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 Temas estratégicos

ESTRATEGIAS DE DOMINACIÓN EN EL ÁRTICO
POR NICOLE SCHUSTER

 

Presencia occidental en el Ártico

El interés por descubrir una ruta que pase por el Ártico no es nuevo. Desde el siglo XVI, los ingleses eran concientes de la importancia geopolítica de una ruta marítima en el gran Norte que fuese una alternativa a la que los mercantes ya recorrían  hacia las islas de las especias del Oriente lejano. Pero las duras condiciones climáticas que rigen en esta región de la Tierra impedían que se encontrara una ruta norte-oeste y norte-este a través del Ártico. “Ni por tierra ni por mar encontrarás el camino que conduce a los hiperbóreos” decía Píndaro de este país mítico de donde pudo volver solamente el Dios Apolo montado en su carroza tirada por cisnes.
Sin embargo, las iniciativas para hallar un camino se mantuvieron a lo largo de los milenios, y en 1610 fue descubierto por Henry Hudson el Golfo que lleva su nombre. A inicios del siglo XIX, los esfuerzos de los ingleses y americanos para abrir un camino en el Ártico se intensificaron, a los cuales se añadieron las exploraciones emprendidas por los escandinavos. Es con el americano Peary en 1909 que culminará la búsqueda en el lado Norte-oeste de un recorrido iniciado siglos atrás por el Norte-este.
Paralelamente a esas iniciativas expedicionarias, se instauraron relaciones de comercio con los hiperbóreos. A cambio de pieles, cuero, marfil, los autóctonos del septentrión recibían armas de fuego, herramientas metálicas, petróleo, alcohol, así como las enfermedades de los occidentales que contagiaron a los esquimales de Alaska septentrional(1).
Con las exploraciones emprendidas en el Ártico, el sueño de establecer una ruta de comercio marítimo en esta región se acrecentaba, más aún cuando se descubrió petróleo en el Mar de Beaufort y que en 1969 la Compañía Humble Oil logró hacer transitar por el paso Norte-oeste el petrolero SS-Manhattan equipado con un casco reforzado(2). Se fue entonces reforzando la expectativa de transportar los hidrocarburos en barco. Esta alternativa era preferida a la del oleoducto, que resultaba bastante onerosa. Para hacer más real esta opción y al mismo tiempo reivindicar su derecho de navegar en la región ártica, los americanos repitieron en 1985 la experiencia a través de la ruta del Norte, al hacer cruzar por el mismo camino marítimo a un rompe-hielo de su marina, sin pedir la autorización a los canadienses, lo que desató un incidente diplomático con esos últimos. Ello es entendible dado que para los canadienses el “gran Norte” es un espacio que siempre ha sido parte de su imaginario colectivo. Sin embargo, estos últimos años, varios países, tanto occidentales como orientales, comparten por razones geoestratégicas la ambición de proyectar su potencia, o por lo menos anhelan reforzar su presencia en esas zonas de la Tierra, lo que coadyuva a avivar las animosidades entre ellos.

Lo que el derretimiento de los hielos representa

Desde hace una década, el derretimiento de las placas glaciares se acelera, y al mismo tiempo se deja vislumbrar en sus fondos oceánicos una verdadera huerta de Ali Baba colmada de gas, petróleo, oro, diamantes, y muchas otras riquezas. Además, el calentamiento global abre la posibilidad de la formación de un paso marítimo en el Ártico en el verano por un periodo anual mayor al actual.
Expertos pronostican(3) que el cambio climático será tal que dentro de tan sólo una década la placa glaciar podría desaparecer durante los periodos veraniegos del océano Ártico, cuya superficie alcanza 14.3 millones km2.
Tomando en cuenta que los hielos árticos encierran dos tercios del agua dulce disponibles en el mundo, el derretimiento permitiría la liberación de gran parte de esas reservas y remediaría al problema de la falta de agua dulce que se perfila en un futuro próximo. El desbloqueo de los océanos árticos en los meses estivales facilitaría la exploración de yacimientos de recursos como plomo, zinc, tungsteno, uranio, plata y diamantes(4) que se encontrarían en el Gran Norte canadiense y en Groenlandia, y del 25% de las reservas de hidrocarburos mundiales que se escondería en los fondos del Ártico ruso.
Las estimaciones sobre las reservas de gas son igualmente muy alentadoras: en el Mar de Barents y en la zona de Timan-Pechora se encontrarían 106.000 billones de m3 de gas. Sin contar las reservas en la Báltica y las del Mar Ojosk y de su isla Sajalín.

