Haga click aquí para volver a la
Pagina de Inicio

 

 

 

 Economía

La teoría del valor y el postmodernismo

Nuevas formas de reformismo


Por Cristian Gillen

 

 

La teoría del valor está siendo en la actualidad seriamente cuestionada. Ello, en gran medida, porque el análisis del valor se concentró principalmente en su aspecto cuantitativo. Engels, por ejemplo, se dedicó fundamentalmente a tratar el proceso de metamorfosis del valor en precio. Debido a ello, el valor se entendió sólo como una categoría económica. Sin embargo, el valor, que es la forma que expresa la esencia de las relaciones sociales, debe ser entendido en un marco más amplio de la lucha entre el capital y el trabajo, que se manifiesta fenoménicamente en la tasa y masa de ganancia. El haber circunscrito la teoría del valor a lo cuantificable hace que Gorz plantee que, al existir una crisis de la medida del valor, ésta pondría en cuestión las nociones centrales de éste como “plustrabajo” y “plusvalor”(1).

 

Esta “crisis” de la medida del valor, que, supuestamente, pondría en cuestionamiento su teoría, se debería a que el conocimiento sería la nueva fuente de riqueza, y que los conocimientos no podrían intercambiarse a su “valor”. El capital intelectual no obedecería a las leyes mercantiles del intercambio(2). Como se podrá apreciar, el valor se ve bajo la lógica de las fuerzas productivas y no de las relaciones sociales donde juegan un papel preponderante los aspectos cualitativos, por cuanto mediante el valor no sólo se reproducen las cosas, sino se crean valores morales y éticos que inciden en la formación del hombre, ya sea alienándolo o desalienándolo.

 

La teoría del valor centrada en el trabajo no es la única cuestionada, sino también lo es la liberal. Para Enzo Rullani, las concepciones marxistas y liberales del valor, no podrían dar cuenta del proceso de transformación de los conocimientos en valor, dado que el costo de producción del conocimiento sería incierto y muy diferente del costo de su reproducción. Por otro lado, se señala la imposibilidad de asociar la inmaterialidad de los conocimientos con la materialidad de las mercancías. Lo nuevo, en el capitalismo actual, sería entonces que los conocimientos no se incorpora-rían ni en el trabajo presente ni en las máquinas. Nos encontraríamos en una fase de transición de un régimen de reproducción a un régimen de innovación. Al no tener ningún soporte material los conocimientos, se estaría, según Antonella Corsani, colocando en la puerta falsa las teorías del valor tanto marxista como neoclásica(3).

 

Asimismo, se viene conceptualizando una teoría de la generación de la plusvalía fuera del proceso de producción inmediato sustentada en aspectos abstractos, tal como la ciencia en general. Negri considera que la ciencia, que sería la base de la riqueza, es independiente del tiempo de trabajo en ella empleado. Ya no se trataría de reducir el tiempo de trabajo a nivel de empresa, sino de disminuir el trabajo, en general, de la sociedad en su conjunto. Ello eliminaría todo elemento de cuantificación de la ley del valor, lo que la reduciría a una mera formalidad(4).

 

El trabajo inmaterial, en tanto capacidad productiva basada en la actividad de los sujetos, estaría haciendo surgir la sustancia del valor a partir de la red de cooperación a nivel de la ciudad. La metrópolis no detentaría sólo la memoria de las relaciones culturales y de información, sino que tendría la capacidad de reactivarlas y renovarlas.

 

El eliminar la vigencia de la teoría del valor les sirve a algunos representantes de esta nueva tendencia para justificar los procesos especulativos que desarrolla el Imperio. Thomas Stewart señala que la disociación entre el valor de los activos fijos, que se detallan en los libros de contabilidad, y el valor en bolsa, se debería al capital intelectual. Dentro de la misma perspectiva, Gorz señala que la elevación de los valores de las empresas muy por encima de sus valores reales, no debería considerarse como sobre-evaluaciones, porque los intangibles no tendrían valor evaluable. Estaría primando el valor simbólico, no medible, otorgado por la marca que sería superior a su valor utilitario y de cambio(5).

