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 Economía

 

 

 

LA FLEXIBILIDAD DEL PROCESO DE TRABAJO Y DEL EMPLEO

Y EL SUBDESARROLLO

 

 

POR CRISTIAN GILLEN

 

 

En la actualidad, vienen estableciéndose a nivel mundial formas diversas de flexibilización. En los países desarrollados ha ido promoviéndose desde las dos últimas décadas la flexibilidad organizacional y también tecnológica contra las rigideces de la modalidad de la producción en masa y del trabajo jerarquizado, disociado (manual, intelectual), fragmentado y basado principalmente en trabajadores semi y/o no calificados. La flexibilidad de la organización de la producción se sustenta en un núcleo muy calificado, no obstante limitado de trabajadores, en la cual se da una combinación del trabajo manual e intelectual, pero principalmente en la práctica productiva, donde se logra una cooperación entre ellos y con los técnicos, aunque de manera incorporada. También se presenta, tal como se señaló, una flexibilidad del proceso de trabajo, debido principalmente a la innovación tecnológica, que generalmente se da asociada con una flexibilización del mercado de trabajo. Por otro lado, vemos con más frecuencia que las dos formas de flexibilización que se plantean (organizacional y tecnológica) se combinan en proporcionalidades distintas, dependiendo del nivel de organización de los agentes sociales que participan, de los códigos culturales dominantes y de la organización social y política del país en que se establecen.

Por otro lado, en los países subdesarrollados se promueve principalmente la flexibilidad, basada en la desregulación del mercado de trabajo y en una flexibilidad de sobrevivencia, que se halla principalmente en las pequeñas empresas y en el denominado sector informal de la economía. Estas modalidades de flexibilidad han generado una desestabilización en los distintos tipos de trabajo y han incrementado el desempleo y subempleo de la población. Para tratar de ocultar lo señalado, se han impuesto nuevas formas de cálculo del desempleo, que han tendido a subestimar sus niveles reales. Con el fin de modificar radicalmente la flexibilidad espuria que se da en los países subdesarrollados, se hace necesario pasar de una flexibilidad de sobrevivencia a una dinámica y solidaria. Por eso es fundamental articular las formas de trabajo colectivo y solidario mercantil a nivel de grupos y ramas con las modalidades de trabajo cooperante no remunerable a nivel de barrio y/o barrios con el fin de satisfacer las necesidades materiales y culturales consideradas prioritarias. Asimismo, es relevante fomentar a nivel local, regional y nacional asociaciones de consumidores para que regulen cualitativa y cuantitativamente el consumo, de acuerdo a las posibilidades económicas concretas y a los códigos culturales más profundos de la sociedad civil.   

A fin de tener los recursos para el impulso inicial y organizado de lo antes planteado, se hace necesario establecer impuestos a las actividades financieras especulativas(1) así como al consumo de bienes de lujo. Asimismo, se tiene que impulsar la descentralización de los recursos, para que los municipios cuenten con los medios monetarios, humanos y técnicos, a fin de fomentar el desarrollo de la producción material e intelectual organizada, tanto mercantil como no mercantil.

Dentro de este proceso de crear una flexibilidad solidaria, se hace necesaria la constitución de grupos de eficiencia colectiva y instituciones de diseño e ingeniería del producto que susciten la creatividad y acrecienten la capacidad de innovación y de flexibilidad dinámica de las industrias, universidades e instituciones de apoyo. En un primer momento, los esfuerzos de los países de menor desarrollo relativo para mejorar el diseño deberían concentrarse en muebles, confección, calzado y en la metalmecánica. Esto por cuanto el diseño y la ingeniera del producto constituyen el aspecto medular del proceso productivo como un todo.

En este marco, las instituciones de apoyo a la producción, así como las universidades a nivel nacional y regional tendrán que orientar sus esfuerzos a la promoción de formas de organización solidarias que fomenten la producción material e intelectual de alto valor agregado nacional, así como el trabajo y empleo polivalente y creativo.

Es indispensable analizar el nivel de empleo y sus características cualitativas en el marco en que se concibe el trabajo y las modalidades de organización de la producción y la sociedad. El trabajo ha sufrido mutaciones, debido a los distintos roles que ha tenido que cumplir en los diferentes momentos históricos del desarrollo mundial. De ser considerado como secundario en la época antigua, ha logrado como nunca en su historia tener un papel predominante en la sociedad moderna y la actual, que hace que el hombre no pueda visualizarse fuera de la esfera de lo que se concibe como trabajo dominante, es decir el remunerado y masificado.