Es evidente que, en el contexto de un precio del petróleo que sube vertiginosamente desde algunos años y hasta hace peligrar la producción industrial, el descubrimiento de yacimientos de hidrocarburos en el Ártico representaría la solución ideal para los países occidentales. Es cierto que los países industriales del Occidente preferían tratar con países del Consejo del Ártico que, desde su perspectiva, son mucho más “confiables” que los países árabes.
Al mismo tiempo, la prospección de los yacimientos de recursos naturales permitiría a ciertas islas del gran Norte emanciparse de la tutela de los países de los cuales son satélites, tal como es el caso de Groenlandia con respecto a Dinamarca. Groenlandia sacaría gran provecho de la explotación de hidrocarburos si se verifica que las fugas encontradas en las rocas de la baya Disco corresponden al potencial en petróleo que se les atribuye(5).
De allí el interés de las grandes empresas petrolíferas como ENCANA, empresa canadiense que se dedica a la prospección en Groenlandia, o de la compañía rusa Gazprom, que firmó en el 2007 un acuerdo con la sociedad francesa Total para explotar el yacimiento de gaz de Shtokman, desplazando así a la compañía norteamericana ConocoPhillips. Gracias a este acuerdo, que engloba la asistencia y la transferencia tecnológicas de Francia hacia Rusia, el campo gasífero de Shtokman podría resultar siendo el mayor campo offshore del mundo(6).

A parte de las perspectivas antes señaladas, otro campo económico presenta un potencial considerable: el de las actividades pesqueras que con el deshielo de las aguas árticas se expandirá, lo que inevitablemente desembocará en disputas entre los países occidentales, y entre los hiperbóreos y esos últimos. De igual relevancia es el sector turístico que, con todas las limitaciones climáticas actuales, ya está siendo explotado de manera moderada por los países que colindan con las aguas árticas. Con el deshielo, el turismo se verá afectado por un desarrollo cuantitativo que bien podría repercutir sobre las poblaciones autóctonas y su entorno ambiental.

Pero para las potencias occidentales, todo ello es al contrario muy promisorio, puesto que el derretimiento en el Ártico acortaría considerablemente el itinerario entre Europa y Asia y ofrecería una alternativa óptima a las rutas por Panamá o por el Canal de Suez(7). Se proyecta que el tráfico ártico debería pasar de 3 millones de toneladas en 2005 a 14 millones en 2015(8), lo cual, como se especula, sería facilitado por una tendencia hacia la baja de los costos en materia de tecnología naval(9). Así, el reforzamiento de los cascos permitiría una navegación en aguas en las cuales residuos de hielo seguirán flotando. Por otro lado, se emiten ciertas reservas en contra de lo antes planteado(10): icebergs no pararán de navegar a la deriva empujados por el viento y la corriente y podrán obstruir el pase de ciertos estrechos, lo que implicará un retraso en la duración del transporte. Además, a pesar de la presumida baja en el futuro de los precios en la elaboración de cascos dobles, el rendimiento tiene que ser inmediato dado los volúmenes de inversión involucrados(11).

De lo antes expuesto se desprende que el axioma de la colonización que rigió a lo largo del milenio anterior es más vigente que nunca si se lo adapta a la situación en el Ártico: quien logre controlar las rutas comerciales del gran Norte se beneficiará del dominio sobre los recursos de la región y poseerá la capacidad de influir sobre las economías de numerosos países. No es sorprendente entonces que Estados Unidos no muestre ninguna urgencia en acatar una política de reducción de los gases de efecto invernadero en vista de las supuestas ventajas que podría llevar consigo una explotación de los fondos oceánicos. Más aún cuando solamente un décimo del océano ártico ha sido explorado y que la actividad económica es asunto principalmente de Estados Unidos y Rusia. Es la razón por la cual Washington, que anhela tener un acceso privilegiado a “El Dorado ártico”, está ya trabajando en una estrategia a largo plazo para crear un entorno geopolítico favorable a sus intereses. Es justamente aquí donde Canadá entra en la escena.