 

Varios representantes de la corriente autonomista, de la cual Negri es uno de sus principales representantes, están proponiendo una nueva teoría de la acumulación basada en la explotación de los conocimientos y de las nuevas informaciones. Por ejemplo, Marco Dantes plantea que la acumulación se fundamentaría en un proceso de transformación de la información. Para realizar el capital, la información subordinaría y dirigiría el ciclo de producción material a través del cual fijaría las bases físicas de la comunicación(6). En la misma línea de pensamiento está Bernard Paulse(7).

En esta nueva lógica de analizar el Imperio, donde lo inmaterial sería la base de la riqueza, se le otorga un papel central a la circulación, la cual se habría convertido en la fuente principal de creación de valor. Esto se debería a que, en la actualidad, existiría una relación estrecha entre producción y circulación que conduciría a replantear las condiciones de la valorización. La circulación tendería a devenir una condición inmanente de la forma productiva del capital. Ello los lleva a señalar que los consumidores se vienen transformando en co-productores.

El considerar el papel relevante de la circulación como una característica central del capitalismo actual, es no tomar en cuenta que ésta siempre desempeñó un rol significativo en el desarrollo del capitalismo. Es en la circulación donde se adquiere la fuerza y capacidad de trabajo para su posterior sometimiento en el proceso de trabajo, a fin de generar el plusvalor. Además, se tiene una concepción disociada del proceso de producción inmediato, donde proceso de trabajo y proceso de valorización son una unidad indisociable, y es la circulación la que posibilita esa articulación(8).

 

Hardt y Negri consideran que la riqueza se debería a lo que llaman la “producción biopolítica”, que sería la producción de la vida misma. En el ciberespacio, la biopolítica integraría lo imaginario y lo simbólico, que posibilitaría regular la vida social desde el interior. Por otro lado, el régimen salarial sería sustituido por un sistema monetario global y flexible, y la dominación estaría ejercida por los “networks” de comunicación.

 

Se estaría transitando de una forma tradicional de empresario a uno político, que tendría como misión principal la articulación de las energías productivas dispersas dentro del territorio. Este proceso de ensamble sería más político que técnico, sustentándose básicamente en lo social, y no en la potencia económica. La actividad empresarial estaría estrechamente relacionada a la actividad de las comunicaciones y a la producción de las subjetividades. Por otro lado, la empresa se habría convertido en un sistema de organización donde el tiempo y el espacio de producción le serían exteriores. La producción se fundamentaría principalmente en una red de actividades culturales y de información(9).

 

Para Negri y Lazzarato, la nueva realidad imperial no se desarrollaría de manera dialéctica. En las empresas postfordistas y en la sociedad productiva post-industrial, los sujetos se estarían constituyendo antes y de manera independiente de la actividad del empresario capitalista. Sería el trabajo el que cada vez más defina al capital y no al contrario. El proceso de producción de las subjetividades se construiría fuera de las relaciones con el capital. Esta nueva forma de producción de subjetividades lucharía contra la dominación capitalista de una manera no dialéctica, sino más bien como una alternativa real. Es decir que el trabajo inmaterial no tendría más necesidad del capital para existir, sino que estaría en condiciones de poder actuar libremente. Dentro de esta nueva situación, el concepto de revolución se debería modificar(10).

 

En este contexto de ambivalencias, con relación a la identificación de los procesos de explotación concretos, Hardt y Negri consideran que ninguna revolución podría emerger dentro de los espacios nacionales, por cuanto el capital operaría a través de “networks” de relaciones de dominación a nivel global, sin ningún centro trascendente de poder. Por último, en el marco de estas abstracciones que no posibilitan identificar en el espacio y el tiempo a los sujetos centrales de la lucha social para poder transformar el Imperio, concluyen que en esta última fase del capitalismo postmoderno, se generaría un mayor potencial revolucionario que en la época moderna, ya que no habría mediación entre la multitud en abstracto y el Imperio en abstracto(11).

