (Infante con equipos y conexiones integrados), que copia el sistema de combate Land Warrior elaborado a partir de 1991 por los norteamericanos y que será sucedido por el “Future Force Warrior”(17).

En la actualidad, la coordinación aire/suelo está en etapa inicial de experimentación pero ya demuestra que la presencia de un JTAC (en Estados Unidos llamado “Controlador de Ataque Terminal Conjunto” o, según la terminología de la OTAN , Controlador Aéreo Avanzado) se está haciendo ya indispensable. En Afganistán tenemos por ejemplo al Senior JTAC que goza de una excelente formación en materia de balística. Este “jefe de orquestra” aeroterrestre, localizado en una estación terrestre desde la cual dirige la integración del campo de batalla, es responsable de la seguridad de las tropas terrestres, de las aeronaves, del armamento empleado, de la designación del objetivo y de la coordinación de los fuegos(18). El JTAC resulta ser un elemento esencial en la coordinación aire/suelo cuando el estado de imbricación reduce la libertad de acción de los soldados e impide el buen desarrollo de la maniobra prevista(19). Su presencia es tan importante que el JTAC constituye ya una presa de valor por parte de los snipers, que lo obligan a salir con una escolta compuesta de una decena de comando de élite(20).

 

 

CONCLUSIÓN

 

Las tácticas futuras que Hubin entrevé para las fuerzas armadas se aplican tanto a un campo de batalla urbano como a un campo abierto, y el modelo de soldado futuro que presenta puede servir para un soldado profesional, un elemento de las fuerzas especiales, un paramilitar, un mercenario o un policía. En realidad, su descripción se adecua perfectamente a la situación que se da desde el inicio de los años 2000, donde asistimos a una interpenetración de las amenazas externas y internas, y por lo tanto, a una peligrosa asimilación del sector Defensa al sector Seguridad. Es una tendencia que se cristalizó en el concepto de “Homeland Security” introducido por el Departamento de Defensa norteamericano a inicios del milenio, y que se expresa en una progresiva sinergia de las Fuerzas Armadas con la policía, las fuerzas especiales y con las sociedades militares privadas. Esta manera de enfocar la problemática de la Defensa y de la Seguridad permite a los gobiernos occidentales tratar de la misma manera las amenazas que emanen de su territorio nacional y las amenazas originarias de cualquier otro país que desean controlar. En otros términos, se están universalizando de modo uniforme al adversario y a la acción a tomar para neutralizarlo, utilizando con este fin una tecnología ultramoderna.

 

Otro fenómeno alienador se añade a esta homogeneización mecánica de las amenazas, que se traduce por ofensivas gubernamentales autistas pero letales. Se trata de la experimentación de las nuevas batallas a través de la simulación virtual, que  contribuye a colocar al soldado en una esfera protegida por la tecnología, donde la realidad se percibe a través de una pantalla de computadora. En este universo virtual en el cual la aviación ha sido pionera, el soldado estará siempre más propenso a la indiferencia y a la pérdida de todo criterio de orden ético. Lobotomizado y barbarizado por la tecnología, es muy probable que hará tabla rasa con todo lo que se mueve dentro de su campo visual sin que ningún escrúpulo lo afecte.

 

A este peligro de deshumanización se añade otro de la misma índole: Desde algunos años, los tecnócratas de la guerra han puesto en marcha un proyecto llamado “Prompt Global Strike” o “Ataque Global Sorpresivo”, que enmarca la creación de instrumentos de guerra bastante futuristas, como un bombardero hipersónico, y altas tecnologías de propulsión que permitirían: satelizar los medios logísticos; asegurar en pleno vuelo el reaprovisionamiento en combustible y mantenimiento de los medios satelizados; así como enviar tropas en el espacio de dos horas en cualquier región del mundo(21). Esta tecnología, que integrará diferentes fases de la estrategia operacional y permitirá ataques en un tiempo casi real, está diseñada para obviar las formalidades administrativas y legales que ponen trabas a los planes hegemónicos elaborados por estrategas belicistas. Con tales instrumentos de guerra, el Ejecutivo norteamericano ya no necesitaría pedir al Congreso la autorización para lanzar una ofensiva, ni esperar la asistencia benevolente pero demasiado lenta de los aliados en un conflicto. Si logra tomar las dimensiones propuestas, la evolución cientificadora de la guerra hará de la fuerza militar una superestructura, “EL” instrumento absoluto, totalitario, que transcenderá tanto la diplomacia como lo legislativo y que, en su afán de controlar las zonas que decide poner bajo su yugo, pisoteará los principios éticos. Cada movimiento considerado como amenaza será tratado con un ataque venida del cielo o del espacio, sin preaviso.

 

Frente a tales perspectivas, que pondrán permanentemente en juego la seguridad individual y la seguridad nacional de cualquier país, es imperativo desarrollar una estrategia que impida que nos encaminemos hacia un desierto moral, intelectual, cultural y político. Para alcanzar este objetivo, sin tener de ningún modo la pretensión desmedida de lograr un arsenal bélico tal como el de Estados Unidos, es necesario que un país periférico se equipe con un armamento que tenga una función por lo menos disuasiva.

Paralelamente, para enfrentar a un adversario dotado de una tecnología de guerra aplastante o superior a aquella de la que disponemos, es urgente que los países periféricos establezcan, conjuntamente con una estrategia militar, nuevos principios de organización social que repercutan directamente en los valores y las praxis indispensables para edificar naciones independientes y auto-sustentadas. Para ello se deben desarrollar armas infalibles: la moral, la solidaridad, la dignidad nacional, la cual se expresa, entre otros, en la voluntad de hacer respectar su soberanía. Esos valores son defensas pilares que se logran en base a una conciencia de unidad.