Presencia militar en el Ártico

Las cortas incursiones realizadas en el Ártico en las cuales hicimos hincapié anteriormente no resultan ser las únicas en la historia de la militarización del gran Norte. Desde los inicios de la guerra fría, Estados Unidos ha tenido una fuerte representación militar en la zona. Ésta se tradujo en primer lugar por la creación en el año 1957, o sea en plena Guerra fría, del Mando de Defensa Aéreo norteamericano, el NORAD(12). El primer objetivo de la instalación del sistema NORAD fue la detección de mísiles balísticos, lo cual parece evidente si se considera que el espacio ártico era, para Estados Unidos, el camino más corto para interceptar mísiles provenientes de la Unión soviética. La instalación, a partir de 1958, de tres series sucesivas de estaciones de radares de control en el marco del NORAD empezó con la serie conocida como “Pinetree Line”, constituida de 33 estaciones de radares; la segunda serie, “McGill Fence” (o Barrera McGill), detectaba aeronaves que volaban a baja altitud; y el tercero sistema de alerta avanzada es la “Línea DEW”(13).
Impotente frente a la aparición de los mísiles balísticos intercontinentales y los submarinos balísticos nucleares, la línea DEW fue sustituida a partir de 1979 por una línea de radares árticos denominada “sistema de alerta Norte” (NWS). Algunos años después, el NORAD se encontró reforzado con la adopción por Reagan del programa de defensa estratégica conocido como “la Guerra de las galaxias”. Se intensificaron al mismo tiempo en territorio canadiense las maniobras y ejercicios militares norte-americanos y de la OTAN, es decir del campo USA-Canadá-Dinamarca-Noruega-Islandia(14). Hoy en día el NORAD sigue sirviendo de control y defensa a toda América del Norte y se invitó a Méjico a integrarse en ello también. El hecho de que el Comandante de las misiones NORAD sea elegido por el Presidente de Estados Unidos y el primer Ministro canadiense(15) evidencia la fuerte cooperación entre ambos países.
Es menester mencionar que a esos sistemas de control se añade la presencia de submarinos estadounidenses en las aguas árticas, puesto que una fuerza naval tradicional no puede ser movilizada en esta zona.

Rusia tiene en esta región una posición privilegiada por estar bastante preparada frente a cualquier ofensiva en el Ártico en proveniencia de otros países occidentales. Efectivamente, desplegó su flota naval en Severomosk, cerca de Murmansk, y acondicionó varios puertos para cargar hidrocarburos. Su flota del norte aglutina dos tercios de sus submarinos nucleares y gran parte de su fuerza de disuasión(16).
Quedó claro en el verano 2007 que Rusia no duda en retar a las potencias occidentales cuando de las riquezas del Ártico se trata. Envió entonces una misión constituida por dos submarinos Mir-1 y Mir-2 a fin de plantar una bandera de titano inoxidable a 4000m de profundidad en el Ártico. Este acto fue una reivindicación de su soberanía sobre los fondos árticos, que Rusia reclama como suyos por ser presumiblemente la prolongación de su placa continental. Pero también fue interpretado como una advertencia hacia las otras potencias occidentales. Tenemos que considerar en este contexto la declaración hecha por el Estado Mayor de Rusia en marzo 2006, cuando planteó la posibilidad por su país de asegurar la defensa del acceso de los yacimientos en hidrocarburos en la zona ártica por medio de submarinos nucleares(17).