 

El plantear, como Hardt y Negri, que la globalización haría imposible cualquier cambio radical a nivel nacional, es no comprender que los espacios nacionales regulados por los Estados son esenciales para la acumulación mundial(12). Es en esos espacios donde se producen las principales luchas sociales entre el Estado, el capital interno, y los trabaja-dores. Los procesos de ajuste estructural y de privatización impuestos por los organismos financieros internacionales, bajo el control del Imperio, se llevaron a cabo con la complicidad de los gobiernos nacionales y las clases económicas y políticas dominantes. Cumplieron la tarea impuesta por el Imperio para conciliar el proceso de valorización global con los que se generaban a nivel de los países. El Imperio necesita fragmentar las luchas para imponer su hegemonía. Este planteamiento de Hardt y Negri nos lleva a pensar que no han tomado en consideración que el proceso de explotación a nivel mundial se sustenta en gran medida en los Estados naciones. Además, contribuye a confundir a la clase trabajadora en su lucha contra el capital. La pelea debe darse fundamentalmente a nivel local y nacional, y complementarse con las luchas a nivel mundial.

 

Es evidente que Hardt y Negri exageran en extremo al considerar que el sistema monetario sustituiría al régimen salarial. Es indudable que el fracaso del keynesianismo en los inicios de los 70, debido a su incapacidad de regular el sistema de explotación capitalista, impulsó de manera progresiva y bajo formas distintas el monetarismo, lo que posibilitó ligar más estrechamente el dinero con el proceso de explotación. El reforzamiento de la vinculación entre estos dos aspectos sirvió para debilitar la organización de la clase trabajadora, que se generó en la fase keynesiana, lo cual permitió elevar las tasas de explotación y ganancia(13). Sin embargo, hay que ver lo anterior como una lucha permanente que se lleva a cabo dentro del proceso de producción inmediato donde siempre existe la negatividad. En estos momentos, surgen movimientos a nivel mundial que se oponen a la flexibilidad laboral generada por el neoliberalismo y el neoconservadurismo. Por otro lado, el mismo capital se esfuerza para evitar una gran rotación de mano de obra que atente contra la calidad de sus producciones, por cuanto la nueva competencia no está basada principalmente en la guerra de precios, sino en la calidad y en los servicios post-venta.

 

Como se puede apreciar, existe en Hardt y Negri una posición muy determinista que no toma en cuenta, en su verdadera dimensión, la capacidad de respuesta de los trabajadores en el mundo de la producción. Asimismo, desvinculan el mundo "macro” del “micro” al no asociar las políticas monetarias, que implementa el capital para reforzar su dominación con el control que ejerce en las empresas mediante nuevas formas remunerativas (participación de los trabajadores en las acciones, etc.), y nuevas modalidades de división del trabajo en el seno de las unidades productivas y entre éstas. En las unidades productivas, se pretende flexibilizar el proceso de trabajo, eliminando el taylorismo en algunos tipos de trabajo y manteniéndolo en otros, así como propiciando la articulación horizontal entre empresas.

 