En el siglo pasado, se disoció en la práctica productiva el trabajo manual del intelectual, y se tendió a la especialización cada vez más pronunciada de éste en el marco de una concepción instrumental de la razón y del progreso. La satisfacción en el trabajo estuvo más en la remuneración que generaba que en su naturaleza misma. El empleo dependía y depende, en gran medida, del nivel de consumo, de la lógica de la organización social, y de la forma de concebir el desarrollo tecnológico, como base del progreso y de la sustitución del hombre por la máquina.

En la actualidad, estamos en un momento crucial del desarrollo humano, en que se hace necesario reinventar la concepción del progreso y del desarrollo a nivel mundial, donde el trabajo remunerado orientado al consumo creciente no sea lo dominante y exclusivo. No puede seguir manteniéndose la idea casi generalizada de que el trabajo remunerado sea la base para determinar el valor de las personas. El trabajo debe ser parte de un conjunto polivalente de actividades impulsadas por el hombre para lograr su realización integral mediante su participación activa en la cultura, el arte, en el desarrollo de su comunidad, entre otros.

 

El problema creciente a nivel mundial del desempleo potenciado por la crisis se ha convertido en un verdadero problema estructural, lo que lleva a la necesidad perentoria de ir a la esencia de la problemática, que hasta ahora se visualiza como una situación de desempleo pasajera y, en algunos países, secundaria. Como ilustración de que estamos pasando por una crisis existencial de la forma en la cual vivimos y trabajamos, podemos señalar algunas facetas de esta situación. El trabajo remunerado ha penetrado tanto en la vida familiar e íntima de la gente que un cambio en la situación de empleo de la persona que contribuye al sustento económico del núcleo familiar afecta drásticamente el nivel moral y la dignidad de ésta. En Japón, la tasa de suicidio ha incrementado significativamente en correlación con el desempleo creciente a finales de la década pasada(2). En Corea del Sur, la población está tan fuertemente impregnada de la idea del empleo como generador del valor de la persona y de sentimiento nacional, que el proceso de desocupación creado después de la crisis financiera de 1998 ha provocado la aumentación radical del alcoholismo, y por otro lado, las personas adoptan conductas extrañas, para encubrir la realidad que están atravesando. Por ejemplo, los individuos despedidos esconden a su familia el hecho de haber perdido su empleo y simulan seguir yendo todas la mañanas a sus oficinas(3). La debacle financiera y la situación de recesión actual que golpean el mundo han llevado la Organización Mundial de la Salud (OMS) a temer que la pérdida de sus casas, ahorros o trabajo, impacte en la tasa de suicidio de la gente activa(4).

 

En resumen, se puede afirmar que el tipo de trabajo y su división para elaborar objetos y mercancías materiales y no materiales destinadas al consumo en masa se han constituido en la parte principal de la esencia del individuo moderno, lo cual ha coadyuvado al proceso de homogeneización de las sociedades y en la construcción social de la línea de conducta, que define las relaciones entre las personas. Por las razones antes expuestas, numerosos países están enfrentando un desgarramiento y una descomposición social preocupantes. Para resolverlos, se requiere pensar en nuevos pactos y proyectos sociales, en los cuales el trabajo para el consumo en masa no imprima la dinámica de las sociedades, como lo hace en la actualidad, dada su propensión a generar desempleo, desigualdad y dominación. La situación es tan grave para la mayor parte de la población mundial en el momento presente, que los gobiernos no pueden seguir tratando de esconderse atrás de cálculos del desempleo que no corresponden a la realidad o de liberarse de su responsabilidad, creando un ambiente sociocultural para que el individuo piense que su situación de desempleado es contingente y debida fundamentalmente a su propia incapacidad. Es decir que se está fomentando la alienación para que los trabajadores escapen a su realidad y, de esa manera, no luchen por su transformación.

 

Notas de pie: 

1. James Tobin, Economista y Premio Nobel, proponía ya en 1972 durante una conferencia en la universidad de Princeton, de establecer un impuesto a las transacciones cambiarias, en vista de permitir a los gobiernos retomar control de su economía en cuanto a su política macroeconómica. Esta idea resurge en 1992-1993, así como en 1994 cuando se cayó el peso mexicano.

2. Der Spiegel. Julio 1998.

3. Según L’Observateur de la OCDE, el Japón, Corea, Hungría y Finlandia tienen la tasa de suicidio la más alta del mundo. Ver Lutte contre le suicide. L’Observateur de l’OCDE, n°252, novembre 2005en http://www.observateurocde.org

4. Ver L'OMS souligne l'impact possible de la crise financière sur la condition mentale en fr.wikinews.org. Artículo del 9 de octubre del 2008.

 

 

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