Es precisamente después de la demostración de poder por parte de Rusia en el Ártico que Canadá, Dinamarca, Noruega y Estados Unidos(18) se mostraron súbitamente decididos a hacer valer lo que consideran sus derechos soberanos sobre las aguas árticas que colindan con su territorio.
Pero la reacción más fuerte provino del gobierno canadiense, quien expuso en Agosto 2007 sus planes de relanzamiento militar(19). Bajo el pretexto de querer brindarle a su país seguridad y un rol de mayor peso en la escena internacional(20), el Primer Ministro Harper anunció un plan de adquisición de material militar por el cual se prevé la asignación de un presupuesto de 7.4 billones de dólares repartidos sobre un periodo de 25 años. El perfeccionamiento de los equipos en materia de vigilancia submarina y de controles electrónicos costaría 400 millones de dólares(21). Incluidos en el programa de vigilancia son vehículos aéreos no tripulados o drones(22). Se proyecta igualmente la instalación de una base militar en Resolute Bay así como el acondicionamiento de un puerto en aguas profundas en Nanisivik. Uno de los objetivos claves del Gobierno Harper es de asegurar una presencia militar en el Ártico. Por lo tanto, se planea aumentar el número de Rangers para cumplir con una estrategia de proyección rápida en la zona, proyecto que se encuentra reforzado con la realización de maniobras militares en el Ártico desde 2004. La voluntad de adquirir rompe-hielos parece haber sido desplazada por la preferencia de optar por una solución menos dispendiosa, es decir por la compra de seis corbetas de patrulla equipadas de un cañón(23). Con el reforzamiento de su presencia en el Ártico, Canadá quiere asegurar a las potencias miembros de la Comisión del Ártico que está asumiendo una posición de control en la zona, requisito que debe cumplir para que se le otorgue la soberanía sobre las regiones que considera como pertenecientes a su perímetro marítimo.

Una cuestión de soberanía

La utilización de los océanos y el acceso a sus recursos son definidos en el texto de la Convención de Montego Bay firmada en 1982. Esta convención de derecho internacional fue ratificada en 1994 y facilita entre países el arreglo de los litigios que atañen a sus límites marítimos(24). Estados Unidos no ha firmado esta convención y el gobierno actual de Bush ha manifestado la urgencia de hacerlo, particularmente desde la demostración de poder de los rusos en esta región, puesto que, de no suscribir este acuerdo, Washington no tendrá ningún derecho en reivindicar cualquier demanda de orden limítrofe.
Desde 2001, Rusia insiste ante la Comisión de la Convención para que se respeten sus derechos soberanos sobre los fondos marinos del Polo norte. Hasta ahora la Comisión ha respondido negativamente al pedido de Rusia y es por ello que este país esta listo para subvencionar expediciones de investigación muy costosas para que establezca que el fondo del Ártico es una prolongación de su placa continental.  
Canadá sostiene que el paso del norte-oeste pertenece a su territorio, y la delimitación marítima entre Alaska y el polo norte que se asignó arbitrariamente fue inmediatamente rechazada por la Unión europea y por Washington, que quiere el monopolio de la explotación del petróleo del mar de Beaufort en proximidad de Alaska(25). Canadá necesita entonces demostrar una presencia y control tangibles en esta región para que se sancione su derecho soberano sobre la zona en litigio. Sin embargo, esto no está bien encaminado, particularmente cuando las actividades militares de Canadá en la región han ido disminuyendo a lo largo de las últimas décadas. A diferencia de Rusia, que tiene en este campo una ventaja implacable, Canadá no dispone de una potencia naval ni del equipamiento para efectuar operaciones de patrullaje de gran envergadura en la zona. Es la razón por la cual, desde que llegó al gobierno Paul Martin (2001), Canadá trata de afirmarse en la zona para así hacer frente a las reivindicaciones estadounidenses sobre las mismas aguas del Ártico.
El litigio entre las potencias occidentales recuerda a la disputa que se dio en el siglo XVII entre Inglaterra, representada por John Selden, el cual se enfrentaba a Grotius, oriundo de la otrora potencia naval, Holanda. Cada potencia reclamaba su derecho de usar el espacio marítimo y sus pretensiones eran proporcionales a su poder político: Inglaterra, con una fuerza naval y marítima superior, rechazaba el hecho de compartir su dominio sobre el mar con Holanda, mientras que este país insistía en el principio del “mare liberum”, o sea de la apertura de los mares. Por su lado, el legista británico intimaba a poner el monopolio marítimo británico bajo el régimen legal de la propiedad privada. Justificaba su posición al plantear que el mar, al igual que la tierra, es dominio privado y que, como Inglaterra controlaba las rutas marítimas y los mares, no tenía ninguna necesidad de compartir su soberanía(26). En la misma época, Venecia enfrentaba una disputa similar con la casa papal(27). Siguiendo el mismo principio, hoy en día, Estados Unidos, Dinamarca, Noruega, la Unión Europea, China y Japón señalan que el paso norte-oeste es un estrecho internacional y, por lo tanto, cada nación tiene el derecho de hacer navegar sus barcos por allá.