Hardt y Negri niegan la dialéctica, por cuanto su concepción de desarrollo centrado en las fuerzas productivas los hace pensar que las nuevas técnicas de información y comunicación (NTIC), que serían la expresión de esa nueva fase de progreso, no entrarían en contradicción con las relaciones de dominación que se establecen en el ciberespacio, debido a que las relaciones sociales se sustentarían en la cooperación vía los “networks” (redes en el ciberespacio). Primero, hay que señalar que nunca en el capitalismo existieron contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales. Eso no quiere decir que en ciertos momentos del desarrollo histórico no hubiera conflictos, pero que en ningún momento ello puso en juego el sistema capitalista como lo pensaron los teóricos ortodoxos del marxismo. Por eso, algunos teóricos del marxismo, como Adorno, analizaron el desarrollo capitalista en el marco de las relaciones entre el trabajo pasado y trabajo presente como expresiones de relaciones sociales que se produjeron en momentos distintos, por lo que hace que los trabajos anteriores sean vistos como muertos y los actuales como vivos. Como se podrá desprender de lo anterior, es imposible que las relaciones sociales capitalistas, y no neutras, que se generan en distintos momentos, entren en contradicción para poner en juego su vigencia como tales. Sólo el determinismo tecnológico puede concebir la existencia de un proceso de índole catastrofista liderado por las fuerzas productivas, que se liberarían de las relaciones sociales capitalistas, que no les permiten desarrollar todas sus potencialidades(14).

 

 

Notas de pie

 

Gorz. L’immatériel. Galilée. Paris. 2003.

2 Gorz; Op. cit. Rifkin. L’âge de l’accès. La Découverte. Paris. 2000

3 Antonella Corsani. Eléments d’une rupture: l’hypothèse du capitalisme cognitif en C. Azais, A. Corsani, P. Dieuaide (eds). Vers un capitalisme cognifif. L’harmattan. Paris. 2001.

4 Antonio Negri. Marx más allá de Marx. Ediciones Akal. Madrid. 2001.

5 Gorz. Op. cit.

6 Marcos Dantes. L’information et le travail: la valorisation et l’accumulation dans le cycle de la communication productive (eds) “vers un capitalisme cognitif”. Op.cit.

7 Bernard Paulse. Le capitalisme cognitif. Un nouveau programme de recherche  (eds) “Vers un capitalisme cognitif”. Op. cit.

8 Para mayor detalle, ver Cristian Gillen El primado de las fuerzas productivas y el socialismo. Editorial Horizonte, Lima. 1986y Cristian Gillen La organización social de la producción como dinámica del desarrollo. Editorial Horizonte. Lima. 2001.

9 A. Corsani, M. Lazzarato, A. Negri. Le bassin de travail immatériel (BTI) dans la métropole parisienne. Editions l’Harmattan. 1996.

10 Lazzarato, Negri. Travail immatériel et subjectivité.

11 Michael Hardt, Antonio Negri. Empire. Harvard University Press. Cambridge. Massachusetts. 2000

12 Ellen Meiksins Wood. Empire of Capital .Verso. London. 2003.

13 W. Bonefeld an J. Holloway. Global capital, National State and the politics of money. Mac Millan Press, London. 1995.

14 Cristian Gillen. El primado de la fuerzas productivas y el socialismo. Op. cit.

 

Bibliografía

 

Gorz. L’immatériel. Galilée. Paris. 2003.

Rifkin. L’âge de l’accès. La Découverte. Paris. 2000

Antonella Corsani. Eléments d’une rupture: l’hypothèse du capitalisme cognitif en C. Azais, A. Corsani, P. Dieuaide (eds). Vers un capitalisme cognifif. L’harmattan. Paris. 2001.

Cristian Gillen El primado de las fuerzas productivas y el socialismo. Editorial Horizonte, Lima. 1986.

Gillen La organización social de la producción como dinámica del desarrollo. Editorial Horizonte. Lima. 2001.

A. Corsani, M. Lazzarato, A. Negri. Le bassin de travail immatériel (BTI) dans la métropole parisienne. Editions l’Harmattan. 1996.

Michael Hardt, Antonio Negri. Empire. Harvard University Press. Cambridge. Massachusetts. 2000.

Lazzarato, Negri. Travail immatériel et subjectivité.

Ellen Meiksins Wood. Empire of Capital .Verso. London. 2003.

W. Bonefeld an J. Holloway. Global capital, National State and the politics of money. Mac Millan Press, London. 1995.

 

Haga click aquí para volver a la
Pagina de Inicio

Escribanos a: hacialaemancipacion@yahoo.com