La propuesta anterior tiene mayor relevancia si se considera que, a lo largo del siglo XX, los principios de guerra estadounidenses erigidos en doctrina revelaron no ser absolutos, y que a una guerra tecnológica corresponde una respuesta asimétrica. El desembarque de tropas hiper-tecnologizadas en territorio enemigo no implica necesariamente un blitzkrieg(22) a favor de los occidentales, al contrario. La debilidad de los occidentales se sitúa, como sabemos, en el campo político. Es por ello que hasta ahora han podido ganar a nivel táctico, pero no a nivel estratégico.  

 

Notas de pie:

1 Hésiode. Théogonie. La naissance des dieux. Versos 520-615. Editions Rivages. Paris. 1993.

2 Citado en Protagoras de Platon. P. 52-53. Editions Garnier-Flammarion. Paris. 1967.

3 Es necesario mencionar que el “Business Model”, que se está estableciendo, tiene antecedentes en la “gestión empresarial” de la guerra impulsada por McNamara en Vietnam. Recordamos que el experimento resultó desastroso.

4 Ver Yaiza Martinez. La nanotecnología promete armas más destructivas que las nucleares. http://www.afcea.org.ar

5 Guy Hubin. Perspectives tactiques. Edition Economica. 2003.

6Asimismo fue publicado el libro Guerre en montagne. Renouveau tactique (La guerra en montaña, cambio táctico) escrito por los Lieutenants-colonels Hervé de Courrèges, Pierre-Joseph Givre, Nicolas Le Nen. Collection Stratégie et Doctrines. Editions Economica. 2006. Es menester mencionar igualmente a la magnífica y amplia obra, Tactique théorique (Táctica teórica) del Coronel francés Michel Yakovleff, en Collection Stratégie et Doctrine. Editions Economica, cuyo aporte didáctico es muy valioso.

7 Ver Iran: guérilla navale contre les porte-avions. Fariborz Haghshenass. en www.revuemilitairesuisse.ch

8 Citado por Guy Hubin en una entrevista realizada por Joseph Henrotin que dio lugar a un artículo titulado: La transformation va-t-elle favoriser la convergente des modèles symétriques et asymétriques? En Défense et Sécurité. Nº25. Avril 2007.

9 Para más información sobre el CAS (Apoyo aéreo cercano), ver el artículo de la Fondation pour la recherche stratégique: Un exemple d’opération en réseau: l’appui feu rapproché en combat urbain. Michel Asencio.   

10 Como el sistema de identificación electrónico ya utilizado por las fuerzas armadas, el IFF (Identificación de amigos o enemigos).

11 Esta tesis es contestada por el Coronel Michel Yakovleff en su obra Tactica teórica, en la cual hicimos hincapié anteriormente (nota de pie 6). El autor menciona que el humano, por naturaleza, busca estabilidad y que los lazos de un subordinado hacia su superior son muy importantes para él en la guerra, dado que se encuentra solo, destacado de su ambiente familiar, en un entorno hostil. Lo único que le queda en tales condiciones es por lo tanto un mínimo de estabilidad organizacional. Ver Nota de pie nº1 P. 180 en Tactique teorique. M. Yakovleff. Op.cit.

12 No nos olvidemos que el libro de Hubin fue escrito en el 2000 y reeditado en el 2003. Este artículo se basa en su libro con fecha 2003. Los ejemplos citados no podían entonces ser conocidos del autor.

13 Citado en Le soldat, révélateur des armées. Joseph Henrotin. Défense et sécurité internationale. Nº18. Septembre 2006.

14 Ver Jerôme Mollet. Editorial. Revue Inflexions. Questions de défense. Mutations et invariants. Partie II. Editions la Documentation Française. Octobre-Décembre 2006. Nº4.

15 Esta estructura deja ya entrever la debilidad que caracterizará a los países altamente tecnologizados, que muy probablemente serán victimas de Hackers al servicio de entidades gubernamentales o de grupos asimétricos. En las futuras guerras, la destrucción del sistema electrónico central del enemigo será el objetivo, como lo afirmaron los militares chinos, que han englobado desde una década la eventualidad de este tipo de ataques en su estrategia de guerra. Ver el libro de Qiao Liang y Wang Xiangsui.La Guerre hors limites. Editions Payot. Paris. 2006, que trata de guerras “sin restricciones”. Igualmente, ver mi artículo titulado La transformación estratégica de China. ¿Ampliación de la visión de Sunzi?

16 Expresión de Jean-Tristan Verna en Faut-il suivre la voie technologique? Revue Inflexions. Questions de défense. Octobre-Décembre 2006. Nº4.

17 Cómo se librará la Guerra en la Era de la Información. El rol del Ejército en la Era de la Información. http://www.sangabriel.mil.ar

18 Vers un nouveau combat aéroterrestre. Commandant Fabrice Alborea, le Général Pierre Kohn, le Colonel Lionel Jeand’heur, le Commandant Jean-Marc Brenot.

19 Illustration de la coordination tactique à travers un cas concret. Colonel Bruno Dumas. Ambos artículos fueron publicados en la Revue Doctrine. Centre de doctrine d’emploi des forces. Ministère de la défense. France. 

20 Citado en el artículo Vers un nouveau combat aeroterrestre. Op. cit.

21 Ver Frapper à la vitesse de l’éclair. Le Prompt Global Strike face aux réalités technologiques. Joseph Henrotin. Défense et sécurité internationale. Nº35. Mars 2008.

Asimismo : L’USAF au cœur du Prompt Global Strike. Les bombardiers stratégiques toujours d’actualité. Jean-Louis Promé. DSI. Mars 2008.

22 Una guerra relámpago.

 

 

 

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