Conclusión

Los argumentos en cuanto a la soberanía sobre el Ártico presentados por cada uno de los países occidentales apuntan hacia una futura agudización de la situación geopolítica en esta zona. En este marco, no sería sorprendente que los esfuerzos realizados por Estados Unidos para recrear una atmósfera de guerra fría hacia Rusia sean igualmente motivados por el asunto de la exploración de nuevas fuentes de recursos en el Ártico. Sabemos que Washington está preparando contra Rusia la conformación de un bloque occidental que agrupa a los países de la OTAN, muchos de ellos también pertenecientes a la Comisión del Ártico. La prueba es que Estados Unidos está reforzando el escudo antimisiles en el Occidente oriental, buscando como asistentes a países como Rumania, Bulgaria y Polonia a fin de colocar sus bases militares y equiparlas de armamento nuclear. Su estrategia inmediata es generar un efecto disuasivo y hacerle renunciar a Rusia a sus planes de conquista no solamente en la zona euroasiática(28), cuyos suelos y fondos acuáticos esconden enormes recursos en hidrocarburos, sino igualmente en el Ártico. En este contexto, no sería sorprendente que Estados Unidos presione a los miembros de la Convención de Montego Bay para que Rusia no logre hacer aprobar la legitimidad de su derecho sobre la región del Ártico.

Pero lo deplorable es la actitud de un país como Canadá, que en el pasado fue apreciado por sus características fundamentalmente pacifistas. Ahora mimetiza la actitud de su vecino estadounidense y se dedica a una carrera armamentista, aprovechándose de la pasividad de su población. Los programas militares onerosos que privilegia el Gobierno de Harper hacen que la política exterior eclipsara siempre más a las políticas sociales y que se ratifiquen leyes civiles que copian la línea estadounidense simbolizada por el Patriot Act(29). En realidad, esta orientación tomada por parte de Canadá se inscribe en el marco de la política neoliberal que adoptó y que lo llevó a someterse aún más a los dictados de Estados Unidos después del 11 de septiembre 2001. Este argumento está siendo corroborado por la presencia militar servil de Canadá al lado de las tropas de la OTAN en Afganistán, país que sufre desde años de los efectos de una guerra injusta emprendida por Estados Unidos.

La situación que se avizora no es reconfortante para las generaciones futuras. Considerando el carácter predatorio de las potencias occidentales y su consumismo desenfrenado, es indudable que el derretimiento de los hielos implicará un crecimiento drástico de las actividades en el Ártico, lo cual va justamente en contra de las medidas que tienen que ser tomadas para frenar el calentamiento global. Efectivamente, el aumento de los efectivos militares, así como de la presencia de las empresas mineras y petrolíferas en la zona, acelerarán aún más los daños irreversibles causados al medio ambiente. La exploración y la explotación de los recursos naturales, juntas con un aumento del transporte por barcos que origina la mayor producción de dióxido de azufre en el aire, precipitarán el efecto invernadero.
Ello anuncia un cambio adverso no solamente para la zona del Ártico, sus poblaciones, flora y fauna, sino también para otras zonas del planeta que indubitablemente se verán afectadas(30).

NOTAS DE PIE

1. Ver Histoire des civilisations. Le XIXe siècle. L’apogée de l’expansion européenne. Editions Presses Universitaires de France. Paris. 1961.
2. Ver periódico Scanner, v. 1, n. 6 (January 1969) by Fred Sankoff, editor. Transcribed from the original by Walter Lewis. Halton Hills, ON, Canada : Maritime History of the Great Lakes. 2004 en http://www.hhpl.on.ca/GreatLakes/Documents/Scanner/01/06/default.asp
3. Un alerta rojo de científicos de todo el mundo por el calentamiento. Publicado en Grano de Arena. Informativo. 435. 14 Feb. 2008.
4. Ya desde 10 años, Canadá se beneficia de la exportación de diamantes y se está explorando filones diamantíferos en las Islas Melvila y Somerset. Ver La souveraineté canadienne dans l’Arctique: la glace est mince. Frédéric Lasserre.
5. Ver Les compagnies pétrolières misent sur le Groenland, un nouvel Eldorado en http://www.casafree.com
6. Se estima que se dispondrían de 3,2 billones de metros cúbicos de gas natural y 31 millones de toneladas de condensado. Ver Gazprom escoge a Total en http://news.bbc.co.uk. Ver igualmente Tractations autour du champ gazier de Shtokman en http://www.caucaz.com par Juliette le Dore. Bruxelles.
7. A título de referencia: la distancia de Yokohama hacia Nueva York es:
- de 18.560km pasando por Panamá;
- de 25.120km pasando por Suez y Malaca;
- de 31.639km pasando por el Cabo de Horn;
- y de 15.220km solamente pasando por la ruta Norte-oeste del Ártico.
Fuente: Revue Diplomatie.
8. Ver Convoitises sur les ressources stratégiques de l’Arctique. Début de guerre froide sur la banquise. Dominique Kopp. Le Monde Diplomatique. Sept. 2007.
9. Aunque esto todavía no es evidente en la actualidad, porque los gastos para reforzar los cascos o construir rompe-hielos son sumamente elevados, lo que hace que solo países ricos como Estados Unidos, puedan soportar tales gastos.
10. Como las que emite el autor en el artículo Géopolitique et géostrégie des mers et des océans. Changements climatiques dans le passage du Nord-ouest. Diplomatie. Hors série N°2. Août-sept. 2007.
11. Ibid.
12. En inglés: North American Air Defense Command.
13. Ver North American Aerospace Defense Command en http://www.rinnovamento.it/n/no/norad.html
14. Ver L’Arctique, un espace convoité. La militarisation du Nord canadien par Jules Dufour en Mondialisation.ca, 26 juillet 2007.
15. Ver Au sujet de NORAD en http://www.norad.mil/French/index.html
16. Ver Nouvel Eldorado énergétique, l’Arctique excite les convoitises en http://www.frenergie.ch
17. Ibid.
18. Todos esos países y Rusia pertenecen al Consejo del Ártico.
19. En este contexto, es menester mencionar que desde Agosto 2006, Canadá se beneficia del visto bueno del Departamento de Energía de Estados Unidos para enriquecer uranio, cosa que resulta sorprendente cuando uno considera la intolerancia de Washington hacia varios países en cuanto a este tipo de programas. Ello demuestra además la solidez de la relación que une Canadá con Estados Unidos. Ver Les États-Unis reconnaissent au Canada et à l’Australie le droit qu’ils refusent à l’Iran en
http://www.voltairenet.org/article143098.html?var_recherche=canada?var_recherche=canada
17 août 2006
20. Ver Course effrénée aux dépenses militaires par Jules Dufour en www.mondialisation.ca
21. Ver Un passage convoité. CEPES. En Le Devoir. Montréal.
22. Llamados también “ UAVs” por sus siglas en inglés.
23. Ver Convoitises sur les ressources stratégiques de l’Arctique. Dominique Kopp. Le Monde Diplomatique. Sept. 2007.
24. Ver Guerre froide dans l’Arctique en http://socio13.files.wordpress.com
25. Ver Canada, Russie, Danemark: la ruée vers le Nord. Por Florent Daudens.
26. Ver mi artículo La potencia marítima inglesa y el liberalismo en la sección Temas estratégicos en http://www.hacialaemancipacion.org
27. Ver Ezio Ferante. Paolo Sarpi et le problème naval vénitien.
28. Lo demuestran las operaciones organizadas por la OTAN e Israel en esta región. Ver Sept États membres de l’OTAN plus Israël entreprennent des manœuvres navales en mer Noire en www.voltairenet.org.
29. Ver Canada: course effrénée aux dépenses militaires par Jules Dufour en www.mondialisation.ca
30. ¿Nuevas rutas marítimas por el Ártico? En http://www.dw-world.de/dw/article/0,2144,2448694,00.html

 

